Esa noche el viento soplaba bastante fuerte, las ramas de los arboles, con sus verdes hojas se mecían al compas del viento.

La luna nueva oculta, tímida, hacían de esta noche aún más oscura, el cielo nublado tapaba en su totalidad a las esplendorosas estrellas. El reino de Alfheim se oscurecía por la maldad que se avecinaba, en las aldeas todos los elfos se mantenían ocultos, esperando a que los líderes den indicaciones.

La única que se encontraba en medio de la espesa vegetación era Yumil.

Corría atreves de los arboles hasta llegar al palacio; se arreglo el pelo castaño, que había sido totalmente desordenada por el viento.

Entro al palacio y miro hacia su alrededor, las paredes color marfil y las esmeraldas impregnadas en ellas, siempre le habían embelesado.

Subió las escaleras, doblo a la derecha cuando llego a los largos pasillos y abrió una de las puertas de bronce.

Cuatro pares de ojos se posaron en ella a lo que ella respondió con un cabeceo.

En el centro de la habitación se encontraba una gran mesa de cristal, alrededor de ella se encontraban sentados los cuatro hombres. Kirim, Traint, Krull y Sad. Los líderes de reino de Alfheim.

—Que bueno que llegas Yumil -habla el más viejo en la habitación, Kirim.

—He estado realizando un recorrido por los alrededores, todos están ocultos en sus moradas. -responde Yumil mientras se sienta en uno de los sillones.

—Hablábamos del álfablót. Se aproxima el final de todo ésto- dice con confianza Krull, el elfo de ojos violetas. -Solo esperemos que nuestra princesa así lo desee.

Yumil lo mira con cierto odio. Ella siempre opinaba lo mismo sobre el tema: ellos podían solos.

—¿Y cuando traerán a la princesa hasta aquí? -Pregunta la única mujer en el salón.

—Altief ya se encuentra en Midgard, para el álfablót ya la tendremos aquí-responde Traint, el elfo del pelo rojo fuego.

—¿Y si no es la misma? No confió en una simple humana -dice Yumil.

—¡Ella no es una simple humana! -exclama Sad, el elfo musculoso y grande.

Yumil se levanta y los mira a cada uno.

Ella no entendía como podían pensar así, la vieja princesa había muerto, había vuelto pero no era la misma.

La princesa ahora pasaba como una mortal más y a Yumil eso no le bastaba.

—Ustedes, queridos hermanos, saben bien de qué se trata todo esto -posa su mirada negra en cada uno, detenidamente. - No depositen tantas esperanzas a alguien que hasta el momento es ignorante de todo esto. ¡Por Odín! Ella ni siquiera sabe que no es humana.

Los hombres se quedaron en silencio a lo que Yumil aprovecho para abandonar la habitación.

Camina a paso pesado hasta unas puertas mas adelante, la abre y entra a la que es su habitación.

Nimiel ya no sería la misma y eso la entristecía y a la vez la aterraba, todos depositaban sus esperanzas en ella, y Yumil simplemente no lo entendía.

Nimiel volvió para salvarlos. ¡Pero porque simplemente no volvió a su hogar!

Yumil tiene miedo de lo que se acerca y de los peligros que la nueva Nimiel pasara.

Sintió una inmensa tristeza y entonces se sentó en el suelo, recostó su cabeza en sus manos y maldijo en su interior. Malditos sean los Jotuns.

Alma Guerrera¡Lee esta historia GRATIS!