Después de salir del edificio me sentí como cuando te despiertas de una operación. Confusa, mareada, agobiada y con ganas de volver a dormir. 

¿Qué era lo primero que tenía que hacer? ¡Llamar a  un abogado! Tom lo había mencionado justo antes de irse. Afortunadamente conocía el número de teléfono del abogado de la familia así que solo tuve que buscar en mi antiguo móvil. Contestó en seguida y le puse al tanto de lo ocurrido. No dudó ni un solo segundo en decirme que el caso lo ganaría Tom y que probablemente tendría que pagarle una cantidad grande de dinero por violación de la intimidad. 

Pero a mi poco me importaba eso, lo que yo quería era que moviera todo lo que pudiera para evitar que esas revistas salieran a la luz. Que buscase cualquier cosa que hiciera que la edición cerrara y quitasen a Frank de en medio.

Me prometió ponerse con ello enseguida.

No todo salió tan bien como yo deseaba. Tom logró que la revista no publicase la entrevista pero nos llevó a juicio y cuando digo nos, no me refiero a la empresa. Me refiero a que me llevó a juicio por intrusión en la vida privada.

El día del juicio fue díficil. Habían pasado ya seis meses desde la última vez que nos habíamos visto y vernos en los tribunales no fue muy placentero. Aquel día me costó un trabajo especial levantarme de la cama pero me obligé a ello. En el lapso de los meses me había sacado el carné de conducir y por fin logré un poco de independencia en ese campo. Conduje hasta llegar a los tribunales y con las piernas temblonas me dirigí hacia dentro para encontrarme con mi abogado.

—¿Cómo lo ves?—Le pregunté una vez estuvimos sentados en la sala.

— Veo que estás loca, pero tú eres la clienta y tú decides.

—Ya ha tenido suficientes mentiras, solo quiero que todo esto acabe. ¿Él va a venir?—Miré hacia la puerta deseando que él entrase, la distancia no había echo que le olvidara.

—Claro que sí, él vendrá y Frank también. Recuerda que el juicio es de los tres.—Ordenó sus papeles y los ojeó con impaciencia.—Creo que Tom ganará, tendrás que indemnizarle y que nosotros lograremos que Frank vaya a la cárcel aunque quizás algo te salpique.

—No me importa, te lo aseguro.

Escuché las puertas abrirse y supe que era él. Así sonaba su paso, era Tom. No me giré, me mantuve firme mirando hacia el frente esperando que el juicio comenzara. El juez entró por una puerta lateral y se sentó en su sitio. Entonces todo comenzó. Primero llamaron a Frank y el juez le leyó los delitos por los que se le imputaban, él asintió en todos y en cada uno exceptuando en violar la privacidad de Tom.

—Yo no fui él que se metió en su vida, señoría, fue ella.—Ni siquiera me miró pero era obvio que se refería a mi.

—De acuerdo con los informes ella quiso impedir la publicación de dicho artículo y usted lo publicó sin su permiso. Afortunadamente el señor Hiddleston logró que no se publicara.—Le corrigió el juez.

—Cierto, pero yo soy el jefe y podía hacerlo sin su permiso.—Apartó la vista del juez y me miró de reojo esbozando una sonrisa de oreja a oreja.

—Siéntese, tiene el turno la acusada, señorita Johnson.—Me levanté y sentí como casi me caigo de puro nerviosismo. No quise dirigir la mirada hacia la izquierda pues sabía que Tom se encontraba allí, mirándome. podía sentir sus ojos azules clavando se en mi.—Señorita Johnson, se le acusa de intrusión en la vida privada del señor Thomas William Hiddleston ¿es eso cierto?

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