-Ya, Byron, deja de lamentarte como un idiota y mueve el culo -le espetó Beth frustrada.

-Sabéis que no pude controlarme, ¿verdad? Se qué fu e mi culpa, pero no fui capaz. Jopé, ella me lo pedía... -murmuró Byron apoyado contra la pared, en una posición fatal.

-Llevas repitiendo eso media hora. Ya lo sabemos, fue un pequeño despiste. Venga, déjalo ya. No vamos a pararnos ahora por esta tontería. Tenemos que irnos, Byron -le avisó Ruth agarrándolo de un brazo y alzándolo con fuerza.

La marca de la mano de Shannon seguía intacta sobre su mejilla. Ruth y Beth suspiraban fuertemente mientras Byron seguía con la mirada perdida en algún punto fijo de la pared.

-Ahora me odia, ¿verdad? -comentó perdido.

-Probablemente... ¡Ay! ¿Qué diablos te he hecho yo a ti? -exclamó tras recibir un golpe de Ruth.

-¡Que va! Estará ligeramente enfadada. Dentro de un ratito se le pasará, ya verás -afirmó Ruth convencida.

-¿Tu crees? Pues en ese caso iré a hablar con ella -exclamó feliz Byron echando a correr por los pasillos.

-¡Mira lo que has hecho, idiota! -le regañó Beth pegándole fuertemente en la nuca.

Byron se detuvo delante de la puerta del cuarto de los gemelos. Sabía que estaba allí, pues escuchaba la voz de los pelirrojos atenuada por la fría y metálica tonalidad de Shannon. Petó antes de entrar y esperó pacientemente a que le abrieran.

-Seguramente es Marlee -escuchó decir a Shannon mientras se acercaba con paso lento a donde Byron se hallaba.

Hizo girar el picaporte lentamente. La puerta se fue desplazando hasta chocar contra el pie de Byron. Shannon alzó la mirada y se encontró de lleno con esos ojos dorados preocupados y alarmados por lo que la aludiera pudiera hacer ahora.

-¿Qué quieres? -le preguntó sin rastro de emoción.

-¿Estás enfadada?

-Sí, no... No lo se. Ni quiero saberlo la verdad. Ahora, sí me disculpas...

-He venido a compensarte -le espetó Byron de sopetón, esperando alguna reacción positiva en su interlocutora.

-¿Y cómo piensas hacerlo? -preguntó Shannon interesada.

-Se que te mueres por venir con nosotros, Shannon -murmuró Byron cohibido- ¿Puedo entrar? Sí me escuchan, lo más probable es que me corren el cuello.

Shannon no lo dudó ni un momento. Byron se sentó sobre el colchón de la cama bajo la inquisitiva mirada de los pelirrojos.

-Adelante -dijo Shannon con la vista fija en su interlocutor.

-Nos vamos a las nueve en punto, ni un minuto más. Francine ha dicho que va a venir una amiga suya. No sabemos quién es. Lo que sí sabemos es que ella nos llevara a Gracielle.

-¿Y de que me sirve eso? Sin ella no puedo ir, ¿no?

-Shannon, déjame seguir. Tu y yo tenemos un vínculo. Lo he notado, pero aún no sabemos como utilizarlo para que nos sea útil. Sí en este poco tiempo conseguimos estimularlo lo suficiente, nos podremos comunicar mentalmente. Yo te diré con todo detalle como llegar a donde estamos, ¿vale? Pero tenemos que conseguir que ese vínculo florezca más, sino, no hay nada más que hacer.

-¿Cómo se estimula el vínculo? -preguntó Shannon cohibida.

Byron se rascó la cabeza nervioso.

-Bueno, para tener el vínculo completo, es decir, que podamos incluso teletransportarnos al lugar donde se haya el otro extremo del vínculo, deberíamos.... Ya sabes, tener rozamientos muy muy íntimos... Pero eso no lo vamos a hacer, no me mires así -Shannon se tensó ligeramente- La verdad es que ya lo estimulamos bastante antes.... Con el beso. Creo que deberíamos hacer algo parecido.

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