☣ Capítulo 4 ☣

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Seth Argall

Bien, admito que esta no había sido mi mejor idea, pero ¿qué más podía hacer? La sentencia de muerte sobre la fierecilla estaba hecha, ¡todo por culpa de mi gran boca! Para mi buena suerte, había logrado calmar a mis amigos. Con ayuda del Alfa de la manada logré que Rodrigo y los chicos no se fueran sobre ella todavía, a pesar de eso la sentencia estaba dada.

Todos querían ver a Victoria muerta.

¿Cómo pudo ella enterarse de lo que soy? No tenía sentido, la fierecilla es una chica normal, sólo una humana más. ¿Cómo supo que mi cuerpo y alma pertenecían al infierno? No era algo que tuviera sentido, pero yo me encargaría de averiguarlo. Yo sabría quién era realmente Victoria Onisse.

Fue fácil encontrar su dirección y su cuenta en la red social, lo más difícil fue esperar a que viera mi mensaje. Ella atendería, ¿verdad?

– ¿Qué estás haciendo aquí? –escuché su voz al otro lado de la puerta de su casa, pero ella no abrió.

–Necesito decirte algo, pero para eso necesito que abras esa puerta. –le contesté con obviedad. La paciencia era una de mis mejores virtudes, pero tampoco era bueno que me llevaran al límite.

–Puedes decirlo con la puerta cerrada. Te escucho muy bien. –un tic apareció en mi ojo. Esta chiquilla me sacará de quicio muy pronto. Yo venía a tratar de ayudarla ¿y ella no podía tener la amabilidad de abrir la puerta?

–Abre o no te diré nada. –

–Entonces adiós. –escuché como sus pasos se alejaban de la puerta. ¡Diablos!

– ¡Espera! Bien, bien, te lo diré así. –guardé silencio para comprobar que ella seguía allí. En este momento serviría mucho tener el oído de un lobo, bufé fastidiado.

–Adelante. –al menos tenía su atención. Ya es un buen avance.

–Bueno, como te dije en la escuela debes tener cuidado. Cuidarte la espalda. –no me gustaba el silencio del otro lado, no sabía si ella escuchaba o no –Y bueno, los chicos... ellos... ¡Esto es ridículo! ¡Abre la maldita puerta o la derribo! –grité perdiendo la paciencia. ¿Por qué me molesto en prevenirla si ella ni siquiera quiere ayuda?

– ¡Vete, demonio! ¡Lárgate de aquí! –gritó espantada. Está bien, admito que es mi culpa que tenga miedo luego de una amenaza como esa, pero que me haya dicho "demonio" aumentó el miedo y la ira en mí.

–Abre la puerta o la tumbaré. –amenacé colérico.

–Llamaré a la policía. –sentenció y con esa simple frase regresé a mis cabales.

–Está bien, fierecilla, lo siento. ¡Pero si no abres la puerta no podré prevenirte! Eres una molestia, pero no mereces lo que te quieren hacer. –silencio, no escuchaba absolutamente nada del otro lado lo cual me fastidio nuevamente. Cuando giré para irme escuché como la puerta se abría y como su cabeza se asomaba ligeramente.

Pecar para amar¡Lee esta historia GRATIS!