LIBRO 2: Capítulo 19 "Separación"

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—No. Sam no. Se ha muerto mi padre, tengo que volver a Estados Unidos. Tú puedes quedarte aquí y seguir haciendo tu vida. En cuanto a lo que has hecho, no me voy a enfadar, no vale la pena —se vuelve a callar, parece que está pensando muy bien lo que decir—. Tranquilo, tu amiga podrá volver a mi discográfica, sea como sea sigue siendo un buen negocio. En cuanto a nosotros creo que lo mejor que nos puede pasar es darnos un tiempo. En estos momentos no puedo estar contigo. Me es difícil seguir aquí en estos momentos. Adiós Sam.

No pude controlar el que me cayese una lágrima, intenté agarrarlo del brazo pero me evitó para salir. Quería salir, cogerlo y rogar que me perdonase. Habíamos sido felices estos días en París, pero por dentro sabía que no tenía caso el que lo hiciese. Tenía que enfrentar que el error había sido mío y la había cagado totalmente.

—Sam, ¿qué quieres hacer? ¿Te quedarás aquí? —la voz de Harold me saca del trance en el que estoy. Rápidamente me seco mis lágrimas con la camisa que llevo puesta para girarme a verlo.

—Eh... no, no quiero estar solo. Llévame al Hotel Sheraton, por favor.

El camino hacia el hotel se me hace interminable, Harold está decepcionado, enfadado y muy seco conmigo. No me extraña, la culpa de todo ha sido mía.

Aún así no puedo evitar pensar en RiRi, espero que esté contenta con su vuelta a la discográfica, seguramente ahora podrá recuperar su vida otra vez. Era una ironía de la vida que solo quisiese volver para poder finalizar su contrato de manera correcta y así quedarse con su fortuna, que le había quitado Chad al romper su relación con el sello discográfico.

-Sam, ya estamos –me saca de mis pensamientos Harold-. Por tus cosas no te preocupes, me envías un mensaje con la dirección a la que quieres que te lleguen y listo. No hace falta que contactes con Chad.

-Está bien... -suspiro-. Harold, dile a Chad de mi parte que...

-No voy a hacer de intermediario. Es absurdo, por favor, bájate –contesta tajante.

-Lo siento –digo sintiéndome realmente triste, antes de bajarme del coche-. Adiós Harold.

Al entrar en el hotel, diviso a Christian en el hall, camino rápidamente hasta abrazarle por detrás, él simplemente se vuelve y me devuelve el gesto. Lo necesito.

-Vamos a la habitación, Sam, aquí podría captarnos cualquier paparazzi.

*** *** ***

-Chad, todo está atado para cuando aterricemos en Estados Unidos. Llegaremos e iremos directo al funeral de papá, no nos cruzaremos con la prensa –dice la rubia mientras toma una copa de champán.

-Bien, ¿Max lo ha hecho bien este tiempo? –pregunta notablemente cansado, sentándose en uno de los asientos del jet privado.

-Sí bueno, ya sabes cómo es Max. Arriesga mucho, pero le han salido bien todas las jugadas que ha hecho con tus empresas así que no tienes de qué preocuparte. ¿Qué harás con el chico? Te ha causado muchos problemas, es la primera vez que veo que alguien juega contigo.

-No me lo recuerdes –suspira-. Estará vigilado, solamente necesito alejarme de él.

-Me parece genial, pero ahora mismo no es un buen movimiento. Darle una independencia de tal manera, lo deja libre para hacer cualquier cosa, incluida alguna cosa que te pueda involucrar a ti. Creo que ninguno queremos que acabe en un programa de prensa rosa contando tus intimidades, tienes mucho que esconder, Chad –contesta tajante la rubia-. Como tu directora de imagen, te recomiendo que intentes atarlo de alguna manera, aunque sea económicamente.

-Necesito pensar, Amanda.

*** *** ***

El abrazo de Alexander me reconforta un poco, pero no me hace salir de la realidad que estoy viviendo. Los veo juntos y me produce un poco en envidia, aunque Christian me dijo que no tenían nada, no sé si creérmelo.

-¿Entonces el plan es volver a Estados Unidos? –pregunta Alexander mientras enciende un cigarrillo.

-¡Claro que sí! Sam no puede quedarse aquí, ¿Qué va a hacer solo? Tiene que venirse con nosotros.

-Christian, no hace falta que hables como si fuese un niño pequeño –bufo-. Pero sí, la verdad es que Francia no me puede dar más, creo que he hecho todo y más de lo que tenía que hacer aquí. Intentaré seguir mis estudios en Nueva York, y trabajar de lo que pueda.

-Yo podría darte trabajo –dice Alexander mientras da una calada.

-No, no... la verdad es que hacer de modelo no es lo mío, muchas gracias, de verdad, pero no creo que sea buena idea seguir exponiéndome.

-Digo como fotógrafo –sonríe-. No te voy a negar que comenzarías con reportajes para principiantes, pero poco a poco podrías ir subiendo.

No puedo creer lo que estoy oyendo, poder trabajar como fotógrafo de manera estable y poder vivir de ello ha sido mi sueño desde que salí por la puerta de mi casa. Se me nubla la vista e intento aclarármela rápidamente con mis brazos.

-Ay Sam... -me abraza Christian-. No llores.

No puedo creer que haya tenido que perder al hombre de mi vida para poder conseguir lo que realmente quería desde un principio, y no puedo evitar el pensar si ha valido la pena todo lo que he hecho para esto.

-Muchísimas gracias Alexander, de verdad... haré lo que sea para no decepcionarte.

-Ahora tenemos que planear el vuelo para volver, a Christian le quedan un par de sesiones en Francia y después ya estaría todo listo para regresar. Te puedes quedar aquí hasta que nos vayamos, ¿te parece? –pregunta Alexander mientras tira un poco de ceniza.

-Sí claro, lo que haga falta –respondo.

Me tumbo en la gran cama de dos plazas y media que hay en la habitación y sin quererlo, voy cerrando mis ojos poco a poco.

*** Aeropuerto de Nueva York ***

-Hey hermano, que gusto volver a verte –dice un castaño, abrazando a Chad-. Ya me he enterado del numerito en esos premios de música.

-Igualmente Max, no hacía falta que te acercaras hasta la pista de aterrizaje.

-Vamos directamente hacia el funeral del viejo y después nos vamos a descansar, ¿te parece?

-Ay por favor Max no seas maleducado –interrumpe una rubia, bajando las escaleras del avión.

-El día acompaña para el funeral, desde luego –dice Chad.

-Y bien, hermanito ¿has pensado en qué harás con el niño ese que te trae perdido? –pregunta Max mientras abre la puerta de la limusina para que entren sus hermanos.

-Sí, créeme que sí. 

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