Soy nada, soy nadie

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Era un fin de semana como cualquier otro: Katherine y yo nos hallábamos en la azotea de mi casa, la única diferencia era que James estaba con nosotras. El castaño y mi mejor amiga se habían vuelto más unidos luego de aquel "incidente" en el estacionamiento. En un principio, James se acercaba a Kate para llegar a mí, pero poco a poco entre ellos nació una atracción que iba más allá de lo amistoso, y me sentía feliz por ambos.
Nos encontrábamos tomando aire, era un momento asombroso: yo tocaba mi guitarra y la brisa del mar nos acurrucaba.

—Esto es vida. —Miré alrededor, el paisaje era perfecto. —¿Les canto algo, chicos?

Aquellos tórtolos me miraron preguntándose qué debía cantar.

—Dedicanos una, la que tú quieras.

Afiné las cuerdas y opté por tocar Take On Me de A-ha. Me pareció una excelente opción ya que Kate partiría a la mañana siguiente hacia Berlín para pasar dos semanas lejos de mí en los seminarios de Ciencias Naturales para los que tanto se había preparado.
Pasaría mucho tiempo sin mi mejor amiga y no estaba acostumbrada a eso. Adoraba a Kate, me gustaba salir con ella y solo a su lado me sentía cómoda, en plena confianza.

—¿Segura que empacaste todo lo necesario?

El día había llegado. Nos hallábamos en la estación de autobuses para despedir a Kate.

—Claro que sí. Llevo una foto de cada quien para no sentirme tan lejos ni tan sola.

Los padres de Katherine y James se despidieron de ella. Cuando llegó mi turno, tan sólo la observé por varios segundos.

—Bueno, ¡abrázame! —Sonreí y obedecí. —¿Crees que podrás sobrevivir sin mí?

—Lo intentaré.

—En cuanto pueda, te llamaré. —Asentí. —Te extrañaré mucho, Ely.

—En verdad espero que te vaya excelente. Disfrútalo, y mantente tranquila. —Volteé a ver a James. —Podré lidiar con tu casi novio.

Se sonrojó y se introdujo en el autobús. Desde la ventana nos mandaba besos y se despedía. Entonces comencé a preguntarme cómo demonios iba a pasar dos semanas lejos de mi mejor amiga. Podría salir con Daan, o Miranda, o con ambas, pero no sería igual. Pero con tal de no sentirme tan sola, quizá haría un esfuerzo por conocer mejor a mis compañeras de trabajo.

—Si gustan, yo puedo llevar a James a su casa. Así no se desvían. —Los padres de Kate asintieron y nos despedimos. —Hasta luego, señores Harvey.

—Hasta luego, querida.

James y yo subimos a mi auto. La cosa se tornaba incómoda, yo era pésima para entablar conversaciones, pero por fortuna el castaño tomó iniciativa.

—¿Sabes? No nos conocemos muy bien pero...  Eres la persona más cercana a Kate y... Bueno... No sé como decirte esto...

—Sólo dilo.  Anda, con confianza. —"Claro. La chica más desconfiada hablando de tener confianza. Irónico" pensé. —¿Es malo?

—No, no. Sucede que quiero... Hacer algo para el regreso de Kate. Pienso pedirle que sea mi novia.

Abrí los ojos y metí el freno de forma brusca.

—¡¿Hablas en serio?! —Asintió asustado. —¿Por qué no lo dijiste antes? —Metí reversa y me introduje en otra calle para ir a la plaza comercial más cercana. —Hay muchas cosas qué comprar.

—Si, pero no traigo suficiente dinero.

—No te apures. Luego me lo pasas.

—¿Hablas en serio? De verdad, gracias, Elysa.

Elysa¡Lee esta historia GRATIS!