Mi Mayor Pecado

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Relato juvenil  ganador del IV Certamen Espejos de Agua

Mi mayor pecado

"Se llamaba Maximiliano, Maxi para los amigos, bueno, para los pocos que le quedaban. Sí, así es, sabía que a la mayoría los había perdido para siempre y que nunca se despertarían de su sueño infinito.

Tenía 5 años, sólo había estado en esta vida un lustro. Su sueño era ir a la escuela. Desde que tenía nada más que tres años se asomaba a mi ventana para verme estudiar, le emocionaba aprender más que jugar con un simple juguete.

Era como mi hermano pequeño, la primera vez que lo vi espiándome fui hacia él y le acerqué un libro, creo que era la materia de matemáticas de primero de primaria, él se asusto y se escondió detrás de un árbol.

-Tranquilo, es un libro-dije con una sonrisa

-Abuelito murió por un libro, al hombre con cosa grande y mala le gustaba. Mami dice que sólo está dormido pero yo sé que nunca se va a despertar-dijo empezando a llorar. Sin pensármelo dos veces, lo abracé y le pasé las manos por la espalda.

-Tú no vas a morir, ¿quieres aprender cosas?-dije separándome con una gran sonrisa, él asintió con las fuerzas que tenía.

Le cogí la mano y lo llevé a mi habitación. Todo el camino estaba feliz y contento, no como la última vez que lo vi caminando...

Durante dos años, le enseñé en verano todo lo que podía y él disfrutaba con cada cosa que le enseñaba. ¡Al final acababa sabiéndose cosas de tercero y todo! Él también me enseñó muchas cosas, vivía en un mundo ajeno, mi padre era el dueño de las tierras donde su familia trabajaba. Durante el curso, yo estaba en España, alejado de la violencia y los pocos derechos que tenían nuestros trabajadores y que luego descubrí gracias a Maxi, yendo a su humilde casa y observando las terribles condiciones en las que vivía.

Ese día, ese maldito día, era verano. La lluvia tropical inundaba nuestras tierras. Observaba el exterior de la ventana, con un día gris y el agua cayendo sin piedad y golpeando fuertemente la superficie como si en vez de gotas fuesen balas, balas demasiado vistas en esa tierra. Miré el reloj, Maxi llegaba tarde, media hora tarde. ¿Por qué tardaría tanto? Pensé que lo mejor sería que me dirigiera para su choza.

No me sorprendía que no hubiera venido, no se podía andar bien. Con el ceño fruncido y mi mano en la frente caminaba y aunque las gotas me lo impidieran, seguía andando para no fallar a Maxi.

Cuando creía que estaba en el infierno de agua, se confirmó. A lo lejos, diferencié un hombre que estaba saliendo de la calle con las manos en la cabeza, era el padre de Maxi, aumenté la velocidad para llegar hasta él, hundiendo mis pies en los charcos, con barro llegándome al rostro y gotas nublándome la vista pero entonces, paré en seco. Observé que estaba acompañado pero era de una compañía hostil, dos hombres armados le habían obligado a sentarse y sin dudarlo, una bala atravesó su cráneo quedando un cuerpo inerte en el suelo. Me arrodillé de la impresión. Era un gran hombre, siempre con una sonrisa y pensamiento positivo. Todas sus escenas de felicidad que había visto pasaron por mi mente tan rápidos como esa bala.

Me dí cuenta de algo, se dirigían a casa de Maxi, tenía que impedirlo.

Me levanté, corrí hacia su casa sin importarme la lluvia, sin importarme nada realmente, siendo indiferente hasta que llegara a mi meta. Corrí, corrí y corrí, mis piernas gritaban que parase pero yo les ordenaba:"¡Más rápido!" y al final, llegué a tiempo.

Atravesé la ventana de su habitación y los encontré escondidos, a su madre y a él horrorizados. La cara de Maxi me recordaba a la primera vez que lo vi con el rostro asustado por el final de su abuelo.

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