Capítulo 1 de Teslhar

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MIÉRCOLES 24 DE DICIEMBRE DE 2014

Leonard acudió puntual a su cita con Mikail. Aparcó su Ford Focus frente a la casa de la calle River Road donde él y su socio, Luis Armando, comenzaron su negocio como contratistas eléctricos; aunque, desde hacía seis años la usaban como almacén de refacciones. Hacía frío y ya estaba oscuro. La pequeña vivienda blanca con techo de zinc tenía encendido el farol del porche y parecía invitarlo a entrar.

El reloj de su móvil marcó las siete y cincuenta y nueve. Pero, nadie apareció.

Leonard sabía que a los Ministros les disgustaba esperar, y por eso escapó de su negocio apenas tuvo la oportunidad. Si no, hubiera seguido trabajando hasta las nueve o diez de la noche, sin importar las festividades, porque primero estaban los clientes; luego, los clientes; y después, los clientes.

—De seguro me espera adentro —se dijo a sí mismo.

No quería bajarse del coche. La calefacción apenas había vuelto agradable la temperatura del interior, y eso que perdió bastante tiempo esquivando a los conductores que iniciaban las compras de último minuto en las calles y centros comerciales de San Antonio, Texas. De pronto, los acordes de Imagine comenzaron a sonar en su móvil. Era el tono de alarma que puso para recordar a qué horas debía verse con Mikail. La desactivó tocando la pantalla del aparato, y enseguida, una luz se encendió en la sala de la casa. Su viejo entrenador ahora debía estar adentro.

Leonard descendió del vehículo aprisa, recorrió la pequeña acera que llevaba hasta la mosquitera de la entrada, y se metió tan aprisa como pudo. La sala fue alguna vez el recibidor de Harmony Electric, la compañía que Luis Armando Villarreal y él fundaron 15 años antes. Ahora ese lugar lo ocupaban estanterías colmadas de rollos de cable eléctrico, tuberías y refacciones de computadora.

—¿Cuánto pasó sin vernos? —dijo Mikail alisando el negro hábito con dos de sus cuatro manos— ¿Veinte años?

—Más o menos —respondió Leonard; luego, se inclinó hacia enfrente para hacer una reverencia—. ¿En qué puedo servirle, señor?

—Pues —Mikail envolvió su cuerpo con sus cuatro alas. Parecía tener frío—... te traigo nuevas órdenes del Eterno: Debes llevar el Conjuro del Portador a otro lado.

—¿Y tiene que ser ahora mismo?

—No. De ninguna manera. Pero, ya está decido. No debemos tenerlo más aquí. Helyel sospecha dónde lo has escondido y que tú eres un Maestre. Solo es cuestión de tiempo para que lo confirme e intente arrebatártelo.

—Bueno. Si eso es todo, Rashiel pudo decírmelo en ese correo electrónico que no sé cómo me envió.

—Fue desde una computadora. Pero, eso no interesa, el punto es que debía explicarte nuestros planes en persona.

Leonard lo entendía. Si Helyel hubiera interceptado el mensaje y éste contenía los detalles que Mikail estaba por revelar, tanto Eruwa como la Tierra y muchos otros universos peligraban en serio.

—Ahora escucha —Mikail escribió en el suelo, con el dedo, algo que Leonard no distinguió—: Aquí fue donde Luis Armando y tú abrieron su negocio y aquí es donde este conjuro debe activarse. El tiempo empezará a correr cuando tu socio firme un contrato con una compañía en México. Irás allá a abrir una nueva sucursal y llevarás el Conjuro del Portador contigo y allá lo esconderás —Luego, se enderezó—. Ahora vayamos al patio.

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