La primera noche en la habitación de Blaine es sin lugar a dudas, extraña. El sabe lo que he estado haciendo con su hermano. Por supuesto que lo sabe. 

La primera vez tuve algo de miedo, dada la tendencia de Cooper a presumir de sus conquistas y sus actividades, pero para mi sorpresa se mantuvo excepcionalmente callado todo el tiempo, al menos sobre lo que al sexo entre nosotros respecta. Sin embargo, estoy seguro de que Blaine pudo oirnos más de una vez. Si el señor Anderson, quien apenas esta en la casa, lo hizo, Blaine tuvo que hacerlo.

Ambos nos miramos, uno desde cada lado de la cama, la cual sigue intacta veinte minutos después de haber entrado en la habitación. Finalmente da un fuerte suspiro y se sienta, aún con las ropas del día. -Mira Alec, yo no soy mi hermano. No voy a obligarte a acostarte conmigo solo porque técnicamente es lo que debemos hacer. Yo... no soy como él, tu lo sabes. Creo que lo sabes.

Si, por supuesto que lo se. No pueden ser mas diferentes pese a ser hermanos. Y supongo que ha sido estúpido de mi parte esperar otra reacción por parte de Blaine. -Además yo nunca... hubo una ocasión pero no llegamos a... nunca... - Sonrío levemente, enternecido por lo nervioso que está de pronto. 

-No te preocupes... lo entiendo. No tienes que darme explicaciones. - Yo no tuve tiempo, no tuve decisión, no quise pensar en mi primera vez, hace tan solo unas semanas. Pero para él es algo especial y quiera o no se encuentra en la misma encrucijada que yo. Aunque él no tenga que quedarse embarazado después.

-Tu me gustas, Alec... pero pensar que has estado con mi hermano de esa forma... -pone una mueca que me hace reír. No puedo evitarlo. -Cuando tu padre me dijo que me iba con Cooper no me lo podía creer. Si me hubiese dejado elegir... -Lo voy a decir pero no lo hago. No del todo al menos. De todas formas creo que es suficiente, pues sus cejas se elevan y su expresión cambia a una mezcla de sorpresa y alegría. No se si es del todo cierto... si me dejasen elegir probablemente solo elegiría ser libre. Sigo sin desear esto, sigo temiendo un embarazo mas que a nada. Sigo queriendo huir. Pero creo que en el fondo empiezo a aceptar que tarde o temprano me va a tocar asumirlo y hacerlo. Pasar por el aro.

-Creo que será mejor si dormimos... tenemos tiempo para hablar. - Asiento y me cambio de ropa, notando, tarde, que Blaine está muerto de vergüenza ahí mismo. -Joder... lo siento. La costumbre. 

-N-no. Esta bien. -Coge su ropa y se mete en el baño para cambiarse, con lo que no puedo evitar una leve risa interna. No había pensado en ello, estoy tan acostumbrado a cambiarme delante de Cooper que no he caído en que Blaine es tan...Blaine.

Tarda en salir un rato, así que solo cojo el libro de mi mesilla y me meto en la cama, enfrascandome en la lectura tanto que no me doy cuenta de cuando sale del baño hasta que el colchón se hunde a mi lado. -Si te incomodo puedo dormir en el sofá... no me importa. -Aunque si me importa. Por costoso y cómodo que sea el sofá, no deja de ser un sofá de dos plazas hecho para pasar el rato, no para dormir por las noches. 

-No, no... para nada. La cama es suficientemente grande para los dos. - Asiento y marco la página en el libro, cerrándolo para dejarlo en la mesita de noche. 

-Buenas noches, Blaine.

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Los días pasan mas tranquilos de lo que imaginaba en un primer momento. Cooper pasa un tiempo desaparecido, según Blaine su padre lo ha llevado con él a un viaje de negocios para que vaya poniendose el traje y ocupe su lugar, pero ambos coincidimos en creer que lo hace para que nos de un espacio. 

Tras la primera semana estamos completamente solos. Blaine da una semana libre a los tres hombres que se ocupan del servicio (uno para cocina, uno para el hogar en general y otro para los jardines) y aprovechamos ese tiempo para conocernos mejor, sin tener que preocuparnos de nadie alrededor vigilando nuestros pasos. 

Esa semana me permite conocer mejor al pequeño de los Anderson. Sí, creía que era tímido y apasionado, pero en su interior no es mas que una bomba de alegría, motivación y positividad que contagia solo con acercarse. Todo lo que hace tiene un por qué, y no hay nada imposible para él. Si se le ocurre algo, simplemente tiene que hacerlo. Intentarlo por lo menos. Así es como aprendo que tiene varias obras de teatro musical escritas, ya que las existentes están escritas para ser interpretadas por hombres y mujeres. Hasta ahora han seguido representándose con hombres ocupando el lugar de las mujeres, pero por supuesto las canciones no pueden ser lo mismo. No a menos que se utilicen contratenores, y no es que hayan abundado nunca. 

Sueña con no solo llevarlas a escena, sino formar parte de las obras. Actuar, dirigir, tocar, componer... todas sus aspiraciones giran alrededor del teatro. Del escenario y de las obras. La idea de amor romántico de los musicales. La idea de familia, de unidad, de destino... Algo así como lo que yo aprendí a amar de los libros. La fantasía de que uno puede vivir su propio destino. Que hay alguien, ahí fuera, hecho para cada uno de nosotros. Alguien que, busquemos o no, acabará apareciendo cuando menos te lo esperes. Alguien que pondrá tu vida cabeza abajo, tu mundo entero del revés. Como he dicho, una fantasía.

Cuando Blaine empieza a hablar es imposible detenerlo. No solo porque sea un entusiasta, sino porque te contagia con su voz, con la emoción con la que impregna cada palabra. Pienso que si su ambición hubiese sido la política podría haber llegado a presidente. Podría decirme que las cabras pueden volar y sin duda lo creería. Es el típico tipo que puede venderte un paraguas con agujeros. Pero no lo hará. Porque es Blaine Anderson y es sin duda demasiado honesto. Demasiado bueno.

Una semana y media mas tarde, cuando los dos Anderson vuelven a casa Blaine y yo intentamos que no influya en la pequeña rutina que hemos creado. Salir a correr por las mañanas, juntos. Mas tarde yo voy al gimnasio y él se dedica a escribir o a estudiar, dependiendo del día. Tras una ducha y haber comido algo, la sala de música es nuestro refugio. He vuelto a aficionarme al violín, descubriendo que me relaja de forma similar al arco, pero además me permite expresarme, aunque Blaine se ha vuelto bastante bueno leyéndome a través de la música.

Mas tarde pasamos a su habitación o al jardín, leyendo un poco o simplemente hablando. Sabía que Blaine era una persona que podía llegar a gustarme, pero no esperaba llegar a sentir algo por él. Algo real. Sin embargo, creo que lo hago. Y es por eso que muchas de nuestras charlas, entrenamientos o sesiones de música acaban con nosotros uno encima del otro, nuestros labios unos contra otros, nuestras ropas manteniéndose en sus lugares por el momento. 

Es una de esas veces, ambos sentados en el césped del jardín con los labios rojos e hinchados, cuando veo de reojo a Cooper mirándonos desde el balcón de su habitación, volviéndose hacia el interior en cuanto se ve descubierto. Los cálidos labios de Blaine en mi cuello pronto me hacen olvidarlo, centrándome en morder suavemente esos labios mientras mi lengua danza con la del joven bajo mi cuerpo.

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