Capítulo 8

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Capítulo 8: Tu mundo

—Di algo —me pide, al ver que no contesto.

Trago saliva y trato de mirar a todos los los lados excepto a ella. Me acuerdo de cuando estaba a principios de secundaria, cuando un chico de la clase me pidió salir de una forma muy linda... Salí corriendo de allí y terminé vomitando ante la tapa del váter. Nunca sé qué hacer en estas situaciones.

Claramente esto no es una simple declaración adolescente, soy consciente de ello.

—¿Y si nos conocemos mejor? —propongo finalmente sin pensar.

Es fácil ver que la he desconcertado un poco al hacer tal proposición. Ella me hablaba quizá de un modo en el que se requieren menos compromisos, y yo prácticamente le he propuesto salir.

No sé si Lucy me gusta. No sé si las chicas me gustan de por sí. Pero tampoco pasa nada por descubrirlo, ¿no? Digo, dudo que mi padre y Cassandra se enteren ya que están trabajando casi todo el día o de "citas" entre ellos, y tanto Lucy como yo se ve que mantenemos nuestra vida privada en un lado discreto.

Pero, apartando a nuestros padres, ¿eso de salir con alguien de tu mismo sexo no era pecado?

—¿Me estás pidiendo salir? —pregunta confusa tras un incómodo silencio.

Esa pregunta solo provoca que haya mas tensión en el ambiente.

Me limito a asentir.

—Vale, me parece bien —admite finalmente con una sonrisa.

—Lucy —la llamo.

—¿Si?

—¿Es pecado que una chica salga con otra chica? —pregunto.

El silencio vuelve a concentrarse entre nosotras. A primera vista parece estar pensando. Repito; parece.

Nah... No lo es —responde y me saca la lengua. —Dios dice que nos quiere a todos igual y que quiere nuestra felicidad, si eres feliz con una chica, pues entonces, no es pecado —sonríe satisfactoriamente.

—Ah, vale, está bien —dedico una tímida sonrisa. —¿Qué pasará con Lily? —voy directa.

—Mientras esté contigo no estaré con ninguna otra —me guiña un ojo y me da un pico en los labios que provoca un ardor en mis mejillas.

—Creo que deberíamos de ir a dormir —miro mis pies.

—Cierto, vamos —me toma del antebrazo para subir las escaleras.

—Buenas noches —digo arriba y me marcho en dirección a mi habitación.

Ella no dice nada más. Parece pensarse por un momento qué hacer, pero termina lléndose a su habitación con una sonrisa de satisfacción.

Yo entro en mi habitación y me envuelvo entre las sábanas. Cada vez que hablo con Lucy trato de aparentar que no estoy nerviosa, pero en verdad es muy difícil no ponerme a tartamudear.

Cada vez que se acerca tanto, siento una corriente de electricidad atravesar con rapidez mi zona íntima. La verdad, no sé si eso exactamente me gusta o no. Es como comerte una cucharada de Nutella y quedarte con ganas de más.

Tras unos minutos pensando en sus oceánicos ojos, su sedoso pelo, su acalorado tacto... Basta. Bueno, el caso es que, por fin, quedo dormida.

(...)

Despierto por la agradable luz del sol mañanera. Miro la hora; son las 11:47, soy una maldita vaga. Pero anoche me dormí muy tarde, está justificado. Bostezo y me pongo las zapatillas mientras hago el típico movimiento de rascarme los riñones por las mañanas.

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