30. Darse cuenta {1774 palabras}

Resumen: OS sin resumen

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Narrador omnisciente

Darse cuenta de que te gusta algo es fácil. Lo es para Niall. Siempre lo ha sido. Y no es esa clase de gustar de comer algo y decir que está rico, por lo que pasa a la comida que te gusta. No es ese tipo de gustar. Cuando Niall habla de gustar, habla de las habilidades que tiene.

Pero darse cuenta que eres malo en ello, es decepcionante​.

Desde que es pequeño, a Niall siempre le repitieron que debía encontrar algo en lo que fuera bueno en ello, y que le gustara, para poder estudiar aquello y poder tener un buen futuro. Es por eso que desde pequeñito ha intentado encontrar cosas que le gusten, siendo bastante fácil, pero sintiendo que su corazón se rompía cada vez que notaba que quizás no era tan bueno en realizarlo.

Primero quiso ser veterinario. Con diez años, siempre sacaba a pasear a su perrito cerca de su vecindario, y al final de la esquina de su manzana, había un veterinario que siempre atendía a Klance, su perro. Iba cada semana al veterinario esperando ver algo más que solo la puerta por donde entraban los perritos y gatos para poder ser chequeados, hasta que su veterinario favorito -y que atendía a Klance- le preguntó porqué lo hacía. Niall respondió. Y cuando el señor Tyresse le dijo:

"¿De verdad? ¿Entonces no le tienes miedo a la sangre?"

Niall salió corriendo con la correa de Klance en su mano y los ojos llorosos porque él pensaba que ser veterinario no incluía sangre, solo hacer cariño y darle galletitas a los animales.

Después de eso, descartó ser veterinario, e hizo lo mismo con ser doctor. Le daba pánico la sangre, así que por nada del mundo haría una de esas cosas.

A la edad de once, Niall pensó que sería un buen pintor. Había ganado un concurso en su escuela de hacer un dibujo de navidad, y se sintió orgulloso y sorprendido al mismo tiempo, porque nunca pensó que sería bueno dibujando y pintando.

Comenzó a ir al taller de arte, donde conoció a uno de sus mejores amigos, Harry. Eso fue lo único bueno del taller de arte, porque sus compañeritos se la pasaban diciendo que dibujaba mal, y que se pasaba de las líneas.

Pero Niall no se rindió.

No fue hasta que cumplió los doce, hubo otro concurso, y todos recibieron premio, menos él. Una mención honrosa, pero él quería el premio de verdad. El que ganó Harry. Niall se lo merecía porque él era bueno dibujando, él se había ganado el mismo premio el año pasado pero ese año no se lo ganó, ni siquiera el quinto lugar, porque sí, habían cinco lugares.

Y en su clase eran siete.

¡Hasta hicieron un sexto lugar para una niña que había dibujado a Jesús desnudo, Por dios!

Niall se enojó. Tiró su diploma de mención honrosa a la basura y dejó que Harry lo consolara por no haber ganado, y porque se había dado cuenta que no era bueno dibujando, no como él pensaba que era.

Pasó otro año. Cumplió doce, y se retiró del taller de arte, para adentrarse en el de teatro. Llegó siendo un niñito que hablaba cada segundo con todos para terminar actuando un árbol en la presentación de fin de año.

Harry fue un papel secundario, porque sí, él también se había metido al club, siendo obligado por su mejor amigo. Y Niall se enojó con él porque se suponía que Harry no estaba interesado en ello.

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