Capítulo 6.

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Al despertar a la mañana siguiente, la sorprendió un día lo bastante feo como para desear quedarse durmiendo. Y la noche anterior se había acostado tarde, cosa que también ayudaba a reforzar esa idea.

Pero dormir hasta el mediodía no era algo propio de Emmeline. Para ella, eso era holgazanear, desperdiciar tiempo valioso. ¡Con tantas cosas que había para hacer en la vida!

Entonces saltó de la cama.

¿Dónde estaban Kat y Jen cuando las necesitaba?

Buscó un vestido sencillo, y se lo colocó sola, y tomó el peine para acomodar un poco su cabello. Se ocuparía de arreglarse mejor luego de desayunar y encontrar a alguien que le subiera agua caliente para tomar un baño.

Bajó con sigilo la escalera para constatar que no hubiese nadie extraño en la casa, de otra forma, se vería obligada a regresar y vestirse más apropiadamente.

—Buenos días —murmuró cuando entró al comedor para ver a los tres ya desayunando.

—¡Emmie! —Saludó Beth con alegría—, creímos que ibas a dormir esta mañana, les encargué a Jen y Kat que no te molestaran.

—No lo hicieron, pero yo no puedo quedarme en la cama toda la mañana.

Sebastian y Beth se sonrieron entre sí, pensando al mismo tiempo que debieron de haberlo imaginado.

—¿Lo has pasado bien anoche? —Preguntó él, de pie a la espera que ella hiciera lo mismo—. ¿Fue una velada agradable?

—Mmm, algo así. —No quería decepcionarlos.

Tomó asiento en su autodenominado lugar y miró a Joseph que al igual que Sebastian estaba regresando a su sitio, esperaba un poco más de él esa mañana. Habían compartido un viaje y una charla animada, eso debería de haber supuesto un cambio en su actitud.

—Buenos días, Joseph —repitió para llamar su atención. Era increíble lo rápido que podía concentrarse en leer el diario. O fingir hacerlo.

—Buenos días, Emmeline —dijo bajando el papel de sus ojos—. ¿Cómo te encuentras esta mañana? ¿Un poco más tranquila, quizá?

Ella sonrió.

Bien, al menos se había interesado por saber cómo estaba.

Podía anotar eso como su victoria del día.

—Algo así. —Se encogió de hombros—. ¿Y tú? ¿Todavía no te ha llegado ninguna queja formal por escrito de parte de esa horrible familia?

Beth se ahogó con la comida.

—Queja formal por escrito—repitió llena de horror.

—Nada de qué preocuparse, hermana —aseguró Joseph—. Anoche tuvimos un... pequeño altercado con Portia Davenport, pero nada más. Algo que habías predicho si mal no recuerdo.

Ella suspiró aliviada. Sebastian miró a Emmeline con admiración.

—¿Qué fue lo que hiciste? Esa jovencita es la representación de la grosería mal disimulada. Tanto tiempo y dinero, desperdiciados en una educación inexistente, es una pena.

Emmie volvió a recostarse en su silla y comenzó a relatarles su noche para pesar de Joseph, que después de media hora sin que ella se detuviera ni un segundo, ni siquiera por las risas de Beth y Sebastian, se sentía un poco fatigado.

¿No necesitaba respirar?

Su cabeza estaba a punto de explotar.

Si tan solo hubiese tenido una buena noche lo toleraría un poco mejor.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!