Vomitando arcoíris - ¿Figuras qué?

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El vasto cielo azul, interminable, celestial, retrato del paraíso, se pintó tras la ventana cuando las nubes tropezaron al fin, mientras caía la tarde. El viento daba muerte a la tempestad y el sol cantaba su triunfo con voz dorada.

Si les dieron ganas de vomitar un arcoíris después de leer esta cosa (¡bendito cosismo!), descuiden, he traído baldes para todos.

Aclaro que no escribí ese pedazo de cuento con el cual he comenzado la lección de hoy, aunque lo he usado de ejemplo tres veces hasta ahora

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Aclaro que no escribí ese pedazo de cuento con el cual he comenzado la lección de hoy, aunque lo he usado de ejemplo tres veces hasta ahora. Lo encontré triste y abandonado en un rincón de internet cuyo nombre no quiero recordar. El caso es que no me gustaría que olviden el resultado de exagerar con las figuras literarias; se los adelanto: es todo menos interesante.

Ahora, en algún momento expliqué de qué trataba esto de las figuras retóricas o literarias. Por si lo han olvidado: alteramos con ellas el uso habitual del idioma para llamar la atención del lector. Y, ya entrados en el tema, diré que tienen una clasificación. Bendita manía de clasificar todo, ¿no? Supongo que, para estas alturas, ya saben que prefiero simplificar los métodos... y hoy no es la excepción.

Hay muchas maneras de catalogar las figuras retóricas. Nosotros emplearemos sólo dos categorías:

*Las que operan en el plano lingüístico.

*Según el procedimiento empleado para producir el efecto.

Desde luego, empezaremos también con lo más fácil para terminar con las complicadas.

Quizá haya alguien un poco más observador que ha notado ya que no hemos trabajado con descripciones aún o con arquetipos a pesar de que hemos tratado el desarrollo de personajes en capítulos anteriores. La cosa (¡bendito cosismo de nuevo!) es que muchas veces los escritores recurren a figuras retóricas para las descripciones. Se vale. ¿Creías que describir sólo se limitaba a "Hola, soy _________; tengo ojos marrones y cabello largo, castaño, en ondas naturales..."?

¡No! Describir no es nada más mostrar la apariencia física de algo o de alguien; ese es sólo uno de sus aspectos

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¡No! Describir no es nada más mostrar la apariencia física de algo o de alguien; ese es sólo uno de sus aspectos. La descripción no solo te dice cómo se ve Rayis; en un mundo ideal, también mostrará su carácter u otros rasgos que resulten difíciles de abarcar. Para muestra, vean al Maestro Gabriel García Márquez.

"De pronto cuando el duelo llevaba tanto tiempo que ya se habían reanudado las sesiones de punto de cruz- alguien empujó la puerta de la calle a las dos de la tarde, en el silencio mortal del calor, y los horcones se estremecieron con tal fuerza en los cimientos, que Amaranta y sus amigas bordando en el corredor, Rebeca chupándose el dedo en el dormitorio, Úrsula en la cocina, Aureliano en el taller y hasta José Arcadio Buendía bajo el castaño solitario, tuvieron la impresión de que un temblor de tierra estaba desquiciando la casa. Llegaba un hombre descomunal. Sus espaldas cuadradas apenas si cabían por las puertas. Tenía una medallita de la Virgen de los Remedios colgada en el cuello de bisonte, los brazos y el pecho completamente bordados de tatuajes crípticos, y en la muñeca derecha la apretada esclava de cobre de los niños- en-cruz. Tenía el cuero curtido por la sal de la intemperie, el pelo corto y parado como las crines de un mulo, las mandíbulas férreas y la mirada triste. Tenía un cinturón dos veces más grueso que la cincha de un caballo, botas con polainas y espuelas y con los tacones herrados, y su presencia daba la impresión trepidatoria de un sacudimiento sísmico. Atravesó la sala de visitas y la sala de estar, llevando en la mano unas alforjas medio desbaratadas, y apareció como un trueno en el corredor de las begonias, donde Amaranta y sus amigas estaban paralizadas con las agujas en el aire. «Buenas», les dijo él con la voz cansada, y tiró las alforjas en la mesa de labor y pasó de largo hacia el fondo de la casa. «Buenas», le dijo a la asustada Rebeca que lo vio pasar por la puerta de su dormitorio. «Buenas», le dijo a Aureliano, que estaba con los cinco sentidos alertas en el mesón de orfebrería. No se entretuvo con nadie. Fue directamente a la cocina, y allí se paró por primera vez en el término de un viaje que había empezado al otro lado del mundo. «Buenas», dijo. Úrsula se quedó una fracción de segundo con la boca abierta, lo miró a los ojos, lanzó un grito y saltó a su cuello gritando y llorando de alegría. Era José Arcadio. Regresaba tan pobre como se fue, hasta el extremo de que Úrsula tuvo que darle dos pesos para pagar el alquiler del caballo. Hablaba el español cruzado con jerga de marineros. Le preguntaron dónde había estado, y contestó: «Por ahí.» Colgó la hamaca en el cuarto que le asignaron y durmió tres días. Cuando despertó, y después de tomarse dieciséis huevos crudos, salió directamente hacia la tienda de Catarino, donde su corpulencia monumental provocó un pánico de curiosidad entre las mujeres. Ordenó música y aguardiente para todos por su cuenta. Hizo apuestas de pulso con cinco hombres al mismo tiempo. «Es imposible», decían, al convencerse de que no lograban moverle el brazo. «Tiene niños-en-cruz.» Catarino, que no creía en artificios de fuerza, apostó doce pesos a que no movía el mostrador. José Arcadio lo arrancó de su sitio, lo levantó en vilo sobre la cabeza y lo puso en la calle. Se necesitaron once hombres para meterlo..."

¿Quedó claro mi punto de vista?

Caray, ya dejé de parecerme a Kagami Kunichiro. Me estoy volviendo como Jeong Jeong.

 Me estoy volviendo como Jeong Jeong

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