Capítulo 5

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Han pasado ya dos días de aquella noche, la noche en la que Oliver me dijo que solo quería que fuésemos amigos. Todavía no me puedo quitar aquellas palabras de la cabeza. Técnicamente tendría que habérmelo imaginado. ¿Cómo iba a cambiar su forma de ser por mí? ¿Cómo si quiera iba a salir con alguien como yo? Que ilusa.

Son las ocho de la mañana y ya estoy despierta. Lo único que me mantiene animada es saber que Isaak llega hoy de casa de sus abuelos. A las ocho y media teníamos que ir a recogerlo al aeropuerto. Sarah, Oliver y yo. Oliver. Está en todas partes, de todas las personas que hay en el mundo me tenía que enamorar de él.

Suena el timbre y bajo a abrir la puerta. Era Sarah. Iba vestida con una sudadera de Oxford, su universidad favorita, y unos vaqueros. Yo aún iba más sencilla que ella, un chándal y el pelo recogido en una coleta alta, no me quería arreglar.

—Venga, venga, venga— me coge de la mano y me saca prácticamente arrastras de mí casa, por suerte consigo cerrar la puerta. Subimos las dos a la parte trasera del coche, Oliver conducía.

Habían pasado ya diez minutos y nadie había hablado todavía. Aún faltaban cuarenta minutos para llegar al aeropuerto, se nos iba a hacer un viaje muy largo. Solo se escuchaban las canciones que sonaban por la radio y algunas maldiciones que soltaba Oliver cuando el coche de enfrente iba demasiado despacio. El trayecto se me estaba haciendo algo incómodo. Me puse a pensar en si había hecho algo que enfadara a Sarah y que por eso no me hablaba. Pero no tenía sentido, a no ser que se hubiera enterado de todas las mentiras que le había dicho estos últimos días, entonces la había cagado pero bien. La voz de Sarah interrumpe mis pensamientos.

—Ally, ¿me estás escuchando?

—No, perdona. Estaba algo distraída, ¿qué me estabas diciendo?— noto como Oliver nos miraba desde el retrovisor.

—Allison, hace dos días que no sales de casa. Últimamente se te ve muy mal, mírate. ¿Qué te pasa?—me pregunta Sarah después de mirar con cara de desprecio mi chándal.

No le iba a contar nada, eso lo tenía muy claro. De todas formas, algún día tendría que hacerlo, es mi mejor amiga. Tenía que contarle que lo que me pasaba era Oliver. Él era la causa de la mayoría de mis problemas. Pero como escuché en una película: "No cuentes nunca tus secretos porque si ni tú mismo puedes guardarlos, no esperes que otros lo hagan." Así que, finalmente, decido volver a mentirle.

—Sarah, no te preocupes, va todo bien. Es solo que me quedo hasta tarde haciendo deberes y estudiando. A parte, he estado buscando trabajo, sin mucho éxito la verdad. Y pues todo esto me tiene algo cansada, pero nada más. No es nada grave— sonrío y la miro esperando que se lo crea, aunque técnicamente algo de verdad tenía.

—Vale, haré que te creo. Pero recuerda, si te pasa algo sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad?—me mira preocupada.

—Claro— intento darle una de mis mejores sonrisas.

—Oliver, ¿tú qué opinas? ¿Debería creerla?— se miran entre ellos. Oliver no dice nada, parece algo distraído. ¿Estaría pensando en mí? No creo. Con la mirada que le había echado a Sarah se sobreentendía que no quería saber nada sobre el tema.

Después de unos largos e interminables minutos que me parecieron horas, por fin conseguimos llegar al aeropuerto. Una vez allí, nos dirigimos a la zona de recogida de pasajeros. Al rato de estar esperando, me doy cuenta de que Isaak estaba saliendo por la puerta C-3 . Sin decirles nada a Sarah y a Oliver corro hacia él y le abrazo. Cuando consiguen darse cuenta de lo que estaba haciendo, vienen y se acercan a saludar también.

Isaak no sabía que íbamos a ir a recogerle, era una sorpresa. Su madre me llamó para ver si podía hacerle el favor de ir a recogerlo y que no tuviera que coger un taxi, ya que ella y su marido se iban a quedar más tiempo. No pude decirle que no, adoro a la madre de Isaak. Cuando ya lo habíamos saludado todos, incluido Oliver, se nos queda mirando.

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