Capítulo 1

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Brenda, iba apoyada a la baranda del ferry. Contemplaba extasiada el paisaje: los saltos de agua, los acantilados, los pequeños grupos de casas casi perdidos en esa inmensidad.

-¿No lo encuentras hermoso, Jack?

-Desde luego, pero todavía no comprendo por qué tanto empeño de venir a un lugar tan lejano.

-Llámalo capricho si quieres.

-Pudimos haber ido a cualquier otra parte: Italia, el caribe...

-Creo que te expliqué innumerables veces que mi amiga Anna, me ofreció su cabaña. Pensé que era una buena ocasión para conocer un lugar al que difícilmente visitaríamos por voluntad propia.

Brenda, a duras penas soportaba el mal genio de Jack. A cada milla que avanzaba el ferry por el fiordo, se convencía más que había sido una pésima idea invitarlo a ese viaje. Se suponía que se estaban alejando para intentar salvar su matrimonio, pero ¿había algo que salvar aún? Aunque la pregunta adecuada, era ¿tenía interés Jack de salvar su vida juntos? Una lágrima solitaria corrió por su mejilla, pero no dejó que él la viera, se había propuesto que serían las mejores vacaciones de su vida y de algún modo contagiaría a Jack con su actitud positiva.

-No me digas que estos acantilados y esos saltos de agua no son impresionantes.

-Pues claro que lo son.

-¿Entonces, por qué no estás tomando fotografías?

-Ya habrá tiempo para eso -respondió él mientras sacaba sexto cigarrillo desde que se subieron a la barcaza.

-¿Por qué no te llenas los pulmones de este aire en vez de aspirar humo?

-No digas tonterías, ¿quieres?

-¿Me prestas la cámara'

Con desgano, Jack se descolgó la cámara profesional del hombro y se la pasó a Brenda. Ella inmediatamente la sacó de su estuche y descubrió el lente. El obturador comenzó a sonar como si hubiera enloquecido, por suerte había comprado una memoria bastante grande.

Cuando ella se alejó para buscar las mejores capturas, Jack se le quedó viendo. Brenda era una mujer casi en sus cuarenta, y tenía una bella figura. Su cabello era largo y semi ondulado. Su rostro armonioso estaba coronado con unos labios carnosos que invitaban a besarlos, pero ni aun así, lograba sentir lo mismo que antes cuando estaba junto a ella. Ya no había sorpresas en su relación. Todo estaba proyectado. Sabían lo que estarían haciendo en los próximos veinte años si continuaban juntos. En cambio con Jess todo era tan diferente. Su juventud lo hacía sentir joven también a él... Quería dejar a Jess, porque quería de verdad a Brenda, pero no sabía si sería capaz de hacerlo: estaba enamorado de la chica que servía los cafés en la oficina, aunque no supiera que El Vaticano no era la capital de Italia. Por Brenda sentía un cariño infinito pero nada más.

Cuando Brenda se cansó de fotografiar, regresó con Jack y en un arranque lo abrazó por la cintura, él incómodo se zafó de su abrazo pretextando que le dolía la cabeza.

-Ya se te pasará. En cuanto veas el lugar en el que vamos a estar, te olvidarás de todos los achaques... No entiendo que así cómo eres, ella...

-¿Qué?

-Nada. Olvidalo.

Brenda había estado a punto de mencionar a Jess, aunque habían acordado no hacerlo. Sin embargo, había estado tentada a decirle que no entendía como Jess lo soportaba. O quizás, solo con ella se comportaba así. Una vez más los celos estrujaron su estómago por dentro. Su dolor era más que un malestar físico: era la misma sensación que tenía cuando estaba en un sitio alto, una crisis de pánico inexplicable por el amor perdido.

La herencia del fiordo (Próximamente)¡Lee esta historia GRATIS!