Capítulo 2

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Capítulo 2: ¿Te unes?

—¿Y tu eres...? —dice, tras un silencio.
Me he quedado algo petrificada al verla con esa diminuta toalla.

—Eh... Yo soy... Soy... —susurro mirando al suelo.

—Pareces tartamuda, habla bien —ordena, y toma mi mentón provocando que nuestras miradas choquen.

—Soy... La hija de Jack —digo finalmente y trago saliva nerviosa, ella se aguanta una sonrisa. —Quería saludar... —murmuro y ella suelta mi mentón.

—Bien, yo soy Lucy, encantada —dice sin más.—Justo iba a darme una ducha —comenta con una medio sonrisa.

—Ya veo... —susurro algo intimidada ante ella.

—¿Te unes? —se burla y alza una ceja.

Niego toda sonrojada y extrañada y retrocedo unos pasos.

—Nos vemos luego, entinces —cierra la puerta con una sarcástica carcajada y yo me quedo en silencio con cara de póquer.

(...)

Paso un rato en mi gran habitación, instalándome y colocando mis cosas de aseo en mi baño individual.

La habitación es preciosa. Es increíblemente espaciosa y esta perfectamente decorada con muebles de tonos blancos y violetas. Las paredes son oscuras y hay un gran ventanal en la pared del fondo. Me encanta.

Hubo un momento en el que entraron mi padre y Cassandra para avisarme de que se irían a cenar fuera. Solos. Y que encima llegarían tarde... Po lo que me he quedado sola con Lucy, y se acerca la hora de cenar.

Me pongo mi pijama de verano con unas zapatillas sencillas blancas y me hago una trenza ladeada en el cabello.

Me pongo mi pijama de verano con unas zapatillas sencillas blancas y me hago una trenza ladeada en el cabello

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Salgo de la habitación y bajo a la cocina. Abro la nevera y veo una gran variedad de productos. Todos tienen una pinta deliciosa.

—Hola de nuevo —saluda a mis espaldas Lucy.

Volteo.

—H-Hola —vuelvo a mirar a la nevera.

—¿Sabes cocinar? —pregunta y se pone a pocos centímetros detrás de mi.

—Lo justo —respondo.

—Lo justo es una tortilla francesa, ¿no? —asiento avergonzada. —Entonces, voy a enseñarte a hacer unos macarrones al pesto.

Vale —Lucy comienza a sacar alimentos. Ahora estoy algo más cómoda.

—Bonito sujetador negro —suelta y siento el calor en mis mejillas. Claro, con la camiseta blanca se transparenta. —Y bonito pijama —vuelve a soltar y ya parece que voy a sufrir un golpe de calor.

El resto del rato lo pasamos más... normal. Lucy es buena cocinera y profesora, me enseña paso a paso como hacer el plato.

Finalmente, ambas comenzamos a comer y se escapa un ruido de mis labios de gusto al sentir el maravilloso sabor de los macarrones.

Lucy me mira con diversión durante toda la cena. Después, lavamos los platos y me dispongo a subir las escaleras hacia mi habitación con ella detrás de mi.

De repente, noto mis pequeños y holgados shorts de pijama en mis tobillos, y a Lucy riéndose como una niña pequeña detrás de mi.

—¡E-Ey! ¿Que haces?—exclamo muy roja y subo rápidamente mis shorts.

Lucy sigue riéndose cada vez más fuerte hasta el momento en que tiene que sujetarse a la barandilla.

En venganza, bajo yo sus shorts y empiezo a reírme también.

Ella sigue riéndose y yo, entre risas, me doy cuenta de que lo que lleva es un pequeño tanga blanco, es más bien una fina tira que tan solo cubre su parte delantera, y se transparenta.

—¿Qué pasa? —pregunta entre risas.—¿Has visto a Slenderman? —la miro a los ojos.

—Nada —sonrío pero creo que me sale una mueca extraña. —Buenas noches —me despido y subo a mi habitación con rapidez.

Es guapa. Es muy guapa. Pero solo es guapa, creo, me gustan los chicos, no sé, qué lío, jo. Tan solo pienso que es guapa, ya está. Me gustan los chicos, ya está. Bien.

Me tumbo en la cama y, a los pocos minutos, me quedo dormida.

(...)

Escucho unos ruidos en la habitación de al lado. La de Lucy. Me levanto rápidamente y miro el móvil, son las tres de la madrugada. Corro hacia su habitación y abro la puerta despacio evitando ser escuchada para ver qué ocurre.

Veo a Lucy tumbada en su cama, con las piernas abiertas y una mano bajo la tela de su tanga. La mueve y ella suelta esos ruidos que yo había escuchado.

Tropiezo sin querer y hago un ruido. Ella parece percatarse porque para y abre los ojos. Salgo de ahí y vuelvo a entrar en mi habitación con la respiración agitada.

Escucho sus pasos aproximarse.

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