Este es el último capítulo. Sí, se que ha sido corta pero ya dije en la nota del autor que tenía que serlo para tener segunda parte. No me odiéis por lo que va a pasar, os lo pido jajajajaja. Muchas gracias por cada comentario y por cada voto en la historia que, como ya sabéis, significan mucho para mi y me ayudan a continuar sabiendo vuestras opiniones y gustos. 

Bueno, la segunda parte llegará pronto, lo prometo. Se que tengo que continuar mi otra historia pero esa va a ser aún más corta que esta y tiene su sentido ^-^. De todas formas la mayoría de historias que vais a leer de mi serán así de cortas porque como las haga más largas no las acabo ( comprobadisimo ) Después de este capítulo haré un pequeño "Soundtrack" ya que me he inspirado con bastantes canciones.

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Noches de desenfreno, mañanas de ibuprofeno. Esa era la definición de mi estado. Me desperté cuando James intentó levantarse de la cama sin hacer ruido pero claro, fue totalmente inútil.

—Buenos días.—Dije mientras me giraba para evitar que me diera el sol en la cara.—¿Intentabas escabullirte?

— No, no creas eso.—Se volvió a meter en la cama.—Es que tus padres están en casa y me da vergüenza.

—¡Joder!—Grité, no recordaba que estábamos en mi casa.—Espero que no se hayan dado cuenta.

—Hola, ¿estáis resacosos?—Mi madre abrió la puerta con una bandeja en las manos.

—Dios santo.—Me tapé la cara con la almohada.

—No te preocupes, cariño. No pasa nada. Estáis con ropa.—Me pellizcó el trasero y por el sonido, deduje que había dejado la bandeja en el escritorio.—Os he dejado un par de pastillas junto al zumo de naranja. Vienen bien para la resaca. Tu padre y yo tenemos que irnos al médico, es algo rutinario, no te preocupes. Te quiero.—Sin darme tiempo a reaccionar se fue de la habitación y James comenzó a reírse a carcajadas.

—¿De qué te ríes?—Le tiré con un cojín con cuidado de no darle a la bandeja.

—Ha sido un momento incómodo.—Me quitó la almohada de la cara y puse una cara rara haciendo que ser riera más.—Bonita manera de conocer a tus padres.

—Sí, muy adecuada.—Me levanté y cogí un zumo. El paso del líquido por mi garganta fue tan placentero que hice un ruidito.—Anoche no hicimos nada, ¿no?

—Creo recordar que no. Ni siquiera recuerdo bien quien condujo hasta aquí ¿nos habrán puesto alguna multa?

—Espero que no.—Cogí el otro vaso y me senté en la cama.—Toma.

—Gracias. Zumo de naranja fresco por la mañana...creo que vendré a desayunar más a menudo.

—A mi no me importa. Nada en absoluto, de hecho.—Me terminé el zumo y al fin me quité el vestido para volver a sentarme en la cama.—Vete acostumbrando a esto si pretendes tener algo conmigo, me da exactamente igual que me vean desnuda.

—Me alegro porque a mi no me importaría verte desnuda más de vez en cuando.—Me atrajo hacia él y me besó.—Pero creo que hoy no va  a ser el día, no soy persona.

—¡Oh dios!—Me tumbé apoyando mi cabeza en sus piernas.—¿Es un buen momento para hablar de lo que queremos cuando ni siquiera hemos hecho el amor?

—Sí, así no interferirán mis artes amatorias.—Me reí. De momento James me parecía una apuesta segura para mi corazón.—¿Qué tal si empezamos a salir? Ya sabes, para conocernos y tal y lo que pase pues que pase, sin calificativos.

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