☣ Capítulo 2 ☣

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Seth Argall

Caminé por el pasillo saliendo de mi clase de cálculo con los puños fuertemente apretados dentro de los bolsillos de mi chaqueta. Tengo un pésimo mal humor desde hace un par de días y realmente estoy a punto de golpear a alguien. ¡Estúpidos amigos que tengo!

Hace dos noches, los chicos habían decidido salir a correr un poco y yo, como siempre, debía estar cerca para salvar sus estúpidos traseros en caso de que las cosas se salieran de control... como siempre suele suceder. Todo iba muy bien, al menos los primeros quince minutos, pero ¿era completamente necesario que se encontraran con turistas en el momento exacto en el que se transformaban, solamente para contradecir mis palabras?

Explicaciones a policías, a los turistas y por supuesto al Alfa de la manda, ¡todo eso tuve hacerlo yo solo! Los imbéciles que tengo como amigos y tutores escaparon en la primera oportunidad que tuvieron. Claro, para ellos es demasiado fácil, una simple transformación y son tan rápidos o incluso más que cualquier auto deportivo. Yo por otro lado... simplemente soy un humano ordinario que aún no ha podido hacer el juramento para entregar su vida a nuestro dios y salvador, es decir que todavía no he logrado transformarme y por consiguiente sigo esperando para poder sentir el poder de los lobos en carne propia.

Evan y los demás fueron castigados pues claramente acusé su falta de responsabilidad y ellos habían tenido que rendir cuentas al Alfa, pero al final de todo, el malo quedé siendo yo. El Alfa pensaba que yo les había permitido tal comportamiento y para los chicos yo era una especie de traidor por delatarlos. ¡Nadie entendía por qué hice lo que hice y ahora yo era el malo del paseo!

Mi humor no mejoró este día cuando descubrimos que aquella chica, Victoria, nos observaba de forma tan abierta y cínica. ¡Que chica tan molesta! ¿Por qué no podía pasar simplemente sin dirigir una sola mirada para no sufrir? Seguramente le gusta ser maltratada, de otra forma no se habría quedado casi diez minutos mirándonos como una retrasada.

Definitivamente no me gusta que ella sea el objeto de burla de mis amigos y realmente no puedo entender a los chicos por hacer lo que hacen, pero ellos si entienden muy bien sus razones. Yo aún no soy capaz de percibirlo, pero ellos hacen mala cara y una mueca de disgusto cada vez que ella se acerca, el motivo es su olor. Adam aseguró una vez que el aroma que Victoria desprende es tan asqueroso que poco falta para que salga corriendo, pero algo en su expresión al decirlo me decía que el olor le disgustaba no porque sea asqueroso, quizá es un aroma tan placentero que lo saca de quicio. A él, a todos.

Supe que este definitivamente no iba a ser mi día cuando, por no prestar atención al camino frente a mí, terminé chocando y cayendo de espaldas al suelo dándome un fuerte golpe. No me detengo a mirar quien ha sido el causante de mi caída porque inmediatamente me pongo de pie dispuesto a gritarle a aquél estorbo.

– ¿No puedes fijarte por dónde...? –mi voz quedó rápidamente apagada al ver, arrodillada en el suelo tratando de recoger con desespero un montón de hojas esparcidas a su alrededor, a aquella chica que parecía perseguirme. ¡¿Por qué debo encontrármela en todas partes?!

Pecar para amar¡Lee esta historia GRATIS!