Un año después las cosas habían pasado y las aguas habían vuelto a su cauce. Yo me había volcado por completo en la boda de George y en organizar a todas las damas de honor. Estaba tan emocionada con la idea que parecía que me casaba yo.

Este sería el plan: 

10:00

Conduciría hasta casa de George con mis padres y nos arreglaríamos allí. La peluquera llegaría a las 10:30 y le peinaría a la perfección y arreglaría los pocos pelos que pudiera tener en la cara de sobra. Otra se encargaría de las damas de honor y, por supuesto, de mi.

11:00

Llegarían los vestidos. Mi madre y la de él se encargarían de vestirlo mientras que nosotras nos arreglaríamos en el piso de abajo con el precio traje que él y Rob habían seleccionado para nosotras. A las diez nos volverían a retocar el maquillaje y el recogido y saldríamos a la iglesia en una limusina que había alquilado el padre de George para nosotros.

12:00

Llegaríamos a la finca donde se celebraría el enlace porque, por supuesto, George era demasiado fantástico como para permitir una boda en una iglesia. Fantástico y ateo.

12:15 - 13:15

La ceremonia empezaría. Ellos leerían sus preciosos discursos y celebraríamos una nueva unión. ¡Todo felicidad!

13:15 - 13:30

Fotos, fotos por todas partes. Mientras todos se hacen fotos con la pareja el salón de va preparando para recibir el convite. Y a partir de entonces nada estaría planeado. Yo quería dar un discurso después de comer, el típico discurso de la dama de honor pero no sabía quién iba a ser el hombre del novio así que no sabía si yo iba a poder darlo o no. También el peso de hacer un vídeo de los novios cayó sobre mis hombros como un yunque. Me habían dado demasiada responsabilidad pero poco me importaba.

Y como yo pensaba todo salió a pedir de boca. A la hora acordada todas las damas de honor estábamos allí corriendo de un lado para otro pensando que no íbamos a llegar a tiempo o que el maquillaje estaba demasiado cargado.

— ¡BETH! ¡EMERGENCIA!—Escuché a George gritar desde su habitación así que le pedí a la maquilladora que parase y corrí hacia allí para encontrármelo en ropa interior tirado sobre su cama.—No me queda bien este estúpido traje de novio.

—¿Qué dices? Estás guapísimo, como con todo. ¡Levantate de la cama y colócate el traje!—Tiré de su brazo y él hizo un gesto de drama total.—¡Por dios, G!

—¿Es Robert el indicado? ¿Y si una vez me case me canso y le odio? Voy a morir solo, es oficial.

—Madre mía, pensaba que esto ocurría solo en las películas. Nunca lograrás saber si es Robert es el indicado si no te casas con él, si cuando te cases te cansas y le odias te divorcias. Ventajas de Enrique VIII.—Solté sin apenas respirar.

—¿Tú me vas a querer siempre?

—Si sigues retrasándome, no.—Me levanté de la cama de nuevo y tiré de él hasta ponerlo de pie.—¿Dónde está mi George?—Pregunté con cariño mientras apretaba su mejilla.

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