Parte 74

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—Oliver... escucha esto —río, leyendo otro envoltorio de estos dulces bien extraños, mientras camino hacia la cocina—¿Porqué las mujeres refriegan sus ojos al despertarse? Porque no tienen bolas que rascarse —no puedo evitar reír —¡Que chiste más tonto! —exclamo, y levanto la mirada, cuando observo, un par de ojos castaños viéndome con intriga desde la mesa del comedor.

¡Santa virgen de las papayas!

—Que buen chiste —dice el señor Anderson riendo levemente ¡joder! sólo a mi me pasan estas cosas. Pero luego recuerdo que ayer él estaba cantando y bailando la canción de Celine Dion borracho, así que... no soy la única que pasa vergüenzas al menos.

Aclaro mi garganta y sonrío ampliamente intentando olvidar lo que justo acabo de decir, camino hacia el comedor.

—Culpe a la niña Rosa, ella es la que me regala estos dulces con malos chistes—me siento frente a él, observo a la par suya una muleta —¿Su rodilla ya está mejor? —cuestiono, almenos ya no traigo mi pijama de la rana René porque... ese mal chiste, la rana René en mis nalgas y mis pantuflas de gato, como que no es buena combinación, él asiente con una leve sonrisa.

—Así es, Alexandra. Gracias —y recuerdo lo de ayer y no puedo evitar reír, no, es que ya no veré al señor Anderson de la misma manera. Él frunce su entrecejo y Oliver aparece por la puerta, carga unos portafolios, trae puestos esos sus lentes que lo hacen ver como un nerd caliente ¿Por qué no lo conocí en la universidad? Pone los papeles frente a su padre y camina hacia mí, besa mi coronilla y se sienta a la par mía.

—Esas son las cosas que debes aprender, si es posible de memoria —habla a su padre. Al menos me escuchó al decirle que lo ayude. Su padre toma el portafolios y enarca una ceja al ver la cantidad de hojas que contiene —si sigues trabajando como lo estás haciendo —Oliver pone sus antebrazos sobre la mesa y entrelaza sus dedos —vas a ir a la quiebra. Y te tocará hacer el doble de trabajo. Sólo mira cuanto has perdido.

—Con esa cifra mensual de pérdidas en un año usted señor Anderson habrá perdido el 15% de su empresa ¿Sabe qué significa eso? Más de 3,000 personas perderán su empleo.

Ambos me miran, con su entrecejo fruncido y enarcan una ceja al mismo tiempo.

— Luego de leer tus libros de estadísticas y encontrarme el archivo "Pérdidas que ha ocasionado el señor Anderson" me pareció divertido usar lo que acababa de aprender para resolver el acertijo que estaba al final "¿Cuánto habrá perdido en un año?" — siguen con esa mirada sobre mí y yo los miro alternadamente —¿Saben qué? Ignórenme. Tomar RedBull me hace daño —me pongo de pie y camino hacia el refrigerador.

—¿Lo ves? Luego dices que no entiendes nada de números —volteo a ver ante las palabras de Oliver y está esbozando una sonrisa con su mirada fija en mí y sus ojos entrecerrados —papá, aprende —dice al señor Anderson quién lo observa sin ningún tipo de expresión.

—¿En serio? ¿Hiciste un archivo sobre las pérdidas que voy a ocasionar? —se recuesta sobre el espaldar cruzándose de brazos.

—Que ya estás ocasionando —corrige, el señor Anderson suspira. Saco un jugo del refrigerador, me encamino de regreso tomando dos vasos para servirle a cada uno y endulcen su amargura.

—Oliver, quiero que salgamos a cenar... 

—No —contesta Oliver de inmediato, negando con su cabeza, aquí vamos otra vez, ruedo mis ojos exasperada mientras vierto jugo en ambos vasos —siempre que me invitas a comer es para reclamarme cosas.

—No sé porqué te haces el ofendido por todo, tú fuiste el que me mantuvo engañado un buen tiempo ¿Me has pedido perdón por eso?

—¿Y tú me has perdido perdón por todos estos años queriéndome hacer sentir menos a la par de Henry? ¡Henry! —Y ambos se miran, con esa mirada desafiante suya, casi idéntica, la única diferencia es el color de sus ojos —¿Tienes idea de cuántas pérdidas me ocasionaste sólo por una estúpida venganza?

Esposa de mi jefe © PRÓXIMAMENTE EN LIBRERÍAS.¡Lee esta historia GRATIS!