Capítulo 4.

193K 9.4K 831

El vestido era de un color verde esmeralda, tenía un escote moderado aunque para algunas personas podría llegar a ser bastante tentador y amplio, y el corsé estaba tan ajustado que le costaba respirar. Era demasiado, Emmie sabía valorar la belleza de ese tipo de vestidos y cómo hacían que algunas mujeres captasen la atención de una sala entera y fuese admirada toda una noche.

Pero el precio a pagar era un poco alto.

Se quejó por octava vez mientras terminaban de anudarlo. —¿No puedes soltarlo un poco?

—Así es como debe estar, solo lo hemos apretado lo suficiente para que cerrara, Lady Emmie.

—Quizás ha comido demasiados pasteles esta tarde —sugirió Kat y Jen la golpeó en el brazo.

—No — contestó Emmeline girándose—. Esto ha sido un complot de mi madre, estoy segura que le ha ordenado a mi modista hacerlo un par de centímetros más entallados —respiró profundamente-o todo lo que consiguió-, y se enderezó—. No hay tiempo suficiente para buscar otra cosa, así que tendré que aguantar. Tal vez lo olvide si encuentro algo interesante que hacer en la fiesta.

—Estoy segura de que lo hará, Lady Emmie. Beth tenía razón cuando dijo que iba a deslumbrar, mañana por la mañana todos estarán hablando de usted —alabó Kat.

—Y llegará en compañía de Lord Thornehill —agregó como si fuese un punto realmente importante.

Se miró al espejo por última vez comprobando que su peinado estuviese bien, no era algo muy elaborado, lo llevaba en su mayoría suelto como siempre, pero Jen había logrado armar un semirrecogido con bucles, y se mantenía en su sitio con ayuda de unos diminutos sujetadores con piedras del mismo color que el vestido, incrustadas en cada uno, al igual que en el collar que llevaba colgado en el cuello.

Salió de la habitación y caminó por el pasillo hasta llegar a la escalera. Comenzó a bajar con lentitud levantando la falda para no pisarla. Esos zapatos sí hacían ruido y Joseph, que estaba esperándola junto a sus hermanos, no tardó en notarla.

—¿Estoy muy atrasada? Lo siento, es que tuve un pequeño problema con el vestido —habló sin mirar hacia ellos, más concentrada en no rodar hasta la planta baja.

Entonces, no pudo ver la forma en la que todos estaban contemplándola.

Sebastian le dio una palmada en la espalda al otro hombre y señaló con los ojos que fuese a ayudarla. Pero era muy tarde, ella ya estaba a dos escalones de llegar y lo único que pudo hacer fue extender su mano hacia ella desde abajo.

—Oh —dijo con una media sonrisa—. Gracias.

Se dio cuenta de que Joseph no estaba nada mal y tampoco tan diferente. Él siempre lucía impecable, como si no hubiese ninguna clase de imperfección en su cuerpo. Esa noche, su cabello castaño claro o rubio oscuro, quizá un intermedio entre ambos, estaba peinado hacia un costado. Iba por completo de negro excepto por la camisa blanca que se asomaba desde dentro de su levita.

Beth aplaudió.

—Estás maravillosa. Oh, como lamento no ir a esa fiesta ahora, todos van a arrastrarse por ti.

—Por supuesto que lo harán. Pero tendrás mucho cuidado ¿verdad? —Dijo Sebastian arrugando la frente—. Hay muchos hombres con intenciones un tanto deplorables con señoritas preciosas como tú. No confíes en nadie, Emmie. Sabes todo eso ¿no?

Ella rodó los ojos, a la vez emocionada por la preocupación del hombre. Era increíble que en tan poco tiempo él la hubiese aceptado como parte de la familia y la protegiese de esa forma. Elizabeth había tomado una sabia decisión al casarse con una persona como aquella.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!