De la oscuridad a la luz

51 3 0

Había amanecido. Lo noté no por la alarma que había dejado de sonar hacía algunos años, sino por la luz solar que entraba por un pequeño espacio de la ventana, aunque la mayoría de las veces, me levantaba por instinto. Tomé mi celular y vi la hora. Eran las 7:05 AM. Antes me habría levantado a las 4:30 AM para preparar el desayuno a Carolyn. Después de ello, me disponía a hacer la limpieza, lo que me llevaba como mínimo toda la mañana porque vivíamos en una imitación de mansión. Debía hacer toda la limpieza que, según mi madrastra, era mi castigo por mi mal comportamiento. Para ella yo era una Cenicienta contemporánea.

Una vez que regresé del internado, me enfrenté a ella, pues no estaba dispuesta a seguir siendo su sirvienta. Además, tenía muchas ganas de poder estudiar algo, para independizarme de ella y de la pensión de mi padre. Por ello, Carolyn había contratado a quien se encargara de las cosas de la casa. Sin embargo, había prometido limpiar el ático, cosa que haría esa mañana, solo estaba esperando a Kate.

Estaba sentada en la barra, desayunando cereales con yogur. Aún me encontraba en pijama, despeinada y con mis pantuflas. Recién me había sentado para disfrutar mi comida cuando escuché bajar a Carolyn.
No me sorprendía que, siendo fin de semana, ya estuviera arreglada para irse. Mi madrastra era atractiva. Siempre se vestía bien, se maquillaba bien y olía bien. Usaba perfumes carísimos, vestidos y blusas de boutique, joyería mayormente de oro... Y no le culpaba, tenía la plata para comprar lo que quisiera a sus anchas y pagar tratamientos faciales y corporales.

Me lanzó una sonrisa, a la cual respondí mas desganada y se situó frente a mí. Algo me decía que terminaríamos discutiendo, como siempre había sido. Mi madrastra y yo jamás habíamos entablado una conversación libre de quejas o reproches, que por supuesto, provenían de mí.

-¡Buenos días, linda!

Me había dado un beso en la mejilla, cosa que no era normal. De seguro algo quería o su amante le había dejado satisfecha. Se estaba comportando raro.

-Buen día.

Me limpié el beso. No estaba segura si lo húmedo en mi mejilla se trataba se su labial o de su asquerosa saliva. Importaba poco si me había visto o no.

-Oye, cariño, hoy limpiarás el ático, ¿cierto?

-Sí, ¿por?

No me agradaba su actitud. Carolyn no solía detenerse a conversar conmigo. Usualmente, desayunaba y se iba. Si yo me encontraba presente, se despedía de mí, por ello, evitaba acompañarle. No le odiaba, no le despreciaba, simplemente no me importaba y estaba segura de que yo a ella tampoco. Pero ésta vez, la señora buscaba algo...

-¿Estás bien, Elysa? Si te has levantado de mal humor, mejor ve y quédate descansando. El ático puede esperar.

Le mire incrédula. Era muy extraño que mi madrastra tuviera ese comportamiento. Se lo estaba tomando en serio eso de preocuparse por mí.

-¿De qué hablas? Me he levantado no para volver a dormirme. Además, ¿desde cuándo decidiste preocuparte por cómo me siento?

-Elysa, yo siempre me he preocupado por ti. -Ese comentario me hizo carcajear. -No entiendo por qué te ríes.

-Por Dios, Carolyn. Tú jamás en la vida te has preocupado por mí así que no me vengas con tus estupideces. No seas hipócrita.

-No tienes por qué tratarme de esa manera. Sabes bien que he hecho muchas cosas por ti.

-¿Ah, sí? ¿Te las menciono? Porque tengo una lista de lo que se supone que has hecho por mí y ninguna de esas cosas son ejemplos de preocupación.

-¿Qué hay de tu auto, tu educación?

-Eso lo paga la pensión de papá y lo sabes. ¿Y de cual educación hablas? Estuve toda mi adolescencia metida en el infierno mismo. De verdad, Carolyn. No seas hipócrita. Tú no has hecho absolutamente nada por mí.

Elysa¡Lee esta historia GRATIS!