Dia 8

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El pasado es de usted, el presente es mio, las memorias de ambos, el cariño de Dios, los besos del olvido, los sueños del mañana. Pero, ni usted es de mi, ni yo de usted. Somos almas sin pertenencia; cual debe ser el amor. Libre para ir y venir a placer.

La ausencia me hacía sentir marchito, con toda la exageración de la expresión. Marchito porque incluso extrañaba su respiración cerca de la mía, marchito porque ni si quiera su voz había podido venir a mi, marchito porque empezaba a darme cuenta que estaba enamorado y que quizás recibía amor a cuenta gotas. Y mi concepción del amor es totalmente diferente; para mí el amor es dejar el alma, la vida si es necesario para permanecer junto a tu otro yo.

Bloqueaba y desbloqueaba el móvil por inercia, aveces con la insistencia de al menos leerla en un mensaje. Un "hola" aveces lo cambia todo. Escribía y borraba mensajes para ella. Increpándole a la vida el porque los sentimientos no se borraban tan fácil como un mensaje de texto, deseando que se hiciera con la misma facilidad.

En un momento de "lucidez" decidí hacerlo, y la respuesta fue instantánea. La vida me estaba cambiando demasiado. Cada pequeña cosa que vivía con ella me hacía diferente. Ese día, en ese mensaje, en esa respuesta entendí que las cosas no se van, que las cosas las dejamos ir por el mismo miedo que no nos permite tenerlas.

—Hola, ¿qué pasó?

Un mensaje simple, como si nada estuviera pasando. Mi cabeza quería estallar. No esperaba una respuesta tan rápida, pero tampoco esperaba leer algo tan desinteresado, como si en sus venas la sangre no le corriera con la misma intensidad que a mí cuando pensaba en lo que teníamos. Fue como un golpe al corazón, un golpe que me llevo Cien días poder superar. Y con cien días no me refiero a días calendarizados, me refiero a momentos, a besos, a lugares, a decepciones.

—¿Pasar? De todo, Cam. Tu ausencia me hace sentir vulnerable... odio decirlo, pero es verdad. Criminalmente te has esfumado, después haberme besado la vida entera. Como el peor de los criminales, que te disparan en una parte del cuerpo que te ocasiona tanto dolor para mantenerte vivo.

Pensé un par de minutos en no enviarlo. La realidad es el que mensaje era intenso y rídiculo. Además, al saberme vulnerable, dejaba en sus manos mi felicidad y todo el poder de hacer conmigo lo que ella decidiera. Acaricie el botón de enviar mientras lloraba en silencio. Ya había desarrollado la habilidad de llorar sin que nadie se diera cuenta. Más por esos días en que me había vuelto tan sensible.

Enviar... ya estaba, le había enviado parte de mi vida en un mensaje. Aún cuando me había prometido nunca decirle cosas de ese tipo. Pero era ella, con ella rompí todas las promesas que me hice, con ella me volví mentiroso, masoquista, el peor de los idiotas; pero un idiota que la estaba amando de una forma desconocida, de una forma que jamás en la vida le volvería a suceder.

—Tranquilo, debes entender que no siempre podremos estar juntos. También te he pensado. Tú y yo amamos diferente. No te necesito aquí para saber que soy tuya... te extraño; tu Camila, sólo tuya.

Es el mensaje que más he leído en la vida, el que más he estudiado. 33 palabras, no fueron 500, fueron 33, y aún cuando las recuerdo sigo sintiendo el mismo amor por ella.

Me recosté y puse algo de música. Mis tiempos de fiebre por División Minúscula. Defecto Perfecto, un título que encajaba a la perfección con el álbum, con la letra, con todo el contenido; incluso con mi vida, con ella... mi defecto perfecto, el error que volvería a cometer una y otra vez, el dolor que me gustaría sentir de nuevo antes de morir.

–Mía, suena tan... único.
<<Enviar>>

—Lo es. Soy tuya, por siempre.

—Y yo de ti, no puedo tener duda de eso.
<<Enviar>>

Cien días después de ti¡Lee esta historia GRATIS!