Capitulo 44

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-Necesitamos hablar, Efrén. Ya sé que estás enfadado, pero por favor, deja que te explique lo que pasó...

Colgué suspirando para bloquear mi teléfono. Este era el cuarto mensaje que le dejaba ya después de las tantas llamadas que le había hecho.

-¿Key? ¿Puedo pasar?

-Claro, papá. –Marco abrió la puerta asomando la cabeza por ella.

-¿Estás lista?

-Sí, creo... –Me puse de pie para hacerme un moño y seguirlo hacia la planta inferior.

Tenía la necesidad de ir a visitar a Caleb al cementerio para hablar con él.

-¿Sigue sin contestarte?
–Preguntó cuando ya había arrancado el coche.

-Sí, luego iré a buscarlo a su casa.

-Entonces te dejaré luego por allí y yo iré a buscar a Lucca.

-Está bien. ¿Irá Alexis a cenar?

-Voy a comentárselo. –Asentí para ver como aparcaba frente a las puertas del cementerio.
–¿Quieres que me baje contigo?

-No, no, espérame mejor aquí.

-Vale.

•••

-Hola, Alice.

Keyla! ¿Qué tal, corazón?

-Bien. ¿Está Efren?

-Sí, sube. –Asentí sonriendo para dirigirme al cuarto de mi novio.

Esperé a que me respondiera después de tocar, pero nunca hubo respuesta.

-¿Efri? –Abrí la puerta para verlo acostado boca abajo de espaldas a mi. –Ya sé que estás enfadado conmigo, Efren, pero tenemos que hablar. –Siguió sin responderme haciéndome suspirar. –Mira, lo siento ¿si? Era importante. Si no aprovechaba esta oportunidad, nunca hubiera sabido lo que se ahora.

Ni se inmutó, siguió acostado ignorándome por completo.

-Oye, ¿me estás escuchando? ¡Efren! –Grité haciéndolo saltar en el sitio.

-¡Dios, Keyla! ¿Qué haces aquí?

-¿Qué hago aquí? ¿Es que no oíste lo que... –Y entonces, tocó algo en su móvil para quitarse los auriculares. –Menos mal, pensé que me estabas ignorando.

-¿Qué quieres?

-No respondías a mis llamadas.

-Lo sé.

-¿Y ya está? ¿Ni siquiera vas a inventarte una excusa?

-¿Para qué? No respondía a tus llamadas porque no quería.

-Ah, muy bien. –Dije cruzándome de brazos. –¿Y ahora quieres escucharme o también me ignorarás?

-No, ahora que estás aquí, habla.

-Me fui porque tenía que hablar con alguien de algo muy importante.

-¿Más importante que tu novio?

-No digas eso. Era importante y punto.

-¿Y me dirás quien era? ¿O que era tan importante?

-Era Kendall...

-¡JA! Ese fantasmita apareció de nuevo.

-No lo llames así, Efrén. Técnicamente, se despidió de mi...

-¿Ah, si? Mucho mejor entonces...

-Efren.

-¿Qué? Era un incordio para todos. –Dijo haciendo que lo mirara mal. –¿Y que te tenía que decir?

-Prefiero guardarme eso para mí.

-Ah, y encima tengo que aguantar que tengas secretos con él.

-¡Por favor, Efri! Si te estoy diciendo que se despidió de mi.

-¿Y se puede saber por qué se despidió de ti?

-Pues porque... No quiere volver a verme.

-¿Y ya está? No me lo creo.
–Abrí la boca sorprendida. ¿Pero es que alguien lo entendía? Eso está muy raro...

-Esté raro o no, ya no volveré a verlo.

-Pero porque lo eligió él y no tú.

-¡Ay, pero que pesado, de verdad! –Dije cansada ya. –¿Es que te levantaste de mal humor o qué?

-¿Yo? Eres tú la que llegó aquí gritando.

-¡Porque no me hacías caso!
–Grité cruzándome de brazos.
Mira, ¿sabes qué? Mejor voy a irme para no seguir discutiendo contigo.

-Bien.

-Bien. –Repetí antes de salir de su habitación para dirigirme a la primera planta.

-¿Ya te vas?

-¡Si!

-Puedes quedarte a comer si qui...

-¡No! Te lo agradezco, Alice. Pero ya tengo planes con mi padre y hermano.

-Ah, me gustaría ver a ese niño alguna que otra vez. ¡Debe de estar enorme!

-Sí... –Le sonreí para despedirme e ir directamente a mi casa.

¿Por qué diablos tiene que ser Efrén así? ¡No lo soporto cuando se comporta así conmigo! Es...

-¡Aag!

-Sí, así me sentía yo también con mi novio...

-¿Perdón?

-Lo siento, soy Claudiah.

-Keyla...

-Lo sé. –Sonrió para seguir caminando a mi lado. –¿Sabes? En este sitio tenemos muchas referencias de ti.

-¿Qué?

-Para algunos eres una heroína que ayuda a las almas perdidas a buscar su camino. Mientras que para otros...

-Prefiero no saber esa opinión. –Respondí metiéndome las manos en los bolsillos de la sudadera.

-Está bien. Pero quiero aclarar que yo estoy del bando de los buenos, por eso quiero que me ayudes.

-¿Qué te ayude a qué?

-A que mi novio busque la felicidad de nuevo. Nosotros éramos como ustedes ¿sabes? Siempre estábamos peleando...

-¿Pero como sabes...

-Llevo observándote varios días. Quería encontrar la oportunidad perfecta para hablarte.

-Vale, pero es que ahora...

-También lo sé. Estás ocupada, ¡pero puedo venir mañana! ¿Puedo?

-Supongo que si...

-¡Genial! Pues te veré mañana. ¡Adiós! –Ni siquiera me dió tiempo a despedirme, Claudiah desapareció de mi vista tan pronto como había llegado.

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