Capítulo 44

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La celebración


Madison avanzaba a paso veloz por los pasillos de Elid. La muchacha no había tenido oportunidad de comprobar el estado de Bithër, pero gracias a la intervención de la legión, y en especial de su madre, se le permitió ir a la sala de curación y ver como se encontraba la narendäe.

Al principio, la morocha aceleró sus pasos y se apresuró por llegar a su destino, pero tras haberse encontrado con un par de guerreros por el lugar, entre ellos Tristán, Madison prefirió no correr riesgos y andar a una velocidad normal.

No estaba segura, pero había ocasiones en las que no podía controlar sus nuevos poderes. Corría muy rápido, hacía uso de una agilidad que antes no había poseído, escuchaba conversaciones que venían de pisos diferentes al que se encontraba, e incluso, en algunas ocasiones se sorprendió manejando dominios que, cuando era "normal" no podía usar.

Necesitaba ayuda para saber que podía hacer, pero con Lënn no había podido hablar desde hacía unos días, y, por lo que sabía, Ninfer abandonó la ciudad cuando los álfr se fueron. No sabía a quién más recurrir, así que todo lo que podía hacer era controlar los nuevos poderes de los que conocía, y esperar porque algo más no se manifestara.

—¿Hay alguien? ¿Bi?

La joven de ojos grises entró a la sala con mucho cuidado. No se veía ningún álfr a la vista, y la única cama que se encontraba ocupada en el lugar pertenecía a la mujer que estaba buscando.

Madison cerró el acceso con cuidado, y deslizándose casi de puntitas sobre el piso marmoleado, llegó a donde se encontraba reposando Bithër.

La mujer estaba tan blanca como las paredes, sus labios agrietados rogaban por un poco de agua, y aquellas manchas negras bajo sus ojos la hacían verse como un luchador, después de una pelea.

Su acompañante tomó el vaso medio lleno que reposaba sobre la mesita junto a la cama y se mojó los dedos, pasándolos por la piel reseca de la fémina a tiempo que decía, en voz baja.

—¿Qué te hicieron, Bi?

La respuesta le llegó al poco tiempo, de la mano del mismo guerrero que había visto hacia unos momentos en el pasillo.

—Veo que si te dejaron visitarla... Bien. Le servirá para ponerse mejor.

Moviéndose con una gracia envidiable, Tristán se acercó a la joven y le dedicó una veloz mirada a la narendäe. Madison intentó no moverse mucho mientras el hombre hacía su examen; por lo que Lënn le había dicho, los Valderiat eran capaces de oler la sangre de cualquier creatura en su mundo.

La única manera que tenía de que no notaran la diferencia entre su sangre y la de Bithër, era quedándose quieta y regulando su respiración. Ese era uno de los motivos por los que había retrasado su petición; aunque confiaba en las palabras de la morfe y estaba segura de que lejos de Bi nadie notaría el cambio de raza, una parte de ella siempre se había sentido algo intimidada por aquel guerrero alto y de rostro serio, que se dedicaba a alimentarse de los cuerpos de sus enemigos o de los recién caídos. Eso unido con la peculiar capacidad que tenía solo conseguía ponerla nerviosa.

—¿Cuánto tiempo te dejaron quedarte con ella?

—Eh... Ah, yo. No pregunte.

—Mal. No creo que puedas estar más de diez minutos en la sala, aunque, viendo que mi hermana y los otros te tienen en buena estima... —, el hombre alzó una ceja y chasqueó la lengua —. Mejor les preguntó.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!