De la luz a la oscuridad

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Kate y yo habíamos subido al auto. Pasaríamos a su casa por el regalo de Kim. Eran las 4:15 PM. Llegamos al orfanato en 20 minutos, consecuencia del tráfico.

Por fuera, el lugar se veía bien. Tenía un aspecto rústico, algo muy llamativo; y por dentro era todo un mundo de arco iris, princesas, magia y seres míticos y fantásticos.

Entramos y se nos hizo extraño que Daniela, una de las encargadas del cuidado de las pequeñas, no estuviera donde siempre. Algunas niñas correteaban por allí como si nada pasara, pero tenía un mal presentimiento. Kate y yo nos miramos.

—Quizá sea paranoia mía, pero siento que algo no está bien...

—¡Katherine! ¡Elysa! —Era Miranda, otra chica que cuidaba del lugar. En cuanto nos vio, comenzó a acelerar más el paso, hasta correr. Ambas la observábamos incrédulas, nos acercamos y conforme ella iba llegando hasta nosotras, notamos que estaba llorando. —¡Qué bueno que llegan! —Se aventó a los brazos de Kate.

—¡¿Pero qué pasa?! ¿Por qué lloras? —Miranda estaba en verdad como loca. No le conocía de esa forma. Kate comenzó a desesperarse de ver que aquella chica no le contesaba. —¿Donde está Daniela?

—Daan... Daan está en el hospital...

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Le pasó algo? —Miranda no dejaba de llorar y eso comenzaba a desesperarme. Le pedí a Kate que llamara a Daniela.

—No podrá contestarte. —Hablaba entre sollozos. —Acabo de hablar con ella. Tenemos que irnos.

—¿Irnos? ¿A dónde?

—Se trata de... de Kimberly...

Aquel que me conociera lo suficiente, sabría sobre el enorme cariño que le tenía Kim, y la verdad es que sentí el mundo venirse encima de mí con solo escuchar eso: "se trata de Kimberly". Ahora era yo quien se había alterado. Aparté a Kate y me enfrenté a Miranda.

—¡¿Kim?! ¡¿Qué pasa con Kim?!

—La niña y la madre Alice salieron a tomar un helado por el cumpleaños de Kim... Y... —Se echó a llorar. —...El taxi en el que iban... Ellas... Tuvieron un choque.

Estábamos en la sala de espera. Yo no había dejado de dar vueltas, esperando a que el médico nos diera alguna noticia. Me desesperaba. Necesitaba golpear algo, gritarle a alguien. Yo era muy impaciente, y el ser inconsciente de algo extremadamente importante me ponía eufórica. No era fumadora ni alcohólica, sin embargo, imaginaba la típica escena de alguien desconsolado que va a un bar para ahogarse en el alcohol y con un sinfín de polillas de cigarrillos.

Kate trataba de tranquilizarme, sin tener éxito. Ella sabía que era mejor alejarse de mi, dejarme sola y esperar a que me calmara, pero jamás lo hacía. Yo solía ser muy agresiva cuando me enojaba, cuando me frustraba, pero eso a ella no le importaba, no me dejaría sola. Tenía muchas, pero muchas ganas de gritarle a todos que se fueran muchísimo al carajo y que nos dejaran solas a Kim y a mí, quería entrar a la habitación sin permiso y sin importarme nada. Pero decidí hacerle caso a mi mejor amiga, Kate siempre quería lo mejor para mí, y eso debía ser motivo para obedecerle. No sé cuánto tiempo pasó, solo sé que sentí una eternidad estando allí. Hasta que por fin, una enfermera salió y, detrás de ella, el médico.

—¿Familiares de Kimberly Hagen y Alice Marie Claus?

Hacía un rato que Marce había llegado, para pagar los gastos del hospital, aunque también lo hacía por el enorme cariño que le tenía a mi pequeña Kimberly y a la madre  Alice. Nos acercamos al médico. Su mirada me transmitió preocupación.

Elysa¡Lee esta historia GRATIS!