Capítulo 44 (II)

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—¿Madison? ¿Madison?

Robin ya llevaba un buen rato tocando a la puerta de su amiga, pero como no le llegaban ruidos suponía que su amiga, o seguía dormida o ya se había levantado y ahora se encontraba en otra parte del palacio.

—¿Qué hago?... Mejor entró. Capaz que se quedó dormida y esta tan cansada que no me oye.

La castaña le dio un tirón a la puerta, comprobando una vez más que se encontraba cerrada desde dentro. Después lanzó un suspiro y murmuro.

—Lo siento, Madison.

Con un rápido golpe a la vieja madera de la puerta, la joven abrió un hoyo lo suficientemente grande como para que pasaran dos de sus dedos. Enganchó ambos al seguro y los alzó, tras eso por fin pudo abrir.

—Madison, ¿se puede saber que...? ¡Madison! —, la chica corrió a donde se encontraba su compañera caída y la volteó con cuidado. La morocha estaba mucho más pálida que de costumbre, y unas manchas de sangre sobre su boca la llevaron a abrirle la cavidad. Se había mordido por dentro mientras caía — ¡Madison! ¿Me oyes? ¡Ma...!

—Eh... —, con un quejido, la mencionada abrió los ojos y se llevó una mano a la frente —, ¿Ro? ¿Qué?

—Eso mismo quiero saber. Te encontré tirada en el piso y...

—Ah... Si me desmaye. Creí que había sido un sueño.

—¿Cómo crees que va a ser un sueño? Me diste un susto de muerte —, la castaña se levantó de su lugar y le tendió ambas manos a su amiga —, ¿Puedes levantarte? ¿Ya te sientes mejor?

—Sí... Creo que si —, la ojigris la sujetó con fuerza y se puso en pie. Sentía el cuerpo entumecido y la boca le dolía, pero por lo demás ya se encontraba mejor. De los dolores que había sentido el día pasado no quedaba ni rastro.

—¿Por qué te desmayaste? ¿Estas cansada? ¿Te duele algo?

—No. Ya no... Estoy bien. Nada más me cambió de ropa y ya que...

—¿Madison? —, la joven estaba viéndose al espejo de su cuarto para ver qué tan mal había terminado, cuando la voz de Elliot la hizo voltear.

Lo primero que alarmó al muchacho fue la tonalidad escarlata que habían adquirido las escleróticas de sus ojos; después, aquel temblor constante en sus dedos, y por último la extrema palidez que presentaba su piel.

Sin prestar atención a la castaña en la habitación, el ojiazul acortó el espacio que había entre él y la muchacha de cabellos negros, tomándola de los hombros a la par que daba inicio a una inspección detallada.

—¿Qué te paso? Te ves super mal y... Demonios, hasta parece que te agarraron de saco de box.

Incomoda por la situación, la morocha retrocedió un par de pasos sin apartar sus ojos de Robin. En su mirada, podía verse el atisbo de sonrisa que no permitía que su boca mostrara.

Elliot no dejo que se alejara más. La sujeto tan fuerte que los ojos de Madison se agrandaron.

—O te quedas quieta o te va a ir muy mal...

—No me paso nada —, la muchacha retomó el mando de la situación y tiró de su brazo. Aunque no se sentía tan valiente, su rostro no permitió que él lo supiera—. Robin, vamos a desayunar.

—S-sí.

Tras un par de profundas inspiraciones, el ojiazul dejo que Madison se fuera, pero antes la tomó de la mano y dijo, por lo bajo.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!