Soledad

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Todos los días, después de clases, me dirigía junto con Kate al hospital para visitar a Kim. Había caído en coma y si no despertaba pronto, corría riesgo de perder la memoria parcial o totalmente. Eso me mantenía preocupada a la vez que deprimida, y a consecuencia había disminuido en mis calificaciones y en mi desempeño en las clases de música.

—¡Kleist!

Di un salto del susto. El resto de la clase susurraba.

—¿Qué sucede?

—Quiero verle en mi oficina después de clases.

Asentí. En cuanto sonó la campana, salí del aula de clases y me dirigí al baño.
Abrí el grifo y me tiré agua a la cara, la cual estaba muy fría. Acomodé mi ropa, mi cabello y estaba por salir, pero me topé con Litzy, una chica lesbiana obsesionada conmigo. No tenía nada en contra de los homosexuales, pero Litzy me provocaba enormes ganas de desaparecer, me repugnaba, le detestaba.

—¿A dónde con tanta prisa?

No tenía tiempo para lidiar con esa chica, además se me hacía tarde, pues aún debía hablar con la miss Peyton, mi profesora de canto.

—Apartate.

—Primero quiero que...

Le planté una bofetada en la mejilla y le hice a un lado. Estaba frustrada de ella, de todo lo malo que me sucedía, de la vida misma.

—¡Ésta la vas a pagar, Kleist!

Gritó a lo lejos. Me importaba poco, sabía defenderme.

Toqué a la puerta y entré. La miss Peyton me pidió tomar asiento.

—¿Qué se le ofrece?

Se quitó los lentes de lectura y me miró. Percibí tranquilidad y serenidad en su mirada, por un momento recordé a la madre Alice... Ambas tenían una mirada pacífica que inspiraba calma y estabilidad.

—Elysa, seré clara contigo. Eres una de mis mejores estudiantes. Me preocupa tu desempeño académico, te éstas dejando llevar por los problemas que se te presentan.

—No es culpa mía ser tan desdichada, miss. La vida me odia y yo a ella.

—Elysa, sé que eres mucho más que una chica depresiva. He visto como defiendes tus derechos, tus ideas y tu persona. Lo que vives ahora es un enorme obstáculo, lo sé. Es como un virus que entra a tu cuerpo y poco a poco va matando tus defensas hasta hacerte enfermar.

—Usted no entiende.

—Entiendo a la perfección, Elysa. Ese virus te está contaminando cada vez mas y tú lo estás dejando apoderarse de ti. Necesitas ayuda, requieres de medicamentos, y esos medicamentos se encuentran en el conversar, en el expresarte y desahogarte. Te estás dejando dominar y tú no eres así. Tú eres mucho más, tu eres una chica inspiradora.

—¿De qué está hablando? Sólo sirvo para dar lástima y continuar sufriendo de manera injusta. Porque... Todo lo malo tiene que pasarme a mí para que el resto de las personas sean felices.

—No, no es así, no me estás entendiendo.

—No, miss. Entiendo a la perfección. Con todo respeto y con su permiso, debo retirarme.

Me levanté, tomé mi bolso y salí de allí. La miss no me detuvo.

Fui al estacionamiento. Encendí mi auto y conduje aceleradamente. Era tarde y debía pasar por Kate para luego ir al hospital. De camino iba pensando en lo que la miss Peyton había dicho y tal vez tenía razón, pero mi orgullo me impedía doblegarme, yo sabía que ni ella ni nadie en el mundo podría comprender mi situación. Ni siquiera mi mejor amiga.

Elysa¡Lee esta historia GRATIS!