Capítulo 4

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Capítulo 4: Aceite virgen extra

Me duele que la noche anterior hubiera intentado liarse conmigo, y luego, al día siguiente, ya se esté dando el lote con otra. Es injusto.

—¿Vamos a tu casa? —pregunta la pelirroja.

—Va, mis padres ya habrán salido —responde Lucy entre jadeos. —Si está Laura, te haces pasar por una compañera de trabajo.

No escuchó más, salgo de ahí corriendo hasta la próxima calle y tomo un taxi para que me lleve de vuelta a la mansión.

Por suerte, he memorizado la dirección antes de salir. Llego tras unos minutos y, por suerte, parece que aún no ha llegado nadie. Entro en mi habitación y me quito las sandalias con tacón, me están matando. Minutos más tarde, escucho la puerta principal abrirse y trato de hacer el mínimo ruido. Tomo un libro y hago como que leo, por si entran a ver si estoy.

Escucho susurros y risitas mientras suben las escaleras. Lucy abre ligeramente la puerta de mi habitación y ambas se asoman.

—Laura, estamos mi compañera Lily y yo en mi habitación haciendo un trabajo, ¿vale? —dice, fingiendo de maravilla.

—Ah, vale —respondo fingiendo una sonrisa y volviendo a mi libro.

Lily... No sé por qué esto me sienta tan mal. Se supone que Lucy y yo no somos nada, ella tan solo me besó. Pero ahora entiendo eso de que tu primer beso se te queda tatuado en la mente. Además, fue un beso tan profundo...

Me levanto dejando el libro en su sitio y pego mi oreja contra la pared contigua, donde se encuentra la habitación de Lucy. Por suerte, las paredes son finas. Ah, y yo, que tengo un buen oído.

—Tu hermanita está de muerte —dice una, creo que es Lily, por su voz chillona. —-¿Seguro que no se querría unir?

¡¿Yo?! ¡¿Unirme a ellas?! ¡Si soy más virgen que el propio aceite virgen extra! Creo que ni sé cómo lo hacen entre chicas. Pero... Si el chico es el que mete algo, la chica no tiene nada para meter... Entonces, ¿qué...? ¡Qué lío!

—Que no, joder, no la metas —Escucho gruñir a Lucy.

—Vale, fiera... —contesta Lily y empiezo a escuchar algunos golpes contra muebles, risas, besuqueos...

Tengo que dejar de sentirme mal, solo fue un beso, solo es eso. Ah, y también tengo que dejar de ser tan cotilla... Pero me da demasiada curiosidad.

Escucho como ambas caen sobre la cama con fuerza junto a un par de bajos gemidos. No sé de quién son. Decido dejar de espiar. Mejor debería de ir al jardín a que me de el aire, además está muy lindo. Salgo de mi habitación, pero, me detengo al ver la puerta de la de Lucy entreabierta.

No será nada. Tan solo un vistazo. No más. Ni yo me lo creo, seguro que será más de un vistazo, pero... Qué se le va a hacer, esto es lo que ocurre cuando los padres se escaquean de hablar con sus hijos sobre la sexualidad.

Me pongo agachada desde un ángulo en el que puedo verlas a ellas sobre la cama sin que ellas me vean a mí. Lucy está encima de Lily, ambas desnudas, se mueven a un buen ritmo mientras gimen bajo para evitar ser escuchadas, pero... No entiendo muy bien qué hacen, la verdad.

Prefiero irme de allí, la situación me estaba empezando a incomodar y si me pillan sería una gran humillación para mí. Entonces, recuerdo que en esta mansión hay una piscina.

Voy a mi habitación y me pongo uno de mis bikinis. Me encanta, tiene un estampado muy chulo.

Tomo mi toalla azul marino y me hago una trenza ladeada

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Tomo mi toalla azul marino y me hago una trenza ladeada. Me pongo una camisa que me llega hasta la mitad de los muslos con tres botones desabrochados y unas chanclas. Bajo al jardín trasero donde está la enorme piscina y tiro la toalla sobre una hamaca. Me quito la camisa y la tiro sobre el césped. Sin pensarlo, me lanzo de bomba a la piscina.

Empiezo a nadar, nado más y más sin pensar en el tiempo que pasa. Voy a un ritmo lento para no cansarme y así durar más rato. Me ayuda a olvidarme del mundo real por completo.

Al fin, salgo del agua toda empapada y me seco con la toalla. Estiro la toalla sobre la hamaca y me tumbo de espaldas dejando que el sol recaiga sobre mí. Ya sé que no me puse crema solar... Pero mi piel es fuerte.

"Click"

Ese ruido me suena haberlo oído antes. Como por ejemplo anoche. El maldito ruido de cuando te desabrochas el sostén, ese mismo. Pero no es solo eso, la persona que me ha desabrochado la parte de arriba del bikini, también la ha llevado consigo, osea que estoy sin parte de arriba. ¡Maldita sea! Con lo pudorosa que soy...

—¡Hey! —exclamo y giro mi cara.

Es Lucy.

Tiene una enorme sonrisa y mi bikini entre sus manos. Yo sigo tumbada hacia abajo y cruzo mis brazos sobre el pecho.

—Lucy... Dame eso, por favor —pido manteniendo la calma.

—Ven a por él —dice y se aleja más.

Expulso un suspiro de frustración. Me levanto cubriéndome lo más posible con los brazos y me acerco a donde está ella.

—Dámelo —irdeno a un metro de ella pero niega con la cabeza y lo sube más alto.

—Cógelo —remata.

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