ACTION TALES:La Liga de Los Hombres Misteriosos#2

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CAPÍTULO V

      Empezaba a hacer calor, por eso los guardias habían dejado que los reclusos que trabajaban en la construcción de la carretera de los Cayos se tomasen un descanso y bebiesen un vaso de té frío, deseosos ellos mismos de ponerse a resguardo del sol de justicia que lucía en el cielo ese día.

   Para Victor Smith, más conocido como Smithy en la Prisión Estatal de Florida, era su momento del día, se apuntaba a los grupos de trabajo por salir de la cárcel y por ver el mar, así que disfrutaba del espectáculo del océano y de su té frío como ningún hombre libre podría entender. Un grupo de cuatro embarcaciones llamó su atención, eran yates de recreo, estaban a unos cien metros de la costa, no era extraño verlos en esta zona, los Cayos estaban llenos de complejos hoteleros con embarcaderos donde los ricos y famosos atracaban sus naves. De repente, desde uno de los yates algo salió disparado hacia el cielo, Smithy pensó en un primer momento que se trataba de alguna bengala, quizás tenían problemas, eso explicaría la presencia de tanta gente en la cubierta, pero pronto descartó esa teoría, aquel proyectil no brillaba y se dirigía a donde estaba el grupo de trabajo trazando una enorme parábola, segundos después varios proyectiles del mismo estilo fueron lanzados desde las otras tres embarcaciones, algo no iba bien. Empezó a correr como alma que lleva el diablo hacia el agua, allí estaría seguro.

   Los guardias hablaban entre ellos de los últimos resultados de la liga de beisbol, resguardados del sol en el autobús, cuando uno de ellos se percató de la alocada carrera de Smithy completamente ajeno a las evoluciones de las embarcaciones que ya se dirigían a toda máquina a tierra firme.

-          ¿A dónde se cree que va ese? –dijo mientras desenfundaba su arma

   El resto de los guardias se pusieron en alerta tras el primer disparo de aviso, pero Smithy seguía corriendo hacia el agua. No había otra opción, no obedecía las órdenes de detenerse que los guardias le gritaban y ni siquiera el disparo de advertencia había tenido efecto alguno, así que el guardia Martinson apuntó su arma hacia Smithy pero algo interrumpió su concentración. Algo había impactado en el suelo a escasos metros de donde él se encontraba, el proyectil levantó una buena nube de polvo que tardó unos segundos en dispersarse, finalmente Martinson pudo ver un cilindro de unos veinte o treinta centímetros de largo del que salía algún tipo de gas comprimido, trataba de entender que estaba pasando cuando cayó desplomado al suelo, segundos después los otros guardias caían también como sacos de patatas, otros cilindros como aquel empezaron a caer por toda la zona y los reclusos del grupo de trabajo y los guardias del otro autobús siguieron el mismo destino. Todos habían caído, excepto Smithy, su idea de correr hacia el mar le había salvado, los proyectiles llevaban algún tipo de gas tóxico y afortunadamente la brisa del mar empujaba la nube tierra adentro, permaneció flotando e inmóvil para no llamar la atención de los asaltantes.

   Las cuatro embarcaciones se acercaron hasta casi embarrancar en los bancos arenosos de los Cayos, cosa que impidieron empujando desde la cubierta con unas varas largas. Inmediatamente empezaron a descender los ocupantes, llevaban ropa militar pero no eran de ningún cuerpo que Smithy pudiese reconocer, iban vestidos completamente de negro y llevaban máscaras antigás, no llevaban ninguna insignia visible y estaban armados hasta los dientes. Se desplegaron ordenadamente y empezaron a agrupar los cuerpos en una zona apartada de la carretera mientras otros procedían a desvestir a los reclusos y a los guardias que yacían inconscientes o muertos y guardaban sus ropas en los autobuses, una vez finalizada su siniestra tarea, se subieron a los autobuses y se marcharon, las embarcaciones se pusieron en marcha de nuevo y se alejaban hacia el oeste, de pronto el silencio se apoderó de todo. Smithy estaba paralizado, no sabía qué hacer. Esperó hasta que la nube de gas se hubo dispersado por completo y se acercó a aquel macabro montón de cuerpos pero una breve inspección le permitió ver que estaban todos muertos, sus pieles tenía una palidez espectral y de los ojos, naríz y oídos de los cadáveres podían verse hileras de sangre, habían tenido una muerte horrible. Smithy corrió hacia la carretera, tenía que avisar de esto a los federales, aunque era una ocasión perfecta para escapar tenía que hacer lo posible para detener a aquellos salvajes, quizás los federales quisieran hacer un trato y rebajasen su condena o incluso darle un indulto.

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