☣ Capítulo 1 ☣

85 16 10

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Victoria Onisse

–Lo llaman de muchas formas. Fenris, Lupus, Cancerbero, Roma, Seth y existen miles de nombres más. Nosotros lo conocemos como Satanás, el Lobo del Hombre. –no pude evitar soltar una leve carcajada. Sí, claro, como si cosas como Satanás o Dios existieran.

– ¿Qué le causa tanta gracia, señorita Onisse? –levanté la vista rápidamente de mi cuaderno hacia mi profesora de historia, la señora Stone -una mujer robusta de origen británico que siempre utiliza traje de etiqueta y un moño perfectamente arreglado sobre su cabeza. ¿Cómo es posible que no le duela estar todo el día tan bien arreglada? - y me encontré con que toda la clase me observaba con una mueca de disgusto. Genial, he llamado la atención de nuevo.

–Nada, señora Stone. –traté de negar mis palabras para librarme de la incómoda situación, pero está claro que ella no me dejaría ir tan fácilmente. No a su alumna menos favorita en todo el instituto Abbott.

–Si no le interesa el tema bien puede irse. Aunque no puedo negar que me extraña su actitud, después de todo, usted es griega. Debería interesarse más por los mitos y las leyendas de las distintas culturas. –torcí la boca en señal de disgusto. ¿Por qué siempre me tienen que estar recordando eso? ¡Ya es hora de que superen ese tema!

Como siempre, me limité a guardar silencio mientras tomaba aire pausadamente para tratar de calmar mis impulsos. Juro que, si de mí dependiera, ya me habría lanzado sobre la profesora para darle un buen escarmiento. Pero no, no puedo hacer eso si es que quiero continuar estudiando en esta escuela.

–Usted lo ha dicho, se supone. –le contesto a la maestra. –Mi apellido es solamente de decoración, un formalismo hacia mi padre, aunque no lo conocí. No tienen porqué gustarme estas cosas solo porque mi padre era griego y yo nací allá. Me crie en América y pienso como alguien de aquí. Espero no tenga problemas con eso, señora Stone. –afortunadamente para mí, el timbre sonó mostrando que podíamos ir a un pequeño receso antes de nuestra siguiente clase.

Tomé mi cuaderno de dibujo tan rápido como pude, lo metí en mi mochila de un golpe y salí del salón de clases para no tener que escuchar absolutamente nada más de aquella mujer y los ineptos que tengo como compañeros.

Mientras caminaba al patio trasero de la escuela, en donde podría relajarme por media hora antes de mi siguiente clase, dirigí mi mirada a aquellos chicos que es preferible evitar. ¿Por qué nunca puedo hacerlo?

Su ropa informal -pantalones algo rotos, camisetas descoloridas y chaquetas de cuero viejo- contrasta con el aspecto de niños ricos que suelen mostrar, después de todo ¿no se dice que la gente rica siempre es apuesta? Ellos podrían dar fe de ello. La palabra guapos se queda corta al momento de describirlos y eso quizá es lo más frustrante de todo. Tatuajes extraños que apenas y son visibles en sus cuellos, ya que parece que tienen una gran marca en la espalda que nadie ha podido ver antes; una peculiar antipatía hacia mí y más datos que prefiero ignorar, son las características de aquellos jóvenes. El típico estilo de chico malo. Un grupo de siete adolescentes, tan multiculturales como lo es Estados Unidos. Sin embargo, hay algo extraño cuando mi mirada los recorre, mis nervios se tensan y el cabello de mi nuca se eriza por completo. Un sexto sentido me advierte que apartare la mirada, pero como siempre ¡no puedo hacerle caso a mi sexto sentido! ¡¿Verdad?!

Pecar para amar¡Lee esta historia GRATIS!