Magia [ Parte 6 ]

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[Narrado por Otabek]

Como te iba diciendo, mi padre era originario de las naciones neutras, como sabrás, él en ese lugar también se encuentran humanos. Pues él era algo así como un asesino a sueldo. ¿Por qué te digo esto? Creo que entenderás poco a poco.

Cuando echaron a mi padre de su nación, o dicho en palabras más hermosas: cuando fue desterrado de las naciones neutras, buscó refugio en la nación de los elfos, adonde en contra de voluntad lo acogieron. Tenía suerte, mi madre ya me esperaba a mí por lo que no quisieron enviarlo al continente prohibido. Sin embargo estaba en condiciones trágicas, la igualdad es casi ley en nuestras naciones, sin embargo ¿Qué ley aplicas para quienes han quebrantado los mandamientos? Las personas nunca le dieron una oportunidad a mi padre, no tenía un trabajo fijo ni ayuda en la nación. No, no estoy tratando de que te de lástima, simplemente te digo la realidad, no culpo a nadie, yo tampoco hubiera tratado de ayudar a un asesino.

Mi hogar no era algo cómodo para un niño, así que cuando cumplí 10 años decidí escapar. Supongo que tienes curiosidad por qué escapé tan joven. Pues, es simple: Mi padre era un maldito desalmado y mi madre decidió escapar con la promesa que regresaría por mí, sin embargo jamás logré verla de nuevo. Terminé en un hogar de niños humanos abandonados, que un fauno como yo estuviera allí era rarísimo así que prefería mantener mi forma humana. Fue entonces que lo vi, yo tenía 12 años, él tenía 9, el hijo del señor Plisetsky. Me acerqué a ellos sin saber bien que haría, su abuelo estaba allí, Nikolai me vio y entendió de inmediato que yo no era un humano.

- ¿Cuál es tu nombre, niño? – preguntó mientras Yurio se ocultaba tras de su padre, su rostro parecía molesto. No le gustaba pasar con humanos.

- Otabek – dije en voz baja. – Otabek Altín.

- ¿Quisieras venir con nosotros? – sonrió.

Mire al chiquillo quien frunció el ceño, asentí, suavemente. Luego de un corto papeleo (que solamente fue corto por quienes eran ellos) me encontraba viviendo en la mansión de los Plisetsky en la nación de los elfos. Mi deber era estar con Yurio, yo le ayudaría a entrenar. ¿Entrenar para qué? Para convertirse en un Jäger, por supuesto.

¿Qué era eso? Ninguno de nosotros entendía, sin embargo obedecíamos ciegamente. Los entrenamientos eran duros pero divertidos, o al menos eso pensaba yo. Entablar una amistad con Yurio no era fácil, vaya que no lo era. Por más que trataba solo cruzaba las palabras necesarias conmigo para los entrenamientos y eso era todo. Fue hasta que cumplí 15 años, que comenzamos a aprender magia, a su corta edad él ya era parte de los Jägers de la nación de los elfos.

No era algo fácil, para nada. En realidad era todo lo contrario, yo jamás logré completar de manera correcta un hechizo de magia mientras que Yurio lo lograba como si no fuera nada. Había llegado a aprender a controlarla a tal punto que no lo quemara. ¿Cómo ha hecho esto, te preguntarás? Es parte de un hechizo más complicado, que yo jamás pensé lograr alcanzar.

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