• 2| Tranquilidad efímera

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Abrió sus ojos con lentitud debido al cansancio

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Abrió sus ojos con lentitud debido al cansancio. Un rayo de sol directo lo obligó a cerrarlos de manera automática. No podía creer la pesadez que tenía su cuerpo, una que hacía bastante no sentía.

Sin embargo todas sus molestias fueron dejadas de lado cuando Popee fijó su vista en el ambiente en el que ahora estaba.

«¿Acaso ahora todas las mañanas despertaré en lugares diferentes?» pensó desorientado sin quitar la vista de las pequeñas casas que lo rodeaban. Pasar de estar en un desierto desconocido y desolado a uno repleto de viviendas era un cambio demasiado drástico. Cualquiera sabría que todo un diminuto barrio no sería capaz de construirse en menos de un día.

La situación era extraña en todos sus aspectos.

Decidió por fin levantarse, esta vez a examinar con más detenimiento el lugar. Más su acción fue impedida por una leve fuerza que sostenía su brazo, no se había percatado que Kedamono estaba acurrucado mientras dormitaba. A Popee le asombró la acción de su compañero pero a la vez le resultó bastante tierna, tenía desconocimiento de cuánto tiempo estuvo de tal forma pero dedujo que fue excesivo al sentir el calambre recorrer por su brazo.

—¡Oye, quítate! —Desvaneció la completa tranquilidad que por fin había entre ellos.

—Um...—Refregó sus ojos por detrás de su máscara y observó somnoliento a su amigo.

Algo fuera de lo normal estaba sucediendo. Algo más que la repentina aparición de las casas.

—Espera, ¿por qué nunca lo hicimos antes? —Se cuestionó de repente el rubio, haciendo malinterpretar sus palabras al lobo.

—¿¡Q-qué cosas di-!? —Intentó reclamar, su máscara cambió a una con un tenue color rosa adornando la parte de sus mejillas; siendo interrumpido de inmediato como si de un invisible se tratara.

—Nuestras voces —Continuó colocando su mano en la garganta—, ¿siempre fuimos capaces de hablar?

El mensaje que trataba de expresarle a Kedamono por fin había sido comprendido. Nunca se preocuparon por intentar comunicarse a través de la voz, era ya tanto tiempo que tampoco recordaban si siquiera lo habían intentado en algún momento o simplemente nunca pudieron hacerlo, rindiéndose y dejando de lado el tema que tanto los sorprendió. Cabe aclarar que tampoco les hacía falta el habla, ellos estaban acostumbrados a sólo comprenderse con lenguaje mudo a pesar de su dificultad.

—Esto es raro —murmuró confuso Kedamono—, ¿y esas casas?

—No lo sé, ya estaban allí —aseguró encogiéndose de hombros— Pero qué más da.

—¿Algún día te preocuparas por algo que suceda a tu alrededor, Popee?

—Eso tampoco lo sé —respondió sin ningún interés—. Ahora vamos —Lo tomó de su patita y lo arrastró con él.

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