volvieron

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Pero como era de esperarse la atrapo, rápido comencé a subir las escaleras
—Mari déjame explicarte— corrió detrás de mí y me sujeto del brazo evitando que siguiera caminando
—Suéltame ahora mismo— le dije sin siquiera voltear a verlo
—Por favor escúchame— insistió pero simplemente tire mi mano fuertemente haciendo que me soltara, seguí caminando ignorando los llamados de Justin.
Llegue a mi habitación y la cerré recargándome en esta, por más que trataba de contener las lagrimas que se habían acumulado en mis ojos, no logre hacerlo más y estas cayeron empapando mi rostro. Me sentía tan estúpida, tan utilizada.
¿Como podía haberme hecho eso?
—Hermosa ábreme— escuche detrás de la puerta seguido de dos golpes en la puerta, me deslice aun recargada en esta hasta que llegue al piso
—Vete Justin— mi voz se entrecortaba
—Princesa por favor no llores déjame explicarte— se dio cuenta del sentimiento en mi voz
— ¿Que no llore?— reí amargamente — ¿Qué quieres que haga Justin, que esté muerta de la risa, o que haga de cuenta que nada paso?— las lágrimas aumentaban al igual que el dolor que tenía en el pecho
—ábreme y déjame explicarte.— pidió nuevamente pero no le respondí, no le abriría. ¡Me había engañado! ¡En mi propia casa! y todavía se atrevía a decirme que no llorara. Chris tenía toda la razón. Es un i*diota.
Rápido llego a mi mente Chris, si se enteraba de esto, no demoraría en matarlo. Aunque realmente no lo necesitaba, yo misma podría hacerlo con toda la rabia que se había creado en mi interior. Obviamente ni él ni Cait podrían enterarse.
—Tienes que escucharme yo llegue y...— comenzó a tratar de explicar pero otras voces lo interrumpieron
— ¡Mari Volvimos!— ¿eran mis padres?
Inmediatamente limpie mis lágrimas, me puse de pie y abrí la puerta. Hay seguía Justin estaba igual de sorprendido que yo,
—Son tus padres— se acerco para tomar mi mano pero retrocedí
—Pero en que buen momento llegaron— dije fríamente —Asi no tendré que explicar nada— llene mis pulmones con oxígeno mientras trataba de mantener la frente en alto
— ¿C...cómo?— preguntó sin entender
—Entre tú y yo no paso... y no hay absolutamente nada— hacia un gran esfuerzo por no desmoronarme y llorar sin parar, me dolía enormemente.
—No Mari, tu sabes que te amo y nunca podría herirte, déjame explicarte— volvió a acercarse a mi
—Déjame— lo que sentía era imposible de explicar, sentía unas fuertes punzadas en el estomago y en el pecho y lo que era peor no podía contener más las lágrimas. Las limpie con rabia nuevamente y le saque la vuelta, pero roso su mano con la mía y la tomo delicadamente
—No me hagas esto— susurro en tono de suplica
—Yo no hice nada— ¿cuando habíamos cambiado de papeles y ahora la mala de la historia era yo? —Cuando yo te decía que te amaba, no jugaba— mi intento por qué no se quebrara mi voz era inútil. Hice que me soltara y camine por el pasillo, hacia un enorme esfuerzo para controlar mi respiración y lagrimas. Llegue a las escaleras y logre ver a mis padres y a Ana. Cambie mi deprimente rostro por una forzada sonrisa, me alegraba mucho que ellos estuvieran de vuelta. Asi que Justin se iría junto con todas sus malditas farsas.

El niñero¡Lee esta historia GRATIS!