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Todo volvió a la normalidad en Ledbury Hall. Emma, continuó con las clases. Adrien, distante y metido en sus asuntos. Y Brendan, inventado viajes a la ciudad para evitar a Emma. El otoño avanzaba a pasos agigantados y la reconstrucción del invernadero también. Parecía que todo lo malo había quedado atrás, pero sabía que tarde o temprano, Brendan, le pediría cuentas por lo que había sucedido.

Emma y Olive, comenzaron a escribirse con frecuencia; ahora que las hermanas se habían reencontrado, no querían perder el contacto. Por su parte, Laurie a veces le enviaba unas notitas a Ross, junto a la carta de su madre. Cuando Ross, recibía estas breves misivas, se sonrojaba hasta las orejas y se escabullía en su cuarto a leer con tranquilidad.

-¡Emma, ya pasaron dos meses! -bajó exclamando un día, Ross, luego de leer la carta de Laurie-. Ya podemos ir por los perritos. ¡Vamos, Emma, vamos!

-¿Ya lo hablaron con su padre?

-¡Eh, no! Mejor esperamos a que regrese tío Brendan.

-Sí, es lo mejor.

***

Adrien andaba flotando en una nube de amor cada vez que recibía una carta de Lili. Él ya había declarado abiertamente su interés, y ella no lo había rechazado, sino que cada vez que podía lo instaba a visitarla. Así que por parte de él ya estaba decidido: se iría con los niños a Sajonia a pasar las fiestas de fin de año con ella y la tía.

Esa mañana miró el calendario; faltaban exactamente dos meses para Navidad, y el invernadero aún no estaba terminado.

Luego de meditar un rato, llamó a Lucy para que fuera a buscar a sus hijos. Ellos aparecieron a los pocos minutos, y venían con la intención de hablar de los perritos, pero Adrien no les permitió hablar ya que tomó primero la palabra.

-Faltan dos meses para Navidad, y como les dije cuando regresé, tengo la intención de llevarlos a Sajonia pero hay un problema: el invernadero no está terminado. Hoy me acompañarán a verlo, y me ayudarán a presionar a los trabajadores, ¿qué opinan?

-Papá, queremos ir por los perritos a casa de la tía Olive -dijo Jason, sin hacer caso de lo que su padre decía.

-¡Jason, estamos hablando del invernadero, de la Navidad, y de Sajonia, no de cachorros!

-¡Yo sí! -repuso el niño, testarudo.

-¿Cómo vamos a resolver este dilema, entonces Jason?

-Tengo la solución -dijo Ross, con aire de superioridad.

-¿Y cuál sería? -le preguntó Adrien, dismulando una sonrisa, porque a tan corta edad, Ross ya demostraba que era capaz de resolver conflictos.

-Que iremos a Sajonia contigo si nos dejas ir por los cachorros a East Yorkshire*.

-No tengo tiempo para ir al este.

-Iremos con Emma -anunció Jason.

-Y con tío Brendan -añadió Ross.

-Así que lo tienen todo pensado.

-No, se me acaba de ocurrir.

-¡Chico listo! Si ya lo tienen resuelto, ahora vayan por Emma. Díganle que lleve una cesta para que merendemos en el campo... Solo una cosa, han de ser responsables con los cachorros, son seres vivos y no juguetes como los soldaditos de plomo que les trae su tío. Un animal, tiene necesidades igual que ustedes: comer, beber, dormir, jugar...

-Sí papá, lo prometemos.

Treinta minutos después, estaban los cuatro instalados en un carruaje liviano, rumbo al invernadero.

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