☣ Capítulo 3 ☣

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Victoria Onisse

Definitivamente hay algo fuera de lo normal y todos pueden percibirlo.

En un día ordinario de mi vida, yo debería pasar desapercibida la mayor parte del día al menos hasta que los siete demonios decidan que quieren jugar un poco y reírse a mi costa, pero ni una cosa ni la otra han sucedido normalmente.

En cuanto entré en el instituto mi instinto gritó como nunca que salga corriendo y me suba al primer bus que me saque del país, si no lo hago, algo malo va a suceder. Como siempre, desobedecí aquella linda intuición que me pone a salvo y me mantiene con vida y me dirigí a mi primera clase. Lo primero que noto que es extraño, es la forma en que "alguien" me observa, y no hablo de cualquier "alguien" y mucho menos hablo del misterioso.

Los siete demonios tienen su mirada fija en mí.

Prácticamente corro dentro del salón de clases y agradezco mil y un veces el hecho de no tener que compartir ninguna clase con ninguno de ellos ya que la mayoría están en segundo grado -ni si quiera con Seth, quien a pesar de tener las mismas asignaturas que yo, las ve en otro horario-. Casi sonrío al ver a la señora Stone entrando para comenzar a dictar su clase. Me abstengo de hacer comentarios que puedan enojarla y me dedico simplemente a prestar atención a la clase, algo jamás visto.

Estoy tan nerviosa que choco con todo y todos mientras camino de una clase a la otra. Mi mayor temor es encontrarme con los siete demonios, pues ahora no sé de qué son capaces. Si antes me molestaban solamente al verme casualmente, ¿qué harán ahora que parecen poner toda su atención en mí? Cuando al girar en una esquina cerrada, justo antes de llegar a mi clase de sistemas, los veo a los siete agrupados junto a la puerta, poco falta para que me desmaye justo en este lugar. ¡¿Qué hacen ellos ahí?!

Una de mis mayores ventajas dentro del instituto es el hecho de que los siete demonios están en clases más avanzadas, a excepción de Seth, y, por consiguiente, yo no debería tener que verlos la mayor parte del día. ¡Ahora me los encuentro hasta debajo del tapete! Considero seriamente no entrar a clase, pero luego recapacito. No podía perder una de las clases que menos odio solamente por ellos. Sujeto con fuerza mi mochila contra mi pecho, acto que se está volviendo una penosa costumbre, y camino directo a ellos con una seguridad que en definitiva no siento. Antes de que llegar sus miradas se dirigen a mí, todos con excepción de Seth muestran sonrisas maquiavélicas mientras que el menor de todos simplemente se ve pálido.

–La fierecilla llegó finalmente. –se burla Evan. No pensaba responderle, simplemente pasaría de largo y entraría en mi clase. Sólo eso.

–Parece que no te quiere prestar atención. –dice Rodrigo justo cuando paso a su lado. Falta poco. ¡Ya casi llego! Mi corazón late a mil por hora. El miedo comienza a llenarme y ese miedo comienza a convertirse en ira. ¡¿Por qué no pueden dejarme en paz?!

Pecar para amar¡Lee esta historia GRATIS!