Cuatro.

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La pequeña Meg se deslizó con cuidado y sin hacer ruido por los pasillos de la academia hasta llegar a la habitación de Erik. Giró con cuidado la perilla de la puerta y se introdujo con la misma delicadeza con que había recorrido aquel enorme santuario de la música. Dentro de aquella habitación estaba su madre: la señora Giry, tomando con delicadeza la mano del ya no tan joven Erik.

-Han pasado dos días desde que hablé con ella, ni siquiera ha respondido a mi invitación del baile que se efectuará esta noche.

Meg escuchó atentamente a Erik, se veía realmente mal. Destrozado, perdido. Tan vulnerable. Sintió pena y tristeza por el.

-Debe comprenderla -sugirió Meg-. Esta tan confundida como usted.

-Es cierto lo que dijo, me aborrecerá igual que aquella vez.

-¿Quién ha dicho semejante cosa? -preguntó enfadada la señora Giry.

-¡Raoul de Chagny! -respondió Erik.

-¿Raoul? -preguntó Meg sin creer.

-Resulta que es el único descendiente directo del verdadero Raoul -le explicó Meg-. Y me odia con todo su ser.

-¿Eso quiere decir que el no es como nosotros? -preguntó Meg.

-Me temo que no, ni el ni Christine -respondió Erik.

-Pensé que el era bueno -susurró Meg cruzándose de brazos.

Meg se paseó pensativa por la habitación. Su madre permanecía en silencio, aunque supo reconocer en su rostro que ella también formulaba alguna idea.

-Si el muere, tu vives -murmuró de pronto Meg.

Erik asintió.

-Pero si ella decide quedarse con el, vivirás de igual forma. Condenado a verle el resto de tus días -continuó- Déjale, Erik. Aléjate de ella, se feliz.

-La amo, Meg. No puedo hacerlo.

-Ella no es Christine -le recordó.

-He renacido para que ella pueda salvarme -dijo Erik levantándose de la cama-. Y si ella decide abandonarme igual que la Daaé, estaré convencido de que la vida es realmente cruel.

-Erik... -lo llamó Giry.

-Y hasta que ella diga que no me ama yo no desistiré.

Madre e hija lo vieron salir por la puerta decidido a quien sabe que. Meg se sentó a un lado de su madre en la cama.

-Erik tiene que alejarse de ella -susurró Meg.

-Déjalo que sufra las consecuencias. Igual que la última vez.

-Christine nunca supo corresponderle, estaba aterrada.

-Esta chica no es la misma Christine, ya veremos que pasa.

-Las consecuencias no deben ser malas, ¿cierto? -preguntó esperanzada Meg.

La señora Giry sonrió ampliamente.

* * *

El baile ya había comenzado en el salón de la academia, Erik se había vestido de gala y antes de salir de la habitación tomó una rosa roja con un listón negro atado en el tallo.

Tocó dos veces la puerta de Christine.

Cuando la puerta se abrió, Erik juraría haber visto a un verdadero ángel. El vestido azul cielo, los rizos apenas contenidos en una media coleta y el perfume de Christine le hizo entre abrir los labios ante tanta belleza.

A time for us/The Phantom Of The Opera.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora