Tais Nye: Otro atentado

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Regresar al albergue esta vez resultó alegrar mucho más a Tais de lo normal. La casa que había habilitado para refugiar a casi 30 niñas abandonadas no tenía todos los lujos que uno podría imaginar, pero era más que suficiente para ella y para las niñas.

El barrio en el que estaba ubicada era uno marginal. Ahí no había agentes del orden. A Tais le permitía sentirse liberada en un lugar como ése. Lejos de la influencia de su padre y de lo que él representaba. Ahora que Wimmer estaba muerto surgía la duda de si valía la pena seguir con su vida ahí. La respuesta era que sí, que por su puesto. Solamente en un lugar como ése podía surgir por su cuenta y estar segura de que sus logros eran suyos. Que Thera o Cade o Silo o su madre no estaban detrás de lo que estaba generando.

La casa que había levantado con apoyo de distintas partes y en cuya construcción incluso ella había participado era un santuario para Tais. Y se sentía afortunada de poder vivir en ese santuario. Con todos los problemas económicos y sociales, era preferible a la alternativa.

"¿Qué tal te fue?", le preguntó Cersa.

Tais había entrado a la cocina y había abierto el refrigerador sin darse cuenta de que en la esquina estaba sentada Cersa Gaman, la mayor de las niñas rescatadas. En realidad ya era mayor de edad, así que le correspondía irse a vivir a otra parte. Después de todo, varios de los apoyos financieros que recibía Tais para mantener el albergue a flote especificaban que el dinero era para niñas.  O sea, para menores de edad. Que mantengan a Cersa ahí era una violación de ese acuerdo.

No obstante, Tais no consideraba justo botarla. Cersa no tenía a donde ir. No tenía familia. El único trabajo que pudo conseguir no le alcanzaba para vivir decentemente. Así que pensaron en una opción. La mantuvieron en la casa, pero con otro nombre y la inscribieron como asistente personal de Tais. Incluso le asignaron un salario. No muy grande, pero lo suficiente como para que comenzara a ahorrar. De todas maneras los gastos de mantención ya estaban cubiertos.

Al final de un día como ése, Cersa era la única con la que Tais podía conversar abiertamente. La única que realmente la comprendía. Habían pasado por mucho juntas. Cersa había visto cómo Tais se había sacrificado por el albergue, todo lo que había hecho por ellas. De lejos Cersa era su fan número uno.

"Terrible", Tais se sirvió un vaso de agua helada y se lo tomó de un solo sorbo. Estaba sedienta. "Mi madre sigue en el hospital. Mi hermana no tiene idea de las circunstancias en las que falleció mi padre. Y las autoridades ni han comenzado a investigar el atentado en el parque. En conclusión, estamos en la oscuridad total"

"Quizás sea un error confiar en ellos", comentó ella. Cersa estaba cenando. No era extraño que ella cenara tan tarde. Lo normal era que se quedara hasta tarde ayudando a Tais a acostar a las demás y haciendo cuentas. "Tú siempre dices que no debemos esperar que otros hagan las cosas. Que debemos tomar las riendas nosotros mismos. ¿No deberíamos hacer lo mismo con esto?"

"Sí, bueno", Tais se sentó junto a la muchacha. "Si me interesara te diría que sí. Pero sinceramente no me importan las circunstancias en las que murió mi padre. Se murió, punto. Algún día iba a pasar. Era capitán de crucero de la flota en tiempo de guerra. Algún día lo iban a reventar. El día que sucede no nos toca actuar como sorprendidos"

"Está bien. Eso con respecto a tu padre. ¿Pero y tu madre? ¿Y ese atentado? Eso sí es algo bastante extraño. ¿No deberíamos investigarlo?"

Tais tomó otro largo trago de agua. La verdad era que no se trataba de algo que le incumbiera. Ese atentado era parte de las intrigas y las riñas en las cuales estaban sus hermanos. Particularmente Thera. No era un juego que a Tais le interesara participar. Que ellos se maten. Tais estaba tranquila aquí con sus niñas y su trabajo.

Puso el vaso vacío sobre la mesa y le sonrió a Cersa. Luego negó con la cabeza.

"Tenemos cosas más importantes en qué pensar", dijo. "El filtro en el tanque de agua está fallando. Las más pequeñas se han estado quejando"

"Oh, no", Cersa le sonrió de vuelta a Tais. "No tenemos dinero para comprar un filtro nuevo. Ojalá lo podamos arreglar nosotros mismos"

"Estoy segura de que podremos conseguir ayuda de alguien", Tais se recostó en la silla y se relajó. Ésta era la vida para la cual estaba destinada. Sin espías, sin violencia, sin explosiones. Problemas del día a día siendo solucionados uno a la vez. "Será mejor que mañana..."

De pronto las dos escucharon que la puerta trasera se abría. Las visagras estaban oxidadas, así que hacían un ruido bastante reconocible. Tais y Cersa se pararon de un salto de la mesa, pero ninguna de las dos dijo nada.

Tres personas entraron. Las tres estaban vestidas completamente de negro y llevaban aparatos encima: En los cascos, en sus visores, en sus armas... Estos tipos venían a hacer daño y Tais los reconocía bastante bien. Por como se movían podía deducir que tenían entrenamiento militar. Lo que no podía identificar era a qué ejército pertenecían.

Tais le indicó a Cersa que se esconda. Esperó a que saliese del lugar para ella exponerse con las manos en alto.

"No necesitan hacerle daño a nadie. Me quieren a mí", dijo en voz alta. Los tres comandos apuntaron sus armas de inmediato a Tais, pero no dispararon.

"Manos sobre la cabeza", dijo uno de ellos con una voz monótona y metálica. Tais ya las tenía sobre la cabeza, así que no hizo nada al respecto.

"¿Quiénes son? ¿Qué es lo que quieren?", preguntó Tais con su mirada fija en los tres comandos. Ya sabía que tenían entrenamiento militar, por lo que deducía además que no estarían solos. Seguramente tenían apoyo adicional. Quizás un francotirador a una distancia prudente. O quizás un par de comandos en el exterior de la casa. "Si me quieren a mí, llévenme y dejen a los demás tranquilos"

Uno de los tres avanzó con paso indeciso hacia Tais. En todo momento la estaba apuntando con una especie de rifle delgado. Ella nunca había visto algo así antes.

De pronto, alguien tocó el timbre.

Los tres comandos apuntaron a la puerta principal instintivamente. Tais aprovechó eso para saltar a un lado. Esperaba que en la oscuridad eso le pudiera ganar unos segundos. Y entonces escuchó la voz de su amigo Elio Prian, el agente del orden.

"Hola", llamó desde afuera. "Vengo a ver a Tais Nye. ¿Hola?"

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