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Sinuhe abrió la habitación de la recámara de Camila, encontrandosela con algunos libros que tenía, intentando leerlos.

La joven se percató de la prescencia de su madre.

—¡Mami!

—Estuvieron a punto de entrar ¿Te das cuenta? ¡De milagro no nos atrapan!

El discurso que iba a dar a continuación fue el mismo que le inventó a su hija menor, Sofía, cuando despertó en su cama hace unas horas y le dijo que el dolor que sentía era por un rayo que mandaron de la guerra, y que habían intentado entrar aquí.

»—¿Y cómo has hecho para que se vayan? —inquirió la pequeña.

—¡Dinero, Sofi, dinero!

—Tú dijiste que en el desierto negro el dinero no importaba...

—¿Dije dinero? Quise decir... ¡Dinner! Dinner es cena en inglés, les di unos bocadillos de esos tan deliciosos que hace mami. Pero eso no importa, estás aquí —acarició a su hija y beso su cabellera—, te salvé, te salvé... Ahora, si hubieran entrado, ¿que querías, que me acribillaran?

—No, pero yo... Lo siento. —Se acomodó tanto como pudo abrazando a su madre.

—No, mi amor —hizo muecas y volvió a besar su cabello—. Lo que sí, Sofi, ahora tendremos que escondernos con mucho cuidado.

—¿Tendremos que buscar otro escondite?

—No... —Se levantó—. Vamos a tener que tomar medidas de precaución, veamos... —tomó un maletero color marrón y volvió a acercarse a su hija—... Si mal no recuerdo, aquí tengo algo —lo abrió—. Vamos a cerrar con candado.

—Con candado no —alzó las cejas tristemente.

—Con candado sí —buscó en el maletín y alzó la mirada hacia ella—. Si tú ni siquiera sales, ¿qué te importa?

—¿Y si necesito salir por alguna urgencia?

—En la guerra no hay urgencias —dijo firmemente—. O hay catástrofes, o hay milagros. La catástrofe es que nos encuentren, y el milagro... —sacó un gran candado y se lo enseñó.

—El candado...

—El candado —afirmó—. Así que te vas a quedar aquí, tranquilita, vas a mirar la película, La Novicia Rebelde —pensó unos segundos y negó con el dedo—...no, rebelde no, mejor El Mago de Oz, ¿sí? —se levantó y se dirigió a la puerta—. No hay mejor hogar que el hogar.

A continuación, Sinuhe volteó a ver a su pequeña hija de 8 años y le lanzó un beso en el aire.
Salió por la puerta, la cerró desde atrás y comenzó a poner el candado.

También pensó en cómo Sofía se parecía tanto a Camila a su edad.Camila solía hablar con palabras muy maduras para su edad y era tanto o más inteligente que ella. A parte de también ser muy astuta.
Ella era una niña completamente sana e inteligente, hasta que su madre decidió intervenir.

~•~•

—¡Amandita, qué sorpresa! 

—¡Tía! —la abrazó.

—¡Ow, estás enorme, cuánto tiempo! ¡Tienes más rizos que nunca!

La pelirroja rió y entró a la casa de su tía.
Se llamaba Sidney. Sidney Cowell. La hermana menor de su padre, aunque ella tenía poco y absolutamente nada que ver con él.
Era joven, tenía 32. Delgada, con el cabello lacio y corto de un profundo color azabache, junto a su también lizo flequillo.
Era la única familia que la pelirroja tenía ahora.

Ojos Alegría (La chica del sótano) - Camren.¡Lee esta historia GRATIS!