EL PASADO EN MIS PRESENTES

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Ha pasado una semana ya y sigo acostada en mi cama, no me hace bien lo sé, pero solo quiero hacer esto. No espero nada bueno y no quiero esperar nada si lo único bueno se fue, no espero consolaciones y no quiero ayudas sentimentales, no quiero palabras dulces. Y mis padres se preocupan.
He leído hace tiempo que el único momento en que se olvida todo es a la hora de dormir, ¿realmente es así? Lo único que comprobé es que ahí lo he vuelto a ver una y otra vez cada noche de estos días, soñé que lo encontraba parado en la puerta de mi casa, después de volver corriendo al escuchar esa noticia, con un  traje de color celeste, su color favorito, que le hacía juego con sus ojos, y tenía recogida su melena un poco larga y al verlo lo abrazaba fuerte. Solo me decía todo está bien, siempre estaré aquí. Mi mama toca la puerta, yo me doy vuelta y miro hacia la ventana, sin darle respuesta, ella abre igual, ve el plato de comida sin tocarlo una vez más, se sentó al lado mío en la cama y con una mano sobre mi  hombro me dijo:
—Sara… debes comer, la vida debe continuar y no puedes quedarte ahí siempre, ya no puedes hacer nada para cambiar las cosas. Sé que lo amabas, se cuanto lo extrañas pero no diré que él no hubiera querido verte así. Pueden pasar muchas cosas en la vida pero los recuerdos por amar a esa persona quedan y no debes dejarte estar por eso debes sonreír y vivir con el amor de ese recuerdo, intenta salir adelante.
A eso se levantó y cerró la puerta, esas últimas palabras me hicieron entrar en razón debía vivir con los recuerdos felices de que hubo alguien que me quiso y cuido pero en el fondo sentía que no merecía nada más, una vida sin el amor de la persona que amo no es una vida, observo nuestra foto juntos en el escritorio, me recosté a llorar.
Por la tarde se huele el olor de algo haciéndose al horno, era el olor del pastel de chocolate con almendras, no tuve opción así que me levanté, me di una ducha, me cambié y decidí a salir del cuarto. Antes de salir observo nuestra foto nuevamente, no debo seguir mal, si decido cambiar, perdóname le dijo la agarro y la guardo en el cajón y salgo, bajo por las escaleras lentamente hacia la cocina, me asomo por la puerta.
—Hola má.
—Hola hija, ¿a cuánto que notaste que hice tu comida favorita? —Mientras sacaba el pastel del horno y me servía yogurt.
—Lo note un poco. —Sonrío apenas, voy lentamente y me siento a comer.
—Hola hija que linda sorpresa verte con nosotros en la mesa. —Aparecía mi papa por detrás.
—Hola pá —saludo nuevamente en voz baja, aun sentía la necesidad de estar a solas y hablar en tono bajo me hacía sentir invisible.
—Mañana empezás las clases —me decía mi papa mientras robaba mi porción de pastel.
—Si no quieres comenzar no lo hagas, te entendemos —me decía mi mama.
—No está bien, si iré.
Mis padres al escuchar eso se miran sonrientes, es bueno verlos así, no quisieron hablar mucho de cómo estaba quizá los hacía sentir con vergüenza o eso notaba preguntar. Una pregunta que era factible que la respuesta sea que no estoy bien.

Al terminar de comer por la noche, me pongo a preparar todo para el día de clases de mañana, era el último año, revisando las carpetas veo muchas escritas con frases de amor y mensajes de Christian, me congele por varios minutos. Las leí detenidamente, cada una recordando cada momento en que las escribió como si fuesen en este mismo instante sentí por un momento tenerlo a mi lado diciendo te extraño. Sentí su mano junto a la mía diciendo estoy bien y me secaba las lágrimas sonriendo diciendo siempre viviré en tu corazón. Me costó, pero debo dejarlo ir y me tome el trabajo duro mientras lagrimeaba para forrarlas algunas directamente no aguante y las rompí. Al pasar el tiempo me enojé conmigo misma y terminé pateando el escritorio, me tiré en el suelo apoyada sobre el borde la cama y me dormí.
A la mañana siguiente me levanté con un dolor de cuello muy fuerte, levanté algunas cosas del suelo, preparé todo rápido, no me preocupé por arreglarme mucho no me importaba y salí. Cuando llegué no quería que nadie me notara, por eso me puse la capucha de mi buzo pero no funcionó para muchos, sobre todo porque sin darme cuenta, me la saqué para ver el mural que habían hecho para él sobre un pizarrón ubicado afuera de nuestra aula que decía: En memoria de nuestro recordado amigo, Christian Rivera y se lo decoraba con un collage de sus fotos en las cuales algunas estaba yo.
Quería salir corriendo, me empecé a sentir mal, me enojé que lo hagan sin avisarme, y mientras todos me miraban me empezó a dar vueltas, por lo cual comencé a gritar y arrancar todas las fotos, a patear y golpear el pizarrón, dos profesores me agarraron de ambos brazos y me arrinconaron contra la pared, intentaron calmarme pero terminé sentada en el suelo llorando y acabe en la oficina de la directora.
—Hola Sara Cabret. —Me recibe con un cálido abrazo y se muestra complaciente, yo apenas llego a decir un hola en voz baja y me siento—. Lamento lo sucedido haya afuera, sé que debimos avisarte, estuvimos mal, pero sé que te encuentras mal y llamaré a tus padres para que te tomes un descanso y vuelvas cuando estés mejor. —Al escuchar eso me sorprendí aunque me lo esperaba.
—¡¿Qué?! ¡No! no lo haga, me encuentro bien, enserio. Acepto sus disculpas, pero quiero estar en clases, me hará bien despejarme. —Sé que no me haría bien, pero tampoco quería a mis padres mal.
—¿Estas segura? —me pregunta confundida.
—Si estoy segura —le respondo con una sonrisa.
—Bueno, si te sientes mal no dudes en venir conmigo.
—Muchas gracias. —Salgo más aliviada.
Cuando voy camino al aula me encuentro que ya han retirado el mural, la clase ha empezado y veo por la ventana de la puerta a todos mis amigos y un asiento en el fondo libre, ideal para mí. Abro la puerta y me dirijo directamente al fondo sin decir nada, mirando hacia abajo y sin siquiera cerrar la puerta. De reojo los veo a todos mirándome como si fuese una especie de alíen, me siento y miro hacia arriba y aun todos con su mirada hacia mí, y veo al profesor que va cierra la puerta y dice:
—Bueno ya estamos todos y miren hacia el frente que yo estoy acá. —Le sonrío agradecida, ya que entendió que no quería ser el centro de nada.
A la hora del almuerzo me siento sola en un banco del patio y se me acerca Pet el mejor amigo de Chris y se sienta al lado mío, no nos decimos nada por unos minutos hasta que él comienza a hablar.
—Recuerdo cuando lo conocí que tenía ocho años iba con mi bicicleta andando y en una curva mal doblada terminé yéndome hacia un lago, cercano de la plaza era bastante hondo para mi edad y más aún que no sabía nadar y de repente siento que alguien me lleva hacia la orilla, ¿qué chico de ocho años salva la vida de otro? —Lo miro y me alivia sentir que no soy la única hundida en los recuerdos.
—No tengo ganas de estar acá —le digo mirando hacia adelante.
—Yo tampoco, ¿y si nos escapamos? —le sonrío.
Y sin dudarlo nos vamos con su auto.
—¿A dónde te gustaría ir? —me pregunta antes de arrancar.
—Siempre me gustaron las lugares salvajes —le respondo mientras enciendo el estéreo.
—Buena elección, conozco un lugar cerca de acá. —Y arranca.
En el camino no hablamos mucho, él se concentró en conducir y yo en disfrutar del viento refrescante que me daba sobre cara. Nos miramos y sonreímos un par de veces, en personalidad se parecen mucho, les gusta disfrutar del mundo al aire libre y sonreír todo el tiempo por cualquier cosa. La única diferencia es que al él le gusta beber bastante razón por la que no me sorprende tenga un cajón atrás, ya que siempre lleva uno y ama el deporte con locura por eso ha ganado mucho físico desde chico. No nos hemos hablado casi nada a pesar de que lleva una relación muy cercana con Chris pero seguramente el conoce mucho de mí.
—Y ya llegamos, selvática Sara. —Mientras me abre la puerta para que salga, estamos a orillas de un rio.
—Es muy lindo —le digo sorprendida mirando el paisaje.
—Siempre vengo acá para estar solo y pensar sobre… cosas. —Lo miro sonriendo y salgo corriendo a meterme a la orilla del rio.
—¿No deberías sacarte la ropa para hacer eso? —me grita bromeando.
—Soñá con que pase eso. —Mientras el saca el cajón de cerveza y se sienta sobre un árbol a beber—. ¿Me invitas una? —le digo mientras salgo.
—Con gusto. —Abre una y me la da.
—Dime, ¿qué te conto sobre mí? —le pregunto con ansias de saber.
—A ver déjame pensar… que eres gritona, te tiras pedos, y no te bañas por semanas. —Mientras se ríe.
—¡Eyyy, eso no es verdad! vamos cuéntame. —Le insisto mientras lo empujo.
—Bueno, bueno ya te cuento. Que te gusta escuchar música tranquila cuando sales cada mañana a caminar, que te gusta ver la luna llena, por eso lo anotas en tu agenda cuando se acerca ese evento. Que te gusta ver tus fotos de chica porque amas recordar tu niñez y que te gusta ver la ventana de tu habitación antes de salir de ella. —Noto que me lo dice con un tono melancólico, quizá recordando cuando Chris se lo ha contado.
—Muy detallista, todo lo que recuerdas. —Lo miro fijamente.
—Puede ser. —Mientras sigue tomando.
—¿Puedo tomar otra? —Mientras intento agarrar otra.
—Diría que sí, pero… ¿en qué momento te la bajaste tan rápido, si estaba por la mitad? —Me detiene la mano.
—En el momento que menos me mirabas. —Lo empujo para tomar otra.
—Vamos que no quiero que llegues borracha a tu casa, si ya no lo estas y siempre te miro. —Eso último lo dice en voz baja y me empuja nuevamente pero hacia el suelo y él se levanta.
—¿A qué te refieres con que siempre te miro? dime a que te refieres. —Lo miro entendiendo todo.
—Nada, solo que siempre te mire. —Agacha su cabeza—. Creo deberíamos volver —agrega.
—Me trajiste acá, no para distraerme sino para estar conmigo ¿no? ¡Era eso! —Me enojo, no lo entiendo, ¿porque me hace eso? lo empujo, le golpeo el pecho, luego lo abrazo, y me pongo a llorar.
—Discúlpame, no quería eso, pensé que te había olvidado de esa forma después de lo que paso, pero no puedo —responde a mi abrazo.
—¡Te odio! ¡Te odio! —Me alejo de él—. ¡Te odio! —le grito más fuerte, como nunca lo hice, él se agarra la cabeza. Yo me acerco, lo abrazo nuevamente—, perdón —le digo al oído, lo miro.
—Perdóname vos. —Me mira y lo beso. Nos besamos mirándonos. Luego nos acostamos en el césped quedándonos dormidos.
Cuando despierto, ya es de noche, y lo veo a él paseando sobre el rio, me miro, no puedo creer lo que hice. No entiendo el porqué, quizá fue porque bebí. Me arrepiento mucho, me siento y me pongo a llorar, quiero irme, me desespero. Veo las llaves en el auto me siento adelante y arranco.
Pet se da cuenta, viene corriendo y gritando pero no lo escucho, y me marcho, voy llorando por el camino. Acabo de traicionar a mi único amor aprovechándome de su ausencia, me siento la peor persona del mundo, conduzco por varios minutos, acelero gritando en un intento de desahogarme quitando todo sentimiento de dolor, no doy cuenta por donde voy, tampoco me interesaba saberlo. Veo un auto de frente que me hace luces, no puedo ver, voy demasiado rápido. En un segundo lo tengo delante de mí, no intento volantear, quizá buscaba esto. Una forma de sentir paz conmigo misma. Quería dormirme y vuelco hacia el bosque, doy varias vueltas y término cayendo a un lago.
Veo como entra agua adentro, no intento nada, me siento en paz así, y veo todo el pasado en mi presente.

El lago de los recuerdos¡Lee esta historia GRATIS!