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Capítulo 3.

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—Yo no creo que deba estar usando eso. No van a aprobarlo —susurró Jen luego de ver como quedaba Emmie enfundada en un vestido demasiado simple para una joven de alta cuna. En realidad, esa parecía la vestimenta de una de ellas, o cualquier criada de la cocina. Con una tela un poco más costosa y quizá tan solo un poco más cuidada y limpia.

Esa era la razón por la que había subido a su habitación luego de desayunar.

—Es lo que siempre uso cuando estoy en casa —argumentó—. No soy como mamá o Beth que pueden usar esos pesados vestidos todo el tiempo. A mí me gusta poder correr y moverme. También tengo pantalones si quiero montar.

Los ojos de Kat se abrieron de par en par.

—¿Usa pantalones como un hombre?

—Es mucho más cómodo si quieres montar. Tienes que intentarlo, es más divertido así. Puedes moverte mucho más, y estoy segura que el caballo lo agradece.

Las otras muchachas se miraron confundidas. Ya sabían que Lady Emmie estaba un poco loca, pero no imaginaban que tanto.

—¿Y cree que el Lord lo apruebe? —Insistió Jen—. No estoy segura de que vaya agradarle verla vestida de esta forma.

—Mucho menos con pantalones —agregó la más pequeña—. No creo que deba hacerlo enfadar tan pronto.

Emmeline soltó una carcajada y les devolvió la mirada.

—¿Qué creen que pueda decir Joseph? ¿Alzará las cejas? ¿Asentirá? ¿O dirá "bien" de alguna forma aterradora? No es que lo haya visto hacer u oído decir mucho más.

—No debería subestimar al Marqués, Lady Emmeline. Él puede enojarse, y mucho. No es algo que quiera ver.

Ella suspiró. Con eso no iban a convencerla de que se cambiara de ropa ni que se hiciera algún peinado elaborado como ellas deseaban. Beth no le había dicho nada acerca de salir ese día, así que se dedicaría a terminar de descansar del viaje y recorrer la casa y los alrededores. Había visto unos preciosos jardines desde su ventana que estaban esperando por ella.

Se giró haciendo que todo su cabello castaño y largo casi hasta la cintura se arremolinara a su alrededor. No iba a recogerlo, dos pinzas que sujetaran algunos mechones hacia atrás era todo lo que consentiría.

Bajó las escaleras dando brincos, disfrutando de sus zapatos blandos y planos. Oh, eso era vida. Se sentía libre de aquella forma.

Pero hasta ahí había llegado su suerte, se dijo cuando vio a Joseph parado al final de la escalera en una conversación con Sebastian y un criado al que parecían estar dándoles indicaciones.

Pensó en retroceder y regresar a su cuarto hasta que ellos se marcharan, pero Emmeline Laughton no era ninguna cobarde.

Continuó como venía bajando y se paró al lado de ellos en cuanto estuvo en el piso de abajo.

—Caballeros —dijo con voz cantarina.

Al mismo tiempo, los tres se giraron hacia ella, interrumpiendo lo que estaban hablando.

Sebastian apretó los labios, no lo suficientemente rápido como para que Emmie no notara como él reía.

—¿Qué le pasó a tus vestidos que has tenido que pedirle prestada ropa a tus doncellas, Emmie? —Preguntó divertido.

Ella se relajó sin saber que había estado nerviosa antes.

—Esta es mi ropa, Sebastian —levantó los brazos—. Me gusta estar cómoda mientras estoy en la casa. No te molesta ¿verdad? ¿Crees que Beth estará de acuerdo? Madre siempre se quejaba, pero ya poco me importaba lo que dijese, todo lo que yo hacía era una calamidad según ella.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!