Es mejor volver a empezar

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Habían pasado dos meses desde el deceso de la madre Alice y hacía unos días que Kim había regresado al orfanato. No tenía ánimo para ir, además de que tuve muchos problemas con mis calificaciones y debía presentar proyectos y trabajos extra. De igual manera, me había resignado y tardaría poco en aceptar que todo aquello que tiempo atrás viví con Kim no regresaría a su recuerdo... Quizá era momento de volver al orfanato, de crear nuevas y más maravillosas historias al lado de mi pequeña. Estaba de más seguir intentando que ella recuperara el conocimiento. Incluso las monjitas junto con Daan y Miranda le habían enseñado nuevamente lo básico, como leer, escribir, hablar bien, entre otras cosas más.

—¡Qué bien que ya llegaste!

—Hola a ti también, Daan.

—Lo siento, Elysa. ¡Hola!

—¿Y Kate? —Daniela sonreía de una manera un tanto extraña, no parecía ser ella misma. —¿Qué te sucede el día de hoy?

Se mordió el labio inferior y me tomó de la muñeca, llevándome apresuradamente al patio central. Allí estaba Kate con Kim.

—Anda.

—Me asustas.

—Ay. Anda y ya.

Me dio un pequeño empujón y yo me dirigí hacia mi mejor amiga, ella se puso de pie y se acercó a mi. Y al igual que Daan, portaba una sonrisa que no era normal en ella.

—A ti y a Daniela les atacó el virus risueño.

—¡Y a ti también te va a atacar! —Le miré incrédula, preguntándome de qué hablaba.

—¿Pero qué está...?

¡Elysa! —Ese timbre de voz tan particular... No pensé que volvería a escuchar a alguien decir mi nombre con la emoción con que Kimberly lo gritaba siempre que me veía llegar. —¡Elysa! —Volteé a ver... Kimberly corría hacia mi. No podía creerlo.

Tan solo me acerqué y me encogí a su tamaño. Ella se aventó a mis brazos y yo no hice más que entregarme en aquel abrazo mientras mis lágrimas empapaban mi rostro.

—Kim... Mi pequeña Kim...

Sentía que estaba soñando, seguía sin saber que aquello realmente estaba sucediendo, no podía creerlo. Me enojaría demasiado despertar y descubrir que mi mente solo había jugado sucio conmigo. Pero no podía ser así. La esencia de Kim parecía tan real, lo sentía demasiado auténtico.

—Al fin llegaste, Elysa. —Me separé de la niña de mis ojos, aún tenía la vista nublada por las lágrimas. —¿Por qué estás llorando?

Me miró extrañada. Yo tan solo contemplaba su enorme ternura y no podía dejar de llorar. Enseguida volví a estrujarla entre mis brazos.

—Es que... Te extrañé muchísimo.

—Yo también te extrañé. Pensé que no volverías a venir.

Antes de poder jugar con Kim, la enfermera allí presente me pidió acercarme a ella.

—Usted debe ser la Elysa de la que tanto hablaba Kimberly.

—¿Hace cuanto comenzó a recordar?

—En cuanto llegamos al orfanato, ella corrió hasta aquí. Algunas niñas se le acercaron y ella les saludó como si nada hubiera pasado. Y hace unos días que quería verla, señorita.

—¿Qué? ¿A qué se refiere?

—Estuvo preguntando por usted. No paraba de mencionarla, decía "quiero ver a Elysa", "¿por qué Elysa aún no ha venido a jugar conmigo?" y cosas así.

Elysa¡Lee esta historia GRATIS!