FINAL: Capítulo 58: "Bienvenida".

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8 meses después

—Mamá por favor, no puedo aguantar máaa... ¡aah! —un dolor muy grande me invade. Nunca me he sentido así.

—Contracciones cada 15 minutos —dice mi hermana alarmada, mirando a Riley y Danna. Las dos están nerviosas. Se nota en sus miradas. Mi barriga está enorme. Parecía que no crecía, y de repente, creció, vaya que sí creció.

—Venga ya, que no es para tanto... —dice mi madre despreocupada entrando al salón. Estoy en el sofá de cuero de mi casa, sentada, con la mano cogida a la de Alli, retorciéndome de dolor. —En una primeriza, se tarda tanto en tener al bebé que nos podemos tirar aquí hasta ma...

—Acabo, de, romper, aguaaas —digo entrecerrando los ojos y poniendo una ligera mueca de dolor. Me levanto del sofá mojado, y empiezo a dar vueltas soplando lentamente. Mi madre, sube corriendo a mi habitación, y me trae otros pantalones. Me ayuda a cambiarlos —William donde cojones estás... —susurro mientras me cojo a mi madre.

—Son las 9 y media, lo llamamos hace dos horas, no creo que tarde mucho... —dice Riley mordiendo sus uñas, típico de ella cuando está nerviosa. En ese mismo instante, llaman a la puerta. El dolor es intenso, pero no cuando me dan esas contracciones. Poco a poco me empapo en sudor, así que Danna coge una coleta, y me la hace suavemente. Llevo una camiseta de manga corta morada, con unos leggins color azul marino, y converse negras. Me toco la barriga. Pienso en el dolor que sentí cuando me partí la clavicula, hace muchos años. Esto, no es nada comparado. Mamá va a abrir, y William, con una camiseta de manga corta azul, y vaqueros claros, aparece corriendo. Tiene barba de bastantes días, y antes a él no le salía a penas. El pelo se lo había cortado, ya no lo tenía largo, pero le queda bien.

Cuando lo veo, parece que no ha pasado ni un solo segundo en nuestros corazones.

Se acerca a mí, y me da un beso en la frente sudorosa.

—Estás horrible —dice con una media sonrisa. Yo, mientras soplo lentamente, río un poco.

—Gracias, tú también estás guapísimo —me toca la barriga. Me siento feliz de que lo haga. Él sonríe

—Chicos —llama la atención nuestra madre. —Luke está al venir, iros vosotras. Has roto aguas, necesitas irte ya —se acerca a mí y me abraza, aunque con dificultad. Mi enorme barriga se lo impide.

William, Alli, Danna, Riley y yo, vamos al coche de él. Me siento en el asiento del copiloto, y William me mira, aunque no quiera admitirlo, nervioso.

—Todo va a salir bien —susurra él. —Voy a estar a tu lado —no puedo hacer otra cosa que no sea regalarle una sonrisa. Hoy es jueves, 27 de abril. Mi bebé, el cuál no sé de que sexo es, se retuerce dentro de mí. No hemos pensado nombres. No hemos pensado nada.

Llegamos al hospital John Radcliffe, de Oxford, en 15 minutos. Me había dado una contracción más durante el camino. Pero ahora estoy bien, entre comillas. Cuando llegamos al hospital, vamos al mostrador, y William dice mi nombre. En vez de ir a la sala de espera, pasamos a planta directamente. Estoy en una silla de ruedas.

—Contracciones cada 8 minutos —dice Alli aún más nerviosa cuando grito con fuerza.

—Joder, el niño está aquí —dice Danna acercándose a la silla, y empujándola para darme pequeños paseos. Sigo soplando, lenta y suavemente. Después de 20 minutos, una enfermera de unos 50 años pelirroja, viene a por mí. Quita a Danna bruscamente de la silla. Esta última, le echa una mirada de asco a la pelirroja.

—A ver Carla, te voy a dejar con mi compañera. Tu habitación está preparada, ella te ayudará —la amargada me detiene en la habitación 21. Una chica, que me resultaba muy conocido, sale de esa habitación. Es rubia, y tiene los ojos muy azules...

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