Reto 32

26 2 21

Consigna: Describe una escena de un relato pensando en una fecha significativa para ti y traslada esas emociones a tus personajes.


19 DE MARZO

La mayoría de las calles que camino no son camino que hayamos coincidido, vivo ahora en una casa que nunca pisaste y tengo un trabajo que ninguno de los dos imaginamos que tendría. Las cosas son diferentes, en siete años han cambiado demasiado, incluso en mi corazón todo es peor de lo que ante fue.

En mi vida ya no hay rincones donde vislumbrarte, y aun así no dejo de recordarte. En este último año he visto a tu familia solo tres veces, y aun me siento parte de ella. Mi mente se esfuerza continuamente en superarte, y aún mi corazón no duda en de tu recuerdo aferrarse. Esto es difícil.

A veces me reprocho ser injusta, querer dejarte atrás y seguir con mi vida. Pero es la ley de la vida, "cuando alguien muere es solo el muerto quien no camina, al resto de nosotros nos toca seguir adelante como se pueda". Lo sé tan bien que incluso lo escribí en una de mis novelas. Pero dicen por ahí que "del dicho al hecho, hay mucho trecho" y yo sigo suspendida entre mis ganas de dejar de llorarte y mi necesidad de ti.

He seguido con mi vida, y a veces me siento culpable por ello. Por caminar una vida en la que ya no estás, pero que iniciamos juntos y que, por algún tiempo, se sintió como que terminó para los dos ese trágico diecinueve de marzo en que un accidente la vida te arrebató.

Fui un muerto viviente, aunque no estaba tan muerta en realidad. Estoy segura que los muertos no sufren el dolor que yo aún siento. Pero puedo asegurar que sentí como mi vida se detuvo cuando tu corazón dejó de latir, sentí como nada tuvo sentido y fue difícil continuar. Era difícil comer, era impensable dormir, era complicado respirar y se tornó imposible sonreír. Mi vida se tornó engorrosa, y lo sigue siendo aún después de tantos años.

Pasé meses llorando tu partida, pero aprendí a dejar de llorar cuando dolía; aprendí a vivir con mi dolor, aprendí a vivir sin tu compañía; aprendí que nada es para siempre, y que tarde o temprano todo terminaría, incluso las vidas de los que amo, incluso si es lo que menos quería.

Marzo es especialmente difícil, es un mes que parece susurrar tu nombre en cada ráfaga de viento, hiriendo cual navaja filosa mi ya despedazado corazón. Septiembre también es complicado, pero el cielo y sus torrenciales lluvias secundan mi llanto, y el melancólico mundo pareciera comprender mi pena, no como en marzo que hasta el sol sonríe, dejándome fuera de un lugar al que ni tu ni yo pertenecemos más.

Hoy el hueco en mi estómago vuelve a hacerse grande y profundo, incapaz de ser llenado con nada, ni siquiera con tanto dolor como siento. Porque duele mucho que no estés, duele mucho recordar que no estarás de nuevo, duele mucho respirar este aire que no respiras y me ahoga en tantos sollozos como no puedo contener.

"Vuelve" lo he pedido tantas veces... "Vuelve" lo digo incluso entre sueños... "Vuelve" pero no hay nadie que conteste...

Soy consciente de que no volverás, por mucho que lo pida o por mucho que lo anhele. "Los muertos no regresan", eso también lo escribí en una novela, como si no lo supiera, los muertos no vuelven una vez que han partido. Pero qué difícil ha sido aceptar que te has ido.

Te soñé una vez, en siete años solo una vez, y lloré todo el sueño por poder tener lo que pensé nunca tendría, y me negué a abrazarte porque estaba herida, estaba enojada contigo por ser tan idiota e imprudente, porque con un poco de cuidado quizá ese accidente no hubiera pasado; no te abracé porque estaba molesta conmigo por enojarme contigo, y porque sentía que después de tanto año intentando olvidarme de ti no merecía ese abrazo que me ofrecías.

"Yo estoy bien" dijiste y me molesté mucho más, me dolía tener que aceptar que la única que extrañaba lo que fuimos era yo, pero supongo que así es después de la vida, las preocupaciones mundanas no son parte de ustedes los ángeles, y aun así viniste a ofrecerme un consuelo que no pude aceptar.

Cada noche después de eso pensé que podría soñarte, pero no pasó. Nunca volviste aun cuando prometí que la próxima vez que vinieras te abrazaría seguro. Vuelve... por favor.

Mi corazón no se siente más agitado, mi corazón no ha vuelto a latir como latía cada que sonreías, ni mi sonrisa ha vuelto a ser tan grande como cuando te escuchaba. Te extraño, vuelve.

Y sigo pidiendo que vuelvas, aun cuando soy consciente de que no puede pasar. Pero a veces, entre todo el dolor que me ciega, la posibilidad de que esto no sea más que una pesadilla me permite volver a respirar. Más supongo que si no puedo despertar es porque no estoy durmiendo, y eso es doloroso.

Nunca pensé que podría extrañar tanto a alguien, es como si de pronto me faltara la mitad de mi vida, una mitad cuya ausencia es dolorosa. Me faltan tus sonrisas, esos ojitos burlones que siempre me miraban divertidos, me falta ese futuro que imaginé para ti, me faltan esas palabras en una voz casi olvidada, me faltan abrazos y tiempo peleando contigo, me faltas tú y eso es angustioso.

Pero sabes, no todo es malo en realidad, he vuelto a sonreír, incluso cuando te pienso. Ya no me ahoga el llanto cuando hablo de ti, aunque aún me duele como si me arrancaran la piel a pedazos. Y, aunque no he logrado imaginarme un futuro sin ti, he estado construyendo a una vida sin ti a mi lado. Pero eso es solo porque no me queda de otra.

Te extraño, en serio te extraño; te quiero en mi vida, eso no ha cambiado; pero he seguido adelante como sé que te hubiera gustado. Porque sé que me querías tanto como yo aún te quiero, sé que como yo siempre quise lo mejor para ti, siempre deseaste lo mejor para mí, y aún peleo mi guerra por obtener lo mejor de este mundo que, sin tu presencia, no es tan brillante ni tan perfecto.

Seguiré peleando mi guerra por superarte, por convertirte en un hermoso recuerdo que ya no me haga llorar; seguiré aferrada a una vida sin tanto sentido, pero con tantas oportunidades como ya no puedes alcanzar.

Honraré tus memorias cada que te recuerde, sonreiré por los gratos e irrecuperables recuerdos, le mostraré al mundo lo feliz que me hiciste mientras viviste y, en la soledad de mi cama, mientras nadie es testigo de mi alma despedazada, lloraré esa pena que nunca dejaré de purgar.

Te extrañaré para siempre, te amaré siempre también y viviré para honrar esa vida que terminó abruptamente el 19 de marzo de 2010, ese día que marcó mi vida y rompió mi corazón.

Descansa en paz querido Iván, y vuelve aunque sea en sueños, a curar con una mentira mi adolorido corazón.



Pues lo extraño mucho, pero parece ser que comienzo a acostumbrarme a una vida sin él, he prometido que le dejaré atrás. Y, aunque si me pongo a pensarlo me siento bastante egoísta, creo que es momento de volver a ver por mí y mi bienestar. 

Yo quería escribir esto mañana, porque mañana es 19 de marzo, pero no creo estar en condiciones de sentarme a escribir, mucho menos a poner en palabras mis sentimientos. Mañana será especialmente doloroso y, como cada año, me dedicaré a sentir y nada más.

Gracias por leer, Besos hermosuras. 

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