Prólogo

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...Cree en el mañana, cree en el Sol, en la Luna y las Estrellas que, estando tan lejos de ti, alcanzas a ver su luz, esa luz propia que cautiva a tantas personas... Jamás te sientas sola, recuerda que te he prometido estar siempre contigo, y así ha sido, así es y así será.
Aún recuerdo el día que naciste: eras tan frágil, tan pequeña... pero no respirabas; habías nacido sin vida, estabas muerta. Me sentí desdichada, porque esperé demasiado para tenerte conmigo, y cuando por fin saliste de mi vientre, tu alma no estaba en tu cuerpo, tu mente viajaba en otra dimensión, no existías como tal... Me quedé consternada, sin habla, ni siquiera sentí mis lágrimas caer por mis mejillas, era doloroso que estuvieras conmigo pero a la vez tan lejos de .
No te escuchaba llorar, ni quejarte, no hacías nada, no te movías... Estaba devastada, sentía enormes ganas de gritar pero el impacto me mantuvo en silencio.
Alcancé a ver como algunas enfermeras hacían movimientos de lo más veloces, algunas eran algo torpes, pero todas se enfocaban en querer provocarte aunque fuera un suspiro. Se movían tanto, vi como te conectaron a un aparato, te inyectaban medicamentos, hacían de todo para devolverte la vida.
Yo estaba débil, no podía levantarme para al menos ver más de cerca los intentos absurdos por revivirte. Me quería morir, quería estar en tu lugar. ¿Qué sentido tenía vivir sin , a quien por tantos meses estuve esperando, cuidando, amando desde el día que me anunciaron que llegarías?
Pasaron alrededor de 40 minutos, y se me hicieron eternos... Los doctores y la enfermeras no te querían dejar morir, mucho menos yo...
Pero en fin, se dieron por vencidos. Grité, me angustie... No sabía que hacer, sólo te quería entre mis brazos, llenarte de besos, ¡de amor!

¡Pero Dios es tan grande!

Lo... sentimos muchísimo, señora Kleist. Su hija no ha...
Un hermoso quejido interrumpió al doctor. Un pequeño ruido, un lloriqueo que provenía de un bebé... Una bebé. Eras . Estabas viva, al fin. Ambos miramos consternados, ¡te movías! ¡Estabas llorando!
¡Doctor! ¡Es la niña!
Los ojos se me hicieron agua. Me emocioné, me exalté tanto que, involuntariamente y por impulso di un salto de la camilla para ir a verte, a ti, a mi anhelo más grande... Y por fortuna, ni el doctor ni las enfermeras me pidieron volver a mi lugar de reposo, y aunque lo hubieran pedido, no lo haría, sólo me importabas tú. Pero antes de poder tomarte en mis brazos, te llevaron a revisión. Por suerte, estabas fuera de peligro.

Luego de un rato, una enfermera llegó contigo y al fin pude sostenerte... Una de mis lágrimas cayó en tu mejilla. Dormías como el bello ángel que eres.

Eran alrededor de las 3:30 AM cuando llegó tu padre. Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro. Él estaba feliz, ambos lo estábamos. Recuerdo que me miraba con ese brillo que sus ojos siempre tuvieron.
—Gracias, Lys. —Me dijo con un nudo en la garganta.
Besó mi frente y se quedó con nosotras el resto de la noche.

Por desgracia, tu padre y yo nos habíamos separado. Antes de saber que llegarías a nuestras vidas, tuvimos muchas complicaciones como pareja. Anticipadamente nos dimos cuenta de que nuestra relación amistosa era mucho mejor que condenarnos a vivir un matrimonio de discusiones y disgustos.
Acordamos ser amigos, pero al poco tiempo, supimos de ti. Aún así, tu padre ya había conocido a quien ahora es su esposa, pero por supuesto que aquello no le impediría verte y estar contigo.

Siempre que le escuchabas llegar, te escondías o corrías directo a la puerta y saltabas a sus brazos para llenarle de besos.
¿Recuerdas cuando te regaló a tu osito de peluche? Creo que no, apenas tenías tres años, pero igual ibas con él a todas partes, jamás lo soltabas. Era lo que te recordaba a tu padre más que cualquier otro regalo que él te haya dado.

Cariño, la vida es un hermoso azar: un día te encuentras jugando con muñecas y al otro te conviertes en la madre de una hermosa princesa. Lo que quiero que entiendas es que hallarás tanto obstáculos como ventajas, pero eso estará de más mientras tengas siempre presente tu meta. Te desviarás del camino en algunas ocasiones, es por ello que debes dejar marcas, pues habrá quien venga detrás tuyo y verá tus huellas, entonces te ayudará a volver a tu sendero o se perderá contigo, pero jamás olvides de donde vienes y verás que poco a poco vas a descubrir quien eres.

Te ama por siempre, tu madre.

Elysa¡Lee esta historia GRATIS!