Silo Nye: Finalmente el reencuentro

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Silo nunca se sintió parte del grupo. Mientras que sus hermanos eran personas de acción, una cualidad que heredaron de Wimmer, él fue más bien una persona reservada y que prefería trabajar desde la comodidad del escritorio en su casa. No es que necesitara la acción, por supuesto. Le iba bien escribiendo de todo desde ese escritorio y tenía su legión de fans, que era lo que más le importaba al final de cuentas. Para Silo, el éxito se medía en cuánta gente lo reconocía en los festivales o cuántas personas le mandaban mensajes para expresar lo mucho que adoraban sus libros y sus artículos.

Cuando Thera ya estaba en la academia militar y Cade ya estaba haciendo sus prácticas en excavaciones en otros planetas, Silo aún estaba en el colegio decidiendo qué querría hacer con su vida cuando saliese. En ese proceso, su madre lo incitó a pensar en una opción independientemente del padre que tenía o de los hermanos que tenía. Que buscara su propio camino.

Y fue duro, por supuesto. Le tomó años posicionarse y hacerse conocido. Pero ahora estaba en su mejor momento. La muerte de su padre y el atentado llegaban en el peor día posible. Silo tenía una entrevista inmediatamente después de la ceremonia. Él había planeado ir a la entrevista y después alcanzar a su familia en la casa de su madre. Pero ahora, con el atentado, la entrevista había sido cancelada, naturalmente. Y él había podido venir al hospital, que era lo que se esperaba de él.

Llegó caminando lentamente y se sorprendió al ver que él era el último. Incluso Burg estaba ahí, lo cual le pareció extraño. Burg siempre había sido el poco confiable. Pedirle a Burg que hiciera algo por la familia era -como decía Cade- tirar perlas a los chanchos. Silo habría pensado que Burg ni siquiera se aparecería. Pero ahí estaba. Y de hecho, había llegado al hospital antes que él. Quizás se debía a que la cafetera espacial en la que hacía comercio pasaba casualmente por Domino cuando Wimmer falleció. No se le ocurría otra explicación.

Y Tais. Incluso su rebelde hermana estaba en el hospital. ¿Qué hacía ella aquí? ¡Tais odiaba a Wimmer! No estaba en tan malos términos con su madre, pero no se podía ver con su padre. Le parecía cínico de su parte haber ido a la ceremonia. Y ahora estaba aquí, en el hospital. Antes que él.

"Hola, Silo", lo saludó Cade. Su hermano mayor era quizás con el que menos problemas tenía. Cuando eran niños y su padre no estaba en la casa -que era la mayoría del tiempo, considerando el trabajo que tenía- era Cade el que reemplazaba su función para muchas cosas. Él era el que iba con mamá a las presentaciones del colegio en las que Silo exponía lo talentoso que era. Cade era el que se paraba y aplaudía con todas sus fuerzas cuando acababa su monólogo. Silo siempre le agradeció eso. Era bueno saber que contaba con el apoyo incondicional de su hermano mayor, dado que su padre no estaba disponible.

Silo lo saludó con un abrazo, pero no dijo nada. No tenía palabras en ese momento, lo que resultaba irónico si se consideraba que él vivía de escribirlas.

"Thera", dijo fríamente y quiso abrazar a su hermana mayor, pero ésta le sonrió y luego salió de la habitación como si alguien la hubiese llamado. Así era ella. Nunca se sintió a gusto mostrando afecto a nadie. Incluso en una situación como ésta.

"¿Y bueno?", preguntó Burg de pronto desde el otro lado de la habitación. Fue una pregunta hecha en general a todos los que estaban ahí. "¿Qué sabemos de este atentado? ¿Hay sospechosos?"

De manera natural todos se volvieron hacia Elio Prian. Una investigación de este tipo sería llevada a cabo por los agentes del orden. Elio era uno de ellos, aunque el encargado al caso había sido otro.

"No mucho, en realidad", respondió Elio. "Aún nada"

"¿Y ustedes?", le preguntó a Thera en el momento en el que entraba nuevamente a la habitación con su paso decidido. "¿Ya saben algo del atentado?"

Ella negó con la cabeza y resistió el impulso de buscar la mirada cómplice de Cade.

"Lo siento", terminó diciendo Thera.

Silencio nuevamente. Tais y Silo colocaron su atención en su madre, que estaba descansando sobre la cama.

"El doctor dijo que sería mejor dejarla dormir", informó Tais. Silo asintió con la cabeza. Era lo mejor, ciertamente. Después de todo, él no tenía ganas de hablar con ella de lo mismo de siempre. Que duerma y que descanse. Y que lo deje a él en paz.

De pronto se dió cuenta de que Burg estaba junto a él. Éste no estaba vestido para un funeral. Estaba con sus botas toscas y su casaca de cuero. Y escondida entre sus ropas, el arma que siempre llevaba a todos lados. Le sorprendió que le hayan permitido entrar al hospital con ella. Pero si mal no recordaba, Burg tenía siempre una forma de salirse con la suya. Siempre la tuvo.

"¿Se puede saber por qué llegas tarde?", le preguntó Burg seriamente.

Silo lo miró y no le respondió. Silo y Burg siempre tuvieron una relación hostil.

Se sintió más marginado que nunca. No importaba. Había venido a cumplir, a que lo vean ahí y lo dejen en paz. Que luego no le puedan sacar en cara que no se apareció. Ya había ido. Ahora tenía que esperar un tiempo prudencial antes de irse y olvidarse de todo. Regresar a su vida usual. A su emocionante y exitosa vida.

Estaba en la etapa de la promoción de su último libro. Por eso era la entrevista. No tenía en realidad tiempo que perder. Pero así con todo, estaba atrapado en ese cuarto de hospital por un tiempo. Buscó con la mirada y encontró un asiento en una esquina. Fue a él y se sentó sin decir nada.

Manipuló el reloj que llevaba de pulsera y se proyectaron frente a él en un tamaño pequeño un texto que comenzó a leer. Tenía pendiente revisar las críticas que había recibido su libro en otras colonias. Algunas de éstas eran largas y profundas. Ése era un tan buen momento como cualquier otro para hacerlo.

Hubo tranquilidad en el cuarto por unos minutos. Silo leyó sin que nadie lo moleste, hasta que alguien lo hizo.

Cade le puso una mano en el hombro. No dijo ninguna palabra, pero le hizo un gesto para que lo siguiera. Luego Cade salió de la habitación. Silo suspiró y apagó el artefacto que proyectaba los textos. Se paró y lo siguió.

No era algo que lo entusiasmara. Todo esto sonaba demasiado misterioso para su gusto. El misterio nunca había sido un género que Silo había podido dominar.

Profesor Cade NyeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora