CONOCIENDO MI CORAZON

21 11 6

Llevo despierta desde las cuatro de la madrugada, recostada en mi cama de costada. Ya han pasado tres horas mirando la foto y viendo mi celular. Tengo muchos contactos de gente que no conozco, pero los historiales de mensajes vacíos. No me sorprende eso, yo los borraba siempre porque simplemente me molestaban. Y miro constante el número de Pet, mi gran amigo al parecer.
Aunque no me haya mandado ningún mensaje de porque no fui ayer, ¿será tan buen amigo? Me pregunto, tengo ganas de llamarlo pero no sé qué decir. Pienso en llamarlo, recuerdo una y otra vez esa tarde de amor, ¿porque digo amor? no lo fue, fue solo un error. Aunque en el fondo sonrío por lo sucedido, fue lindo. Sus cálidas caricias y besos por un momento me sentí amada, sentí su amor que tanto guardaba por mí. Sonrío al recordarlo tanto que quiero que me llame, pero después despierto de ese pensamiento tan ciego y me doy cuenta que es un error. No importa si me amo o no, porque yo amo a Chris. Me digo en voz alta—: deja de pensar tonterías. —Mientras tiro la foto al piso y me doy vuelta mirando al techo, ¿que estoy haciendo? Intento reflexionar.
Siento unos golpes en la puerta
—¡Vamos Sara! A la escuela —me habla desde afuera de la habitación.
—¡Ya vaa! —les grito como cansada de que me manden.
Hoy tampoco iba a ir en realidad, así que se me ocurrió un plan para que no se den cuenta. Un plan no tan plan diría, solo simularía ir a las apuradas como siempre, para no desayunar con mis padres. No era por mala que lo hacía, yo los quiero, solo que no sé, tenía ganas de estar sola. Tenía cosas que pensar y eso me gusta hacer por las mañanas. Así que abrí la puerta de la habitación y bajé corriendo por las escaleras al grito de chauuu y un portazo.
Busque en el celular el camino a donde iría hoy para buscar respuestas de todo esto, las necesitaba. Debía hallar una pista de que sucedió o si estoy muerta y todo esto es alguna clase de realidad soñada. Y entonces conté, son cincuenta cuadras aproximadamente a destino, que es el lago. En el mapa figuraba con el nombre de “El lago de los recuerdos”, no iba a llegar más, me digo y sería muy sospechoso que vallase a buscar mi bici por unas pocas cuadras a la escuela, así que sin más vueltas me marcho a destino.
En el camino  busco un colectivo que me acerque a destino, lamentablemente no hay ninguno. Ya que debo cruzar todas las avenidas importantes, hasta llegar a un camino que me dirige directo a una ruta alejada. Diría que ese camino es casi como un campo que yo cuento como una cuadra pero son como diez. Miro la hora y ya casi estoy llegando. Soy media lenta lo sé pero voy bien, aunque ya estoy cansada, mis piernas no fueron entrenadas para esto.
Veo la ruta y suspiro como una victoria, cruzo tranquila y llego a observar el famoso lago de los recuerdos. Lo miro sonriendo como pensando ¿qué me has hecho? mientras con una mano me tomo la cabeza. Me acerco a él, veo hacia mis costados y no veo a nadie, dejo mi mochila sobre la orilla y me saco la ropa. Quedando solo en ropa interior, quizá si voy a lo profundo y aguante la respiración encuentre algo que me lleve a mis respuestas. Deliro un poco pero quien sabe, comienzo a nadar a el centro del lago, me tapo la nariz y antes de hundirme pido: vamos dame respuestas de lo que me hiciste. Y me hundo, intento aguantar lo máximo, pero ya no puedo. Y con la última gota de aire que me quedaba dentro de mí, salgo a la superficie y en eso escucho.
—Te ves hermosa así empapada Saragoza. —Era el riéndose a carcajadas y haciendo broma de mi nombre con la localidad de España, era el mi buen amigo Pet.
—¿Qué haces acá? ¿Cuánto tiempo llevas ahí parado? —le digo sorprendida mientras me tapaba con los brazos mi cuerpo y salía media apurada del lago para buscar la toalla que tenía en la mochila tomada de casa.
—Pareces algo asustada por verme —me dice riéndose—, sabía que te iba a encontrar acá, es tu lugar favorito. —Mientras se sienta sobre un árbol y mira el lago arrojando una piedra—. La pregunta es qué haces tú desaparecida por acá ¿no? —En ese momento deja de arrojar piedras y me mira a mí.
—Tampoco me llamaste mucho que digamos si estaba desaparecida como decís —le respondo seria.
—Jajajajajaja. —Salta a carcajadas—. Sabes que nunca te llamo, porque siempre te encuentro. —Se levanta y se dirige a la orilla del lago cerca mío mientras se agacha—. Y deja de secarte que te dije que te ves hermosa empapada.
Comienza a salpicarme con agua a lo que yo grito diciéndole que haces, él se acerca me levanta y me tira al lago. Comenzamos a reír y bromearnos en el agua, nos empujábamos, salpicábamos y nadábamos como dos tontos amigos que solo querían divertirse. Por un momento me olvide de todo y se hacía tan lejano y sin importancia lo que quería saber porque estaba feliz así, terminamos acostados en la orilla mirando el cielo.
—¿Cómo sabes dónde estoy siempre? —le pregunto con curiosidad para conocer más sobre nuestra amistad.
—Es algo que nunca te diré saragoza —me dice sonriendo.
—Dale decime, es una amistad y no hay secretos —le digo con tono extorsionador  mientras lo miro.
—¿Decime que hacías acá en el lago? —me responde de la misma forma que hago yo la pregunta.
—¿Porque es mi lugar favorito? —le pregunto intentando no parecer sospechosa de que no sé nada sobre mi yo de ahora.
—Deberías saberlo ¿no? ¿O el lago te dio amnesia? —Mientras sonríe.
—No lo creerías —digo en voz baja.
—¿Cómo va todo con Lucí? —me pregunta algo triste que me confunde.
—¿Quién es Lucí? —respondo muy confundida porque no sé quién es y por el tono.
—Ya la olvidaste. —Se ríe—. Bien entonces a mí tampoco me agradaba. —Se lo nota alegre.
—¿Pet te acuerdas cuando nos conocimos? Fue muy lindo, quiero escucharte decirlo. —Le saco importancia a eso y se me ocurre ese gran plan para conocer sobre nosotros ansiosa porque me cuente.
—No sé si fue lindo pero fue raro y loco. —Me mira sospechoso de esa pregunta que le hice—. Digamos que solo me caíste bien por ese tema que escuchabas en el supermercado. —Se ríe.
—No soy tu fábrica de sueños solo una extensión de lo que deseas. —Canto una parte del tema helada por la respuesta.
—Gran tema lo sigo escuchando mucho, ¿sabías? —me dice mientras yo me levanto y me tomo la cabeza buscando mi ropa y demás, no lo puedo creer, conocí a Pet de la misma forma que lo conocí a Chris.
—Recién llegabas al pueblo, escuchaste mi tema, desde los auriculares que los tenía en volumen alto, me tocaste el hombro. Yo estaba de espaldas y me di vuelta, me saque los auriculares y te pregunte que necesitas y me dijiste gran tema para alguien como vos. Yo te dije ¿me estas bromeando? Y vos respondiste si, y te presentaste, al día siguiente ya estábamos saliendo para mostrarte la ciudad —lo decía nostálgicamente mientras me vestía.
—Que bien lo recuerdas te debo el aplauso porque quiero saber a dónde vas ahora tan… ¿te sientes bien? —Se levanta y me pregunta preocupado.
—Si estoy bien, solo necesito estar sola un rato. —Mientras le hago seña con la mano para mantener distancia.
—Nunca quieres estar sola —me responde sospechando.
—¡Deja de querer saber todo de mí! —le grito casi cayéndome una lágrima.
—¿Qué te pasa Sara? Decime solo quiero verte bien. —Se acerca y me toma la mano.
—No entenderías —le digo mirando hacia abajo.
—Déjame llevarte a tu casa —le dice insistente.
—Bueno dale. —Acepto recordando lo que me paso viniendo hacia acá.
—¿Me vas a decir que te paso en la laguna? —me pregunta mientras arranca para mi casa.
—No sé —le respondo sin ganas de hablar mientras miro por la ventanilla, me sentía devastada, no podía creer nada, solo quería dormir.
—¿Es por tu ex? —me pregunta.
—¿Qué ex? —le respondo y lo miro ya casi enojada por todo.
—¿Luci? —responde preguntando como si fuese obvio.
—¡Tengo una ex! —grito con todas mis fuerzas que frena de golpe el auto.
—¿¡Estás loca o que!? —me dice totalmente confundido y molesto por gritar así.
—Me siento mal. —Mientras me tomo la cabeza.
—Debemos llegar a tu casa ya. —Mientras busca aspirinas en su guantera, me comienza a sangrar la nariz, me limpio con la mano, me observo la sangre e inmediatamente me desmayo.
Cuando me despierto, me encuentro en una habitación de un hospital. Se encontraba mi mama al lado mío sentada durmiendo, me confunde un poco la situación y entro en miedo de que sea otra etapa y todo lo anterior fue un sueño y este acá por mi accidente. Pero no veo heridas en mi piel ni ningún rasgo de herida grave aunque tampoco recuerdo haberme lastimado que yo sepa.
—¿Má? —La llamo tocándole el hombro.
—Hija, despertaste —me dice con voz de dormida mientras abría los ojos lentamente.
—¿Qué me paso? ¿Qué hago acá en el hospital? —me pregunto confundida.
—Te bajo muy de golpe la presión y te desmayaste golpeándote la cabeza. —Se ve alegre de verme bien nuevamente mientras me toma de la mano.
—¿Dónde está Pet? —Me sorprendo un poco al no verlo acá conmigo.
—Él te trajo al hospital y nos avisó a nosotros, dijo que te encontrabas algo rara, se despidió y se fue a su casa pidiendo que le avisemos cuando hayas despertado. Yo diría que pases por su casa a verlo luego —me dice insistente, notaba algo en ella que le agradaba Pet como pareja mía. Tenía esa sonrisa que solía mostrar cuando salía con Chris.
—Después pasaré a visitarlo. —Mientras me levantaba y tomaba mi ropa para cambiarme e irme.
—Voy a avisar que te den el alta para ir a casa. —Mientras me ayuda a tomar la ropa.
—Antes má, ¿sabes algo de una tal Luci? —Deseaba que supiese.
—No, no sé nada, ¿quién es? —Al parecer ella sabía menos que yo.
—Nadie, solo preguntaba. —Sigo cambiándome como si no hubiese dicho nada.
Al llegar a casa ya era muy tarde para pasar a visitar a Pet, por lo que después de comer y evadir preguntas de mis padres sobre mi desmayo y las causas, logrando dejarlos tranquilos. Habrá sido solo que no desayuné y comí. Me pongo a averiguar en internet encerrada en mi habitación acompañada de un café con crema sobre "el lago de los recuerdos".
Encontré un artículo que hablaba sobre que en ese lago en años de esclavitud se cremaban los cuerpos de las personas fallecidas ahí, y la asignación de la palabra recuerdos en ese lago proviene de que se dejaban notas en el agua sobre los recuerdos de aquellas personas fallecidas para recordarlas por siempre. No me cerraba porque a mí me sucedió eso, yo no hice ninguna de esas cosas y no tenía conocimiento de un lago en esta zona pero al parecer ahora en esta vida era mi lugar favorito y no sabía porque.Después recuerdo capaz mi mama o papa saben porque, no me di cuenta de preguntarles, mañana lo hare me digo.
Intento buscar más información hasta llegar a encontrar un titulo sobre lo que buscaba que decía "el lago de los recuerdos: Desapariciones" según este articulo hubo casos de desaparición después de sucesos semejantes en este lago. Cerca de cincuenta y todas con semejanzas muy similares, ninguna se llego a averiguar del todo con cierta profundidad que llego a pasar y a donde terminaron estas personas.
La primera relata sobre que a una joven de veintitres años llamada Emilie, le ha fallecido un primo muy querido de su misma edad con el cual compartían cada momento juntos. Algunos familiares cercanos decían que tenían una relación oculta lo cual ella entra en una crisis desenfrenada, una locura que la desborda al no tener a nadie más con quien pasar sus tiempos libres y los recuerdos vividos con él la mata por dentro. Lo cual ella descubre, este lago que por lo que se llego a informar si se dejaba una nota de sus momentos pasados con su primo en el lago podría descansar en paz con su mente.Una tarde avisa que se dirige hacia él, a hacer ese rito que tanto quería para despejarse pero nunca regreso.
Seguía dejándome confundida porque yo no realice eso, y seguí leyendo casos que me dejaban más preguntas que respuestas hasta llegar al caso treinta y tres de un chico que se le fallece su novia los cuales estuvieron diez años juntos a punto de casarse el queda completamente destruido. Se mantuvo encerrado en su casa por un mes, un día se decide a salir y los vecinos dicen que se encontraba en un estado muy abandonado, totalmente desnutrido y su rostro se veía pálido y hundido, tomo su auto y jamás volvió. La policía encontró su auto y ropa en la orilla del lago.
Al terminar de leer ese caso mi respuesta estaba encontrada, era una más de alguna clase de rito de el lago, estaba a punto de cerrar la computadora cuando veo mi nombre en el siguiente espacio. "Caso 34: Desaparición de Sara Cabret", me quede colgada por no sé cuantos minutos mirando ese título, no podía avanzar, no quería avanzar. Después de tragar saliva varias veces y respirar profundo unas cuantas hago fuerza y comienzo a leer.
"Sara Cabret desapareció el siete de marzo de 2016 después de escaparse de clases con el amigo de su difunto novio Christian Rivera, que falleció el mismo día de su aniversario como pareja en un accidente automovilístico. Ella quedo shockeada con su muerte tan igual como su padre que negaba que alguna vez existió. Por su caso, Sara se encerró en su habitación hasta el día de el inicio de clases según testimonios de sus padres ellos intentaron tomar las cosas de la vida como son para cuando ella salió de su encierro así no hacerla volver a recaer nombrando algún recuerdo. Pero el encuentro con Pet la llevo por el camino que se esperaba, no se sabe que sucedió en ese encuentro algunos hablan de un amor, otros de un simple enfrentamiento como cuestión de duelo. Pero el hecho de que se haya encontrado el auto destruido en el lago sin ella dentro da para hablar nunca se supo mas nada ni Pet pudo dar alguna respuesta de eso ya que se suicido el mismo día de su desaparición, cuando llego a su casa clavándose un cuchillo en el corazón."
Pet se suicido, me digo a mí misma, Pet se suicido me repito. Me quedo en silencio, ¿cómo sabe todo eso? ¿como sabe tan detalladamente cada suceso? ¿quien es esa persona? Miro por la ventana de mi cuarto, me siento observada, siento que alguien me vigila. Entro en paranoia, voy hacia la ventana, cierro la persiana, corro las cortinas, tapo la webcam de mi computadora y hasta pongo algodón en el cerrojo de la puerta. No quiero prender la luz pero a su vez entro en pánico en la oscuridad por lo que me tapo con una campera con capucha y me siento en la silla de la computadora levantando los pies del asiento y busco una forma de contacto por lo que encuentro solo una dirección de mail donde me puedo comunicar con esa persona. No dudo en enviarle, abro mi mail y comienzo a escribir.
Hola, soy Sara Cabret, no se quien sea usted. Pero según veo me conoce bastante bien ya que me nombra como la desaparecida número treinta y cuatro del lago de los recuerdos. Quiero saber que sabe usted de ese lago, porque sabe tanto de mi vida, y quien es. Busco respuestas, y por lo que veo usted las tiene. Si no piensa contestar no me siga, no escriba sobre mi y bórreme de su página.
Tarde mucho en apretar enviar, pero lo hice, no quería parecer tan agresiva pero tampoco quería demostrar miedo, aunque en realidad lo tenía y mucho.
A la mañana siguiente me levanto muy temprano no podía dormir mi mente se sentía saturada y mis ojos dolían del cansancio pero no lograba relajarme pensando en las cosas. Muchas cosas son las que me venían sucediendo y las preguntas sin respuestas que tenia con la esperanza de que hoy se resuelva una así que levanto las persianas de mi ventana y veo que ya casi amanece. No espero mas y me dirijo a la computadora para prenderla mientras me voy al baño. Cuando vuelvo ya está completamente encendida y entro a mi mail y veo que he recibido la respuesta esperada, parecía que mi día comenzaría bien.
Hola Sara, te he estado esperando, ¿como se encuentra tu nueva vida? Supongo que mejor, no te asustes, se que sos miedosa, si quieres respuestas te espero hoy en Fritz 680, no llegues tarde, ni muy temprano que duermo pero si trae unos alfajores de maizena. Muero por unos.
PD: Me olvidaba, mi nombre es Lorenzo
Me tranquilizo mucho la respuesta, parecía muy amigable y me cayó bien. Aunque la ansiedad me ganaba así que me vestí y salí cuanto antes, como acostumbraba a las apuradas y sin avisar. Sabía que me esperaba un viaje largo en colectivo, así que me compre algo para tomar en un kiosco cercano y pase por una panadería aprovechando para buscar los alfajores de maizena para el tal Lorenzo lo cual comí algunos yo. Estaba de buen humor hoy, me tome el viaje con calma para escuchar música que me relajo y me dormí gran parte del viaje despertándome unas cuadras antes de bajar. Esa siesta me vino bien ya que me calmo un poco el dolor de ojos pero me dio aun mas sueño del que tenia.
Al bajar veo el barrio que me rodea a mi alrededor, era bastante céntrico o eso parecía ya que habituaba muchos edificios, demasiados. Pero no había nadie caminando, demasiado silencioso y entre dos gigantes edificios de lujo se encontraba la casa del misterioso Lorenzo. Era una casa de dos pisos, ladrillada, tenía las persianas de las ventanas que daban afuera gastadas y entreabiertas por lo cual creía me estaría observando llegar. En la entrada había como un jardín lleno de flores bien cuidadas y de todo tipo, rosas, jazmines, violetas, alegría del hogar, tulipanes, y muchas más que no sabría nombrar. Se encontraban cercadas haciendo que no puedas tener acceso ni por el pasillo de entre medio que dividía el jardín en dos, el cual te llevaba a la puerta de entrada y que al golpear siendo las diez de la manana en punto me atiende de inmediato. Lo que respondía mi certeza de que me estaba observando al llegar.
—Hola Sara Cabret, al fin me conoces. —Me saluda extendiéndome el brazo. Era un hombre joven diría como mucho veintiocho años, y un poco más alto que yo, tenía el pelo gris, seguramente teñido que resaltaba sus ojos celestes, traía un saco azul y unos pantalones oscuros.
—Hola. —Lo saludo con el apretón de mano.
—Veo que trajiste mis alfajores de maizena, que amable eres. —Me quita la bolsa de mi mano y entra—. Entra, entra —me dice mientras se dirige a lo que veo es el comedor—, y cierra la puerta. —Lo sigo de atrás. Observo su casa, era muy ordenada, todo prolijamente en su lugar, y demasiado limpio, no se notaba ningún rasgo de polvo. Y cada artículo que se componía era de madera de roble, la mesa, las sillas, el piso, los marcos de los cuadros, los mostradores de copa, parecía una cabaña por dentro. Hasta que él se sienta en la mesa y yo me siento de frente. él sigue enganchado abriendo la bolsa para buscar los alfajores mientras yo lo miro—. Entonces… ¿Cuáles son tus preguntas? —Mientras come uno de dentro de la bolsa.
—¿Cómo sabes tanto de mí? —Lo miro fijamente, deja el alfajor.
—Primero Sara. —Entrelaza sus dedos—. ¿A qué mundo quieres pertenecer? —Me mira fijamente sonriente como sabiendo que nunca me lo había replanteado.
—¿Para que necesitas esa respuesta? —Le respondo dudosa.
—Mira Sara. —Se levanta y camina hacia la ventana—. No creo que necesites saber muchas respuestas si te quieres quedar en esta realidad, ¿no? —Mientras mira por la rendija de la persiana entreabierta.
—Aun así necesito saber que sucedió, ¿acaso estoy muerta?, No es justo que yo este acá disfrutando de otra realidad como lo llamas vos, mientras Chris y Pet hayan muerto, ¿a vos te parece justo? —le contesto enojada al borde de gritarle.
—Sara vamos tranquila. —Se da vuelta y se apoya sobre un escritorio—. No es lo que piensas.
—Entonces dime que es. —Le interrumpo molesta.
—No puedo darte respuestas, solo preguntas —me dice cruzándose de brazos.
—Dijiste que me darías respuestas. —Me levante de la silla y ya estaba a punto de irme.
—Las respuestas las encontraras vos misma en base a mis preguntas, no eres la primera Sara. —Se muestra consciente de lo que dice y se ve sincero en su mirada así que me hace la señal de que me siente y obedezco calmándome—. ¿A qué mundo quieres pertenecer? —Me insiste de nuevo.
Froto mis manos mientras las miro en posición encorvada, no sabía la respuesta. De donde vengo no había nadie con quien estar solo mis padres intentando no hablar de lo sucedido, y la escuela se volvería insoportable sin la presencia de Chris y Pet. Ni siquiera sé si me culparan por su muerte, en cambio en este tengo los dos, solo que Chris no me conoce en absoluto pero al menos se encuentra bien y Pet ha pasado a ser mi mejor amigo. No tengo otra opción en admitir que…
—Acá estoy mejor —le respondo en voz baja y mirándolo a los ojos.
—¿Entonces por qué quieres las respuestas que pides? —me pregunta sonriendo cargosamente.
—Porque sigue siendo mi vida, aunque ya no pertenezca ahí —le digo ya un poco cansada de sus preguntas.
—¿Es tu vida... pero ya no la quieres más Sara? —me dice desconfiando de lo que digo.
—No tengo a nadie —le respondo furiosa.
—¿A nadie a quien amar? —Sigue con tono cargoso.
—Creo que ya lo sabes —le digo.
—Y acá iras en busca del amor perdido supongo  ¿Estás segura de que sigues amando a quien amabas? —Se dirige nuevamente a la ventana y se muestra paranoico.
—¿Por qué haces esto? —Estaba logrando sacar mi lado sensible de a poco.
—No hago nada Sara. El amor es simple, te completa, el amor no es algo, es todo y cuando lo pierdes muchas veces se vuelve a encontrar. Pero no en el mismo lugar, las cosas se pueden complementar de muchas maneras y creo que tú has encontrado ambos complementos —responde continuando su mirada hacia afuera, mientras cruza sus brazos en la espalda.
—Se dé que hablas, pero sigo amando a Chris y no respondes mis preguntas —digo seria.
—No quiero decirte a quien amas Sara, solo digo que la vida elige las personas que deben encontrar sus complementos pero no siempre les resulta bien. Ellos tienen el poder de la segunda oportunidad, pero no a todos se les concede. Solo a quienes de verdad han vivido la felicidad y la tristeza en ambos extremos. Depende de vos que quieres hacer ahora y cómo quieres terminar tu vida. —Se da vuelta y me mira sinceramente—. Lo hecho, hecho esta y los cambios que se hayan realizado son parte del destino.
—No existe el destino si pudieron cambiarlo, ¿quiénes?, ¿ellos?, ¿qué? ¿Me están diciendo que debo estar con Pet y por eso me han hecho todo esto? —le grito y golpeo la mesa.
—No puedes manejar las cosas así porque si —me responde con calma.
—¿Porque me cuentas todo esto? ¿¡Porque!? ¿Quién eres? ¿¡Porque no me dices!? —Me acerco y le empujo mientras le grito.
—¡Sara!, yo era uno de ellos. —Me toma de los hombros y me aleja.
—¿Quiénes son ellos? ¡Dime! —Le quito las manos de mis hombros y le empujo—.  Deja de tanto misterio.
—Guardianes de distintos puntos del destino, uno era El Lago de los Recuerdos, yo era uno de ellos. Por eso conozco tanto de cada vida seleccionada a cambiar, el tema es que no se puede borrar su vida pasada y deben vivir en la confusión  a muchos se les a empeorado su vida a causa de eso sin poder recuperarse. —Me cuenta abiertamente.
—No entiendo, no entiendo que quieren de mi. —Me doy media vuelta y me voy.
—Yo creo que ya entiendes —me dice antes de que dé el portazo.
En el camino a casa me sentí más relajada, por tener mis dudas aclaradas. Pero a su vez sentí que mi vida se ha arruinado a causa de todo un manejo de alguna clase de guardianes del destino, que me han hecho surgir nuevas preguntas: ¿por qué les es importante lo que haga con mi vida?, ¿por qué lo sacaron como guardián a Lorenzo? y ¿porque tuvieron que llegar a arruinarme la vida anterior para cambiar mi destino?
Me sentía mal y confusa, sentía que no podía volver a ver a Chris sino le pasaría algo, pero el destino que tanto creía y ahora se ponía en duda al parecer era más fuerte que los guardianes. Porque cuando llegaba a mi casa al bajar del colectivo, él me estaba esperando en la puerta de mí casa apoyado sobre el enrejado del frente. Se mostraba muy nervioso como si hace mucho me esperaba. Al instante que me ve, él se para hacia mi dirección con sus manos en los bolsillos. Yo lo miro extrañadamente, era raro ver esa reacción de él, ya que por lo general como yo lo conocía tenia actitud de más decidido. Pensé que seguía siendo así o al menos eso me mostró aquella vez que me acompañó hasta mi casa. No pensé que lo volvería a ver en cierta forma, ya que no me pidió el número ni nada solo dijo que pasaría por mi casa.
—Hola. —Lo saludo con un beso en la mejilla mientras el mantiene sus manos en los bolsillos—. Cumpliste con tu palabra de venir a verme a mi casa, ¿hace cuanto esperas aquí? —Me recojo el pelo y sonrío, quería verlo, lo extrañaba mucho, vestía una camisa roja junto a una campera negra de cuero abierta y unos jeans. Le quedaban tan sexys, quería besarlo, abrazarlo, tocarlo, tenerlo para mí en mí, extrañaba su cuerpo cálido junto al mío, no aguantaba las ganas, me abstenía de muchos placeres con solo verlo.
—Hola Sara, hace poco llegue. Es que no estás viniendo a la escuela y quise pasar a verte para saber si estás bien, supuse no estarías en tu casa ya que Pet me dijo que no lo estarías. —Su mirada delata que no es verdad que hace poco llego, mientras me pregunto cómo sabia eso Pet.
—¿Solo para saber si estaba bien, pasaste? —Le insisto desconfiada de que solo sea eso.
—¿Por qué suena raro? —me dice sonriendo.
—No, pero ¿no querés ir a tomar algo y hablar? —Me muerdo el labio inferior disimuladamente, estaba ansiosa por pasar un rato con él.
—¿Por qué no? —Sonríe y comienza a caminar junto a mí—. ¿Por qué no estás viniendo, acaso estas persiguiendo a gente en la calle todas las mañanas como con mi padre? —bromea.
—Jajaja, no, solo tuve algunos problemas —respondo mirando hacia abajo.
—¿Se puede saber que problemas? —Insiste.
—Es complicado de explicar, de hecho ni yo entiendo. —Intento evitar de eso—. ¿Supongo no me atrase de mucho no? Jajaja. 
—No mucho, solo se nota tu ausencia con Pet solo en el banco y en los recreos sin vos. —¿Pet solo?  Me preguntaba, diría que es raro en otras ocasiones ya que era muy popular en la escuela. Estaba rodeado de gente, la diferencia era que él consideraba amigo solo a Chris.
—Ayyy me siento mal, ¿no tiene a nadie más que yo? —repregunto con voz melancólica.
—Pensé que lo sabias jajaja. —Me mira fijamente.
—Y cuéntame de vos, ¿qué haces para pasar el tiempo? —Intentando sacarle algún hobbie nuevo que este Chris haga.
—No hago mucho, antes iba a tenis pero me comenzó a aburrir lo que un tiempo después mi padre me regalo su guitarra y me enseño a tocar la guitarra lo cual con el tiempo me di cuenta que era bueno componiendo así que eso hago la mayor parte de mi tiempo, compongo. —Se ríe—. ¿Vos?
No creía eso. Compone canciones, era lindo, quería escucharlo. Estoy segura haber puesto cara de enamorada, quería sentir su dulce voz en mis oídos cantándome mientras me duermo en sus brazos.
A él antes le gustaba cabalgar, fue tan hermoso en nuestras primeras citas cuando me llevo a cabalgar en el campo que tenía su tío a unos kilómetros de la ciudad. Recuerdo que había preparado una cena sobre una pequeña mesa bajo un árbol donde estábamos acostados en una manta abrazados y cuando comenzaba a atardecer me propuso ir a cabalgar y me llevó de paseo yo me aferraba con mis brazos a su pecho y sentía latir su corazón rápidamente y le pregunto ¿por qué tan nervioso? Y me responde, porque cuando lleguemos a la cabaña que esta al fondo de este campo te quiero hacer el amor tan románticamente y no quiero que nada salga mal y esa noche perfecta bajo la luz de las velas que rodeaban la cama lo hicimos por primera vez.
—¿Qué tipo de temas compones? —Desviando su pregunta y con voz de enamorada.
—Me da un poco de vergüenza decirlo. —Se sonroja—. Pero prefiero lo meloso.
—¿Me cantas algo? —respondo ansiosa, suplicando con las manos.
—Si quieres pasamos por mi casa para buscar mi guitarra. —Hace una pausa medio nervioso—. Si te canto obvio.
—¡Si dale! —digo un poco eufórica.
Llegamos a su casa. Desde aquella vez que me desmaye, que no le di importancia al hecho de que me doy cuenta que me siento como la primera vez acá observando todo, sus fotos, oliendo su aroma a que él está presente acá.
Y recuerdo la primera vez que vine a su casa para una cena familiar, tardó mucho en presentarme a su padre, ya que tenía miedo o vergüenza. Me había vestido muy formalmente con un vestido blanco con flecos y unos tacones altos que hacía que sea un poco más alta que Chris. Su padre me había recibido muy formalmente, se mostraba muy cordial y le había caído tan bien por el hecho de que le hacíamos bromas juntos a Chris sobre sus malhumores mañaneros y de que ronca a veces al dormir, le dijo a él que debía casarse conmigo. En ese momento, me atraganté con el agua pero al instante o mire tan profundamente pensando que cada noche sin él es como si mi alma se sintiese vacía, como si cada segundo es un momento eterno en sus brazos, cada beso es una vida más, es mi ángel de cada día que me hace sonreír. Y al tomar mi mano bajo la mesa mirándome con su sonrisa que me hace sentir protegida, por primera vez imaginé un futuro con una familia con él.
Me hace un mate cocido para tomar junto con unas galletas que había preparado a la mañana la novia de su padre y las lleva a su habitación para merendar más tranquilos.
—Bueno acá estamos —me dice mientras deja la merienda en el escritorio y extiende sus brazos mostrando su habitación. Se sentía el dulce aroma de su perfume pero se encontraba bastante desordenada, había un par de camisas revoleadas en el suelo cerca de la cama, un par de pantalones colgados en la silla de su escritorio pero no bien sino como si hubiesen sido arrojados desde la cama cuando se fue a acostar y unas medias en la ventana que era lo más extraño y sucio. Definitivamente este no era el chico que recuerdo en limpieza y orden me refiero, y muchos posters de la banda de Jimmy Eat World. —¿Te canto ahora?— Mientras toma su guitarra.
—Si queres te dejo ordenar primero —le digo un poco decepcionada.
—Si mañana —responde sarcásticamente mientras se ríe.
—Cántame —le digo sonriendo mientras me siento en la cama junto a él que ya tenía la guitarra preparada para comenzar.

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