《ii 🌼》

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Yurio (a quien decidió llamarle Yurio porque era extraño llamarle a alguien con su propio nombre) y Otabek eran dos personas destinadas a estar juntos, se amaban increíblemente y esto conmovía a Yuri, pero el pequeño rubio tenía una personalidad muy fuerte y era fácil que sin necesidad de tener a la par a un demonio buscara pelea con Otabek. Así que podría alimentarse sin tener que causar mayor daño, demorando que sus alas se convirtieran en ese color negro al que tanto miedo tenia.

Yuri comenzó a llegar periódicamente adonde la pareja, admirando sorprendido y entretenido su relación. Yurio se molestaba por lo que fuera, explotando rápidamente, en esos momentos Yuri aprovechaba a alimentarse o si realmente tenía demasiada hambre, aprovechaba a darles un poco más de problemas a la pareja para tener más alimento, sin embargo un día comenzó a notar algo extraño.

Una pequeña flor yacía en el suelo de donde la pareja solía sentarse, él reconocía esa flor, era una orquídea del cielo. La reconocía fácilmente por su brillante color celeste que parecía resplandecer en la oscuridad, la tomó entre sus manos sorprendido. ¿Qué hacia una flor del cielo en ese lugar? A lo mejor un querubín la había dejado por allí por accidente, habían muchos que eran así de distraídos.

Los días pasaban y cuando Yuri llegaba estaban las hermosas flores siempre en diferentes lugares. Flores que solamente se encontraban en el cielo.

-          ¡No te miento, Phichit! – decía el pequeño demonio al querubín que jamás lo abandonó.

-          Pero no soy yo – dijo Phichit llevando uno de sus dedos a su boca – yo te las daría.

-          ¿Quién es el encargado de esta pareja?

Era una pregunta lógica pero bastante difícil. Normalmente cada querubín tenía una pareja con lazo rojo favorita y vaya que la cuidaban mucho. Ellos las buscaban siempre para poder unirlas y las cuidaban con recelo de otros querubines y de demonios, pero no sabía quién era el encargado de esa pareja.

-          Déjame ver... Creo que... Era uno de los primeros querubines, esta pareja es muy antigua. No sé, Yuri. Deja investigo y te diré.

-          Mejor no, Phichit. Si te enteras dile que tenga cuidado, no sé qué tan buena idea será si los humanos ven una de esas flores.

Y es que la cosa no era tan fácil, si bien la flor no podía ser simplemente vista por algunos humanos, por otros si, lo cual llegaba a ocasionar muchos problemas en el mundo.

Los días seguían pasando y las flores seguían apareciendo, Yuri recogía cada una de ellas y ahora parecía su labor diaria, tenía en su posesión ¿Cuántas? A lo mejor unas 300 flores, fácilmente eran más. Había tenido que darlas a Phichit, eran tan hermosas pero en su hogar morirían con el calor. (Uff, y vaya que era caliente).

Un día la pareja había salido en un viaje, pero el demonio no se enteró a tiempo de esto, llegando a su hogar para encontrarse a una figura sentada en el sofá, la cabellera de plata lo hizo quedar sorprendido. Era un querubín.

-          ¡Al fin viniste! – dijo cuando sintió su presencia, dándose la vuelta sonriendo.

Dos enormes alas salieron de la espalda del querubín, llevaba un suéter verde con unos jeans azules y zapatos formales. En realidad los querubines disfrutaban utilizando ropa según la época, les gustaba mucho más caminar por las calles fingiendo ser humanos, ya que era casi imposible que un humano viera sus alas guardadas, pero cuando un querubín estaba emocionado, estas brotaban y aunque seguían siendo invisibles, solamente lo eran para los ojos. ¿Qué es ridículo dices? ¿Cómo es posible, dices? Pues... ¿Recuerdas esa ocasión en la que pareció que algo pasó rozándote mientras caminabas en la calle pero en realidad no viste nada? Las alas de un ángel son sumamente suaves por lo que es imposible que lleguen a hacer mayor daño, pero si dejar a un par de humanos dudando de su integridad mental.

Yuri miró al querubín que se acercaba prácticamente volando a su lado; preocupadísimo ya que él estaba en su territorio. ¿Qué le haría de castigo? Debía escapar, si, escapar era la mejor opción ¿o debería quedarse a pedirle disculpas? Aunque él era un demonio podía ser que el ángel aun tuviera buenos sentimientos y no lo odiara ¿cierto?

 

Aun siendo un demonio, Yuri era muy lento pensando.

 

 

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Flores del Cielo [Yuri!!! On Ice Fanfic]¡Lee esta historia GRATIS!