RECONOCIENDO UNA REALIDAD DISTINTA

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Apenas atino a abrir un poco mis ojos entreabiertos lo que hace que vea medio borroso. Me duele mucho la cabeza, siento que me encuentro sobre acostada sobre un sillón y una almohada sobre mi cabeza a lo que escucho gente hablar, murmullos que apenas llego a oír que alguien le dice a una persona—: ¿Cómo puede ser que no la hayas reconocido que es compañera de tu escuela? —Se lo oye con un tono medio áspero.
Y la otra persona responde—: No sé pá. Simplemente no la reconocí, no nos hablamos casi nada y no le prestó mucha atención a ella, a pesar de que vamos juntos hace años. —Esa voz reconocible me hace entrar en razón, no puede ser me digo en voz alta. Esto es real pienso, mientras intento levantarme y se dan cuenta.
—¿Te encuentras mejor? —Se acerca Chris preocupado, mientras pone su mano sobre mi hombro y yo me siento.
—No sé si estoy mejor, me duele la cabeza. —Me tomo la cabeza y miro hacia el suelo, no quiero verlo porque sé que estaré peor.
—¿Tu eres Sara no? mi compañera de escuela —me pregunta algo confundido.
—Deberías saberlo —le digo confundida y seria mientras el padre se acerca con un vaso de agua.
—Tiene razón —dice el padre mirándolo a Chris mientras acepto su vaso.
—Y deberías saberlo bastante bien. —Insisto mirándolo esta vez a los ojos. Hacia tanto no veía su sonrisa, pero esta vez no me sonreía por alegrarse de verme, sino tenía una sonrisa algo chistosa como riéndose de sin importar porque debería saber mi nombre. Aun así seguía siendo hermosa, con sus labios finos pero suaves al tacto. No aguanto más y me levanto—. Debo irme, gracias por su ayuda y perdón por lo de afuera. —Mientras doy media vuelta para irme.
—Está bien, no es nada, cualquiera puede tener su día de locura —dice Chris algo despreocupado.
—Te acompaño —dice Chris, mientras agarra su chaqueta—. No quiero que te pase nada en el camino. —Siempre fue así y era lo que más amaba, su generosidad por ayudar preocupándose por cualquiera que conozca o no conozca.
—No hace falta enserio, aparte deberías ir a la escuela. Si quieres después hablamos, pero ahora quiero estar sola —respondía nerviosa, mientras abría la puerta y me alejaba caminando de espaldas.
—Ya es muy tarde para la escuela. —Se reía—. Estaba preocupado por vos así que no fui, pensaba llamar a tus padres pero no te conocía mucho para tener esos datos —con tono insistente de acompañarme.
—Bueno, vamos si quieres. —Sonreía enamorada y triste a la vez de que no me conozca.
Mientras caminamos no sabía qué hacer, que decir, no me conocía y lo sentía raro. No era como siempre, yo no me sentía como siempre. Me sentía nerviosa, movía mucho mi cara, como haciendo muecas, me rascaba el pelo y no me picaba. No sé qué hacía, pensaba de verdad creerá que estoy loca si sigo así y no lo estoy. Sabe que no lo estoy, o debería saberlo en realidad. Pero no lo sabe, gritaba en mi cabeza. Me transpiraban muchos las manos, tenía calor, me agitaba la remera, quería abrazarlo, besarlo, tirarme sobre él, estaba tan hermoso, y no podía hacer nada. No entendía nada, quería gritar y llorar pero me encontraba inmóvil por él, lo miraba de reojo y me miraba sexymente serio con sus cejas firmes.
—¿Porque me miras así? —le pregunto preocupada—, no deberías mirarme así. —Insisto.
—Te imaginé de muchas formas, pero no de esa manera —me responde sonriendo y con tono sorprendido.
—¿Cuáles son esas muchas formas? —le pregunto mirándolo fijamente seria—, ¿y cómo pensás que soy? —Insisto con tono molesta—. Deberías saber cómo soy, no debería ser así —digo desviando la mirada hacia el frente y pateando una roca.
—¿Acaso estás loca? —Se ríe a carcajadas—. Primero... —Mientras me enumera con su mano—. Muchas formas es un decir de lo que apenas nos hablamos y pienso que son bastantes. —Me mira de arriba abajo—. ¿Divertidamente loca? —se pregunta— ¿y porque dices que no debería ser así? Si querías conocerme, me hubieras hablado —me dice algo áspero.
—¿Por qué no nos hablamos? —le pregunto algo triste y en voz baja.
—No sé —responde.
—¿Tu amigo Pet me conocerá? —me pregunto en voz alta.
—¿Mi amigo Pet? —Se ríe bastante—. Si no mal recuerdo, es tu amigo Pet. —Se sigue riendo.
—¿¡Mi amigo!? —respondo muy sorprendida, mientras me duele aún más la cabeza y me alegro de que ya hayamos llegado a mi casa—, ya llegamos —le digo mientras cierro los ojos bien fuerte por dolor de cabeza.
—No vives tan lejos —me dice.
—No —le respondo como si fuese obvio—, deberías saberlo —agrego en voz baja que no llega a escuchar.
—Podría venir a visitarte. —Me mira sonriente.
—Me encantaría. —Lo miro casi con los ojos lagrimosos y queriendo que entrase ahora mismo.
—Bueno —Mientras mira al suelo y se muerde los labios—. Deberías ir a descansar. —Con tono de querer un rato más conmigo—. Será mejor que vaya. —Se acerca y me da un beso en la mejilla—. Fue un gusto hablar por primera vez con usted, señorita divertidamente loca Sara —lo dice con tono bromista mientras sonríe y se aleja caminando mirando hacia el suelo.
—Chau. —Apenas llego a decirle mientras se va.
Quería decirle más pero me quedé colgada. Quiero entender que pasó, quería besarlo. Sé que algo le pasa, su mirada lo dice, quiero llamarlo, quiero conocer a mi nuevo Chris. Ni siquiera sé si ahora es mío, ¿estará con alguien? ¿Por qué no le pregunté? me pregunto a mí misma, ¿por qué lo deje ir? ¿Por qué me comporte como una loca? Quizá no vuelva a saber de él.
¿Cómo puede ser que Pet sea mi amigo ahora? ¿Cómo haré para verlo en la cara, después de lo que hice con él?
Abro la puerta, voy corriendo a mi habitación, me tiro a mi cama y grito fuerte en mi almohada. Me levanto para buscar nuestra foto en el escritorio, pero encuentro todo lo contrario, una foto mía con Pet. En un lugar que no conozco, parece ser una casa porque ahí una piscina, y estamos en traje de baño y yo estoy sentada en sus hombros mientras él me sostiene de pie. La tomo con mi mano, mientras me pongo a llorar de nuevo. De bronca la saco del portarretrato y cuando la voy a romper, veo detrás que dice: “Con amor, para la mejor amiga de mi vida por siempre… Pet”. Me detengo, no puedo romperla no sé porque siento que no debo. Me recuesto de nuevo en la cama, mirando la foto y pensando en Chris, ¿qué ha pasado con mi vida? Me pregunto y cierro los ojos mientras apoyo la foto en mi pecho.

El lago de los recuerdos¡Lee esta historia GRATIS!