Reto 6

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Consigna: Describe una escena de un relato pensando en una fecha significativa para ti y traslada esas emociones a tus personajes.



09 de Septiembre de 1990 a 19 de marzo de 2010  

Puso sus ojos en tan increíble escena, y se le antojó que fuera la más cruel de las mentiras. Sus manos se empuñaron mientras sus ojos se llenaban de lágrimas calientes, que le enardecían los ojos. Su respiración se hizo pesada, el aire se agolpaba tan duramente en su nariz que no llegaba hasta los pulmones; su visión se tornó borrosa y no pudo sostenerse más en pie, las fuerzas le abandonaron también.

Sintió como unos brazos le sostenían y levantó el rostro para encontrarse con la mirada llorosa de su hermana. A ella también le dolía esta situación, más por ella que por el chico en la caja.

—¿Estás bien? —preguntó su hermana con la voz ahogada, pero ella no pudo pronunciar palabra. Con la cara hecha un fiasco negó con la cabeza, no había manera de que estuviera bien después de afrontar lo que tenía enfrente.

—Chayo quiere que entres —le dijo otra de sus hermanas, que venía del único lugar en la tierra que ella no quería pisar. De pronto sentía que quedarse fuera de todo lo desaparecería, quería creer que si no dejaba esa banqueta lo que estaba dentro de la casa sería solo una mala pasada. Pero no lo era.

—Vamos, Mari —pidió otra chica, una hinchada de llorar. Juanis era la hermana del chico que yacía inerte en un féretro gris claro, ella seguro había pasado la noche con eso, mientras Mari hace apenas un par de horas se había enterado.

—No puedo —murmuró sintiendo como su garganta se hacía nudo y su estómago nada. Lo que tenía enfrente era lo peor del mundo, y no quería formar parte de eso. Incluso, en su negación, se había olvidado de cuanto le dolía la muerte de ese joven.

Hace horas, cuando ese mensaje le despertara sobresaltada, pensó en lo mucho que le dolería a su madre, y a la del chico, la muerte de ese que desde siempre era su amigo. Pero cuando la realidad le pegó en la cara se dio cuenta que era ella también una de las que más perdía. Y ahora no podía dejar de llorar desolada.

—Vamos —dijo otra voz, una que conocía pero no identificaba. Entonces se dejó arrastrar adentro, sin atreverse a mirar el cuerpo sin vida de su mejor amigo.

—Se murió —anunció Chayo aferrándose al cuerpo de la chica, que no pudo hacer más que llorar aferrada al cuerpo de la madre de alguien tan importante como su vida misma—. Mi panzón se murió.

Y así pasó las horas, llorando con la mirada fija a la dolorosa nada, sintiendo como sus lágrimas no dejaban de escapar, recordando tantas cosas como habían pasado dentro de esas paredes. Las funerarias no deberían permitir velorios en las casa, pensó sabiendo que a partir de ese momento le sería imposible volver a pisar ese lugar.

—Ella era su novia —susurraron tantos que le vieron destrozada al lado de una que recibía las condolencias de todo el mundo. Y quiso sonreír al recordar cómo, una semana antes, él le había contados sus planes para cuando "se casaran".

«Idiota» le dijo sin que nadie le escuchara... «Estúpido» le insultó con todo el dolor de su alma... «Imbécil» reprochó sintiendo como le ahogaban las penas... y siguió llorando sin poder parar.

—Come —casi le suplicó su madre. Había pasado todo el día solo llorando, pero era normal, no tenía hambre, solo tenía dolor, e intentaba purgarlo con sus lágrimas.

Mary negó con la cabeza, no podía abrir la boca, sentía que se desmoronaría si lo hacía, y ya estaba bastante destruida como para hacerse más daño. Prefería contenerse, aunque fallaba exponencialmente en ello. Solo seguía llorando mientras intentaba asimilar la situación.

—Voy a quedarme —dijo algunas horas después, cuando su mamá sugirió que se fuera a dormir a casa. El día siguiente sería el sepelio, y seguro sería duro. Pero ella no quería moverse de ese lugar, y su madre lo entendió, por eso se quedó con ella, sonriéndole con los ojos llenos de lágrimas.

Pasaba de las tres de la mañana, cuando sintió esa imperiosa necesidad de comprobar lo que todos decían y a ella le dolía. Quería mirar a la caja y encontrarse con alguien diferente, con alguien desconocido, aunque sonara cruel, no le importaba que alguien muriera si esa persona era alguien que no conocía, alguien que no amaba.

Dejó la manta que le cubría las piernas en la silla en que había pasado todo el día y parte de la noche, y entre las pocas personas que dormían incomodos en las sillas, caminó para ponerse frente al féretro de color casi blanco para cerciorarse de que el chico en el ataúd era su mejor amigo.

Le sonrió, no supo la razón de ello, es como si hubiera querido saludarle con su mejor sonrisa. Pero no la tenía, solo tenía esa sonrisa temblorosa y apagada, empapada en lágrimas.

—Parece que no es él —dijo una voz a sus espaldas, y se dejó abrazar por Chayo, la persona que más había perdido con la muerte del chico. Ella había perdido a su hijo, no había manera de que nadie le ganara a su dolor. Aunque el dolor de Mary era también enorme.

—¿Qué pasó? —preguntó la chica que se volvía a hacer añicos entre los cálidos brazos de una mujer despedazada.

—No estoy segura, dicen que estaban jugando carreras en la autopista y alguien le pegó al carro, los otros venían ebrios... todo por correr —dijo la mujer entre sollozos, y Mari miró al que fue su mejor amigo pensando en todas esas veces que le dijo "Deja de correr, un día te vas a matar".

Sintió un rayo partirle el alma. Cada que lo dijo no es que lo sentenciara, eran probabilidades, se había caído tantas veces de la motocicleta por ir a alta velocidad que la idea estaba. Aunque no esperaba que en serio pasara, de hecho lo decía esperando que el otro se asustara y dejara de correr por la vida.

Pero Iván amaba la velocidad, y siempre dijo "No pasa nada" aun cuando casi lloraba mientras le curaban las heridas.

A la mañana siguiente no había más lágrimas, sentía que el mundo se había apagado después de veinte horas llorando sin parar. Se pegó esta vez a su propia madre, dejando que la madre del chico recibiera el apoyo del resto. Ella no podía darle consuelo, ni siquiera encontraba el suyo propio.

En la celebración se sentó tan atrás como pudo, viendo como un mundo de jóvenes escoltaban el féretro. Esos mismos jóvenes, todos compañeros de la preparatoria y amigos, llevaron en brazos el ataúd del chico hasta el cementerio.

Una amiga en común, y la mejor amiga de ella, le acompañaban mientras la veía y sonreía. Yenny intentaba darle consuelo, pero era difícil, ni siquiera podía corresponder su gesto, no podía sonreír. Aunque afortunadamente ya no lloraba.

El camino al cementerio nunca fue tan corto como ahora. La gente rezaba mientras acompañaban el cuerpo a su última morada, mientras Mari solo caminaba, sintiendo el cuerpo tan liviano, como si no estuviera. Y su mente definitivamente no iba con ellos, esa estaba perdida en un pasado irrecuperable y un futuro inalcanzable.

No volvió a acercarse al féretro, ni siquiera cuando sabía que esta era la última vez que le vería. Pero no quería verlo así, no sin vida, por eso solo vio de lejos como le bajaban a esa fosa mientras todos a su alrededor cantaban amor eterno.

Entonces las lágrimas volvieron, y no pararon hasta mucho después, cuando el cementerio casi vacío comenzaba a tornarse oscuro.

—Vamos, bruja —dijo Yenny intentando sacarla de ese desolador y triste lugar. Y ella se dejó arrastrar por su mejor amiga, igual ya no había razones para estar ahí.

—Adiós —musitó y tragó pastosa saliva, sintiendo como otro par de lágrimas corrían por sus enardecidas mejillas.

"Adiós" escuchó susurrar al viento que le refrescaba el rostro, y caminó entre sollozos, aferrada al cuerpo de su mejor amiga, para dejar atrás una vida que habían iniciado juntos y que ahora solo ella tenía.



¿Pueden sentir su corazón rompiéndose?, el mío está hecho pedazos. Me duelen mucho los retos que involucran mis emociones, porque las que más me gusta escribir son aquellas que me están matado por dentro. 

Gracias por leer, besos hermosuras. 

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